La ambición por el poder es el enemigo (4)

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Lauterio Vargas  

Llegado el momento de elegir al candidato presidencial para los comicios de 1986, el PRD celebró su convención a mediado de noviembre del año 1985.  

El grupo del presidente de la República, Salvador Jorge Blanco apoyó al entonces síndico del Distrito Nacional, José Francisco Peña Gómez, para enfrentar al senador por el Distrito Nacional, Jacobo Majluta.  

El empresario José Rafael Abinader fue el tercer aspirante a la candidatura presidencial, pero era un eterno postulante que nunca tuvo oportunidad ni posibilidad de ganar, porque, aunque tenía mucho dinero, no tenía carisma ni pegada o simpatía entre los perredeístas.  

Cuando se inició el conteo de los votos de la Séptima Convención del PRD, celebrada el 24 de noviembre de 1985, la “Tea” o el “Jacho encendido”, que exhibe en su logo ese partido, ardió con mayor intensidad y las llamas revolucionarias se extendieron hacia todos los rincones perredeístas.  

El escrutinio o conteo fue interrumpido de forma violenta, cuando un grupo de seguidores del presidente Jorge Blanco, encabezado por Rafael Vásquez (Fiquito) irrumpió, fuertemente armado, en el centro de cómputos que habían instalado en el Hotel Dominican Concord, hoy Dominican Fiesta.  

Ese hecho fue bautizado por la opinión pública con el nombre de “El Concordazo”. 

Además de la división interna y las enemistades, que nunca se reconciliaron, los hechos violentos dejaron un muerto y varios heridos de balas. 

Las diferencias entre las facciones de jacobianos y peñagomistas se prolongaron por varias semanas y ninguno de los grupos quería ceder, hasta que el presidente Salvador Jorge Blanco redactó un documento denominado “Pacto la Unión”, mediante el cual el síndico Peña Gómez aceptó la derrota, pero aseguró a sus seguidores y a los del anillo palaciego numerosas candidaturas para los puestos elegibles en el Congreso Nacional y en los ayuntamientos.  

A Peña Gómez se le ofertó la candidatura vicepresidencial, pero no la aceptó, porque lo suyo era la Presidencia de la República y no quería ser segundo de nadie. Esa candidatura vicepresidencial pudo haber sido la fórmula para unificar al PRD y lograr el triunfo en las elecciones de 1986.  

Aunque Jacobo Majluta obtuvo su candidatura presidencial, no contó con el apoyo del presidente Jorge Blanco ni con el de Peña Gómez. 

 El flamante candidato perredeísta minimizó esa situación y se sentía tan seguro de que ganaría las elecciones para la Presidencia de la República que hasta aceptó una exigencia del Partido Reformista Social Cristiano y su candidato Joaquín Balaguer, para anular los votos cuando un elector marcara al mismo candidato en más de una casilla, aunque fuesen partidos aliados.  

Creerse que ganaba sin el apoyo del Palacio Nacional ni el de Peña Gómez, fue el gran error de los perredeístas que seguían la tendencia de Jacobo Majluta.  

Era cierto que los perredeístas estaban en el poder y eso siempre ha sido una ventaja, en países con frágiles instituciones, pero también era cierto que estaban divididos en dos facciones irreconciliables y que el poder del Palacio Nacional no respaldaba a su candidato presidencial.  

Cuando se realizó el escrutinio de los votos de las elecciones del 16 de mayo de 1986, y aunque en los cómputos de la Junta Central Electoral (JCE), Jacobo Majluta superó al expresidente Joaquín Balaguer con más de 100 mil sufragios, cuando anularon las boletas marcadas en más de una casilla o recuadro, terminó con una desventaja de aproximadamente 43 mil votos.  

Hubo 28,545 sufragios observados y 84,210 votos nulos que nunca fueron revisados, pese a las exigencias del candidato del PRD.  

El tranque electoral fue tan grande que el presidente Salvador Jorge Blanco, para salir de la crisis, se vio precisado a nombrar una comisión de notables, encabezada por el entonces arzobispo de Santo Domingo, Nicolás de Jesús López Rodríguez, y completada por monseñor Agripino Núñez Collado; el empresario José Miguel Bonetti; el director del periódico Listín Diario, periodista Rafael Herrera; el banquero Alejandro Grullón; Nicolás Pichardo, Luis Taveras, Rafael Calventi y el historiador Frank Moya Pons, quien fungió de secretario.  

Esa comisión allanó el camino para una salida, pese a que Jacobo Majluta y su facción del PRD recusaron al presidente de la JCE, Caonabo Fernández Naranjo y al suplente del presidente, Rubén Suro.  

Durante el conflicto postelectoral, el país estuvo semiparalizado y desde el 16 de mayo todos los medios de comunicación electrónicos estuvieron bajo el control de La Voz de la JCE.  

Las informaciones que recibía la población eran a través de los diarios impresos  

Como parte de la solución a la crisis, los miembros de la JCE, que habían sido recusados, recibieron el respaldo del presidente Jorge Blanco y se reintegraron a sus labores.  

A mediados de junio, Jacobo Majluta se dejó torcer el brazo, cedió ante los reclamos de sacar al país de la crisis y aceptó la derrota, lo cual permitió que Joaquín Balaguer nuevamente asumiera el poder del Estado, con el ingeniero Carlos Morales Troncoso como vicepresidente. 

El fantasma de la traición quedó rondando en el Palacio Nacional durante las semanas del proceso de transición que se acortó por la crisis post electoral.  

La base del PRD decía que el presidente Salvador Jorge Blanco había traicionado a Jacobo Majluta y prefirió que Joaquín Balaguer volviera al poder.  

La traición es un sentimiento que se anida en los corazones de los hombres y solo es comprobable con los hechos, aunque el autor no lo reconozca públicamente. La traición es un acto de mala fe, una puñalada por la espalda y aunque se puede intuir, no se puede adivinar o predecir.  

Con traición o sin traición, lo único cierto es que los perredeístas quedaron divididos, derrotados y fuera del poder, lo cual abrió el camino para que el balaguerismo, pese a su violento historial represivo del período de los 12 años, se expandiera nuevamente y se robusteciera en el gobierno.  

Lauterio Vargas 

Periodista y abogado, experto en Opinión Pública y manejo de crisis institucional

 

Lauterio Vargas
Lauterio Vargas
Periodista y abogado, experto en opinión y manejo de crisis institucional.
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