Estado, Pymes y desarrollo agroindustrial

Por César Aybar

La pequeña y mediana empresa es un sector vital para la economía dominicana. Sin un sector pyme fuerte y en permanente desarrollo, el objetivo de pasar de un país en vía de desarrollo a un país desarrollado, es, simplemente, una quimera.

Del mismo modo, es imposible sacar a la gran mayoría de los ciudadanos dominicanos del nivel de pobreza, y del nivel de pobreza extrema en que se encuentran, sin una política de fortalecimiento, empuje y crecimiento sostenido de la pequeña y mediana empresa.

Si nos enfocamos en tener una economía sana, dinámica y en crecimiento, con un sector pyme deprimido, el esfuerzo será en vano, ya que uno de los factores que genera dinamismo en la economía es el consumo interno de los ciudadanos, y el sector pyme es fundamental en eso.

Todo esto que planteo se basa en los números sobre el sector, publicados por el Viceministerio de Fomento a las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), en fecha 29 de junio del año 2019, en la que se afirma:

“…En la República Dominicana (…) las mipymes constituyen el 98% del tejido empresarial, con una participación en el PIB de un 38.6% y con una generación de más de 2, 500,000 empleos. Más del 60% del empleo formal de la región depende de estas empresas. En particular, 1 de cada 3 puestos de trabajo se encuentra en una pyme”.

Por otra parte, en el periódico dominicano Acento.com, en un artículo publicado por Xiomara Santana (economista), el 29 de septiembre del año 2018, se afirma que en República Dominicana existen 1.4 millones de mipymes, lo que equivale al 54% de la población ocupada en el mercado de trabajo.

Indica, además, que este sector aporta un significativo 38.6% del producto interno bruto, del cual un 21.70% pertenece al sector agropecuario. Con estos números queda claro la gran importancia que tiene el sector de pequeñas y medianas empresas en la economía dominicana.

Y dentro de ese sector, sin lugar a duda, las empresas agropecuarias, incluyendo las que procesan los productos del campo dominicano, ya que del 38.6% del PIB que aportan el conjunto de las pymes, las agropecuarias tienen un significativo 21,7%.

Ahora nos podemos preguntar ¿cómo puede el Estado dar un apoyo decisivo a este sector, impulsando su dinamismo y crecimiento? ¿Qué acciones concretas se pueden llevar a cabo, además de las políticas ya existentes de promoción a las pymes?

Todo el mundo sabe, o por lo menos, intuye que el Estado en cualquier país del mundo, es el mayor consumidor de bienes y servicios como persona jurídica. Esa es una condición que le da al mismo muchas posibilidades de accionar en favor de ese sector, sin afectar el libre mercado.

Y en lo que respecta a la agropecuaria y la agroindustria, solo con determinar de manera decidida que lo que consuma el Estado en esa materia sea de origen nacional, y creando las condiciones para que eso se suceda, se logra un extraordinario impacto muy positivo en el sector pymes.

Consumo de producción nacional en escuelas

Después de muchos años de discusiones, publicaciones, argumentaciones y concientización llevadas a cabo por personas y sectores conscientes de la necesidad de que el Estado promueva y consuma la producción nacional, se logró un pequeño avance.

Y el logro consistió en que el Instituto de Nacional de Bienestar Estudiantil (INABIE) empezó tímidamente a solicitar que los suplidores de la alimentación escolar utilicen los productos del campo dominicano (leche, frutas, vegetales y otros) en la elaboración del desayuno y la merienda que se entregan en las escuelas dominicanas.

De acuerdo con informaciones recibidas, la actual gestión de Gobierno del presidente Luis Abinader quiere lograr que el cien por ciento de lo que el Estado entregue a las escuelas en materia de alimentos, sea de producción nacional, con lo cual me solidarizo y apoyo.

Por poner un ejemplo real y práctico de lo que esa medida puede llegar a impactar la economía dominicana, la generación de empleos, el desarrollo del campo y el crecimiento de la agroindustria en general, presentaremos algunos números de seis meses de actividad empresarial de una mediana agroindustria que le vende pulpas a los procesadores que suplen jugos y néctares al INABIE:

Duplica empleo directo

Después de la pandemia, en el periodo en que empezaron las clases presenciales, en seis meses de operaciones, esa mediana industria pasó de tener 40 empleos directos, a tener 80 empleos directos, duplicando la empleomanía.

Por otro lado, en esos mismos seis meses de operación, compró en todas las regiones del país 473,661.70 kilogramos de frutas, entre las que se encuentran: chinola, piña, mango, cerezas, fresa, naranjas, guineo y pitahaya.

Esa cantidad de frutas compradas en los campos dominicanos significó una inversión de veinte y tres millones novecientos sesenta y ocho mil setecientos dos con 78/100 pesos dominicanos (RD $23, 968, 702. 78), dinero que ingresó a los campesinos de diferentes regiones del país.

Eso es sabiendo que todas las pulpas que se utilizan en la elaboración de esos productos no son todavía de producción nacional, de producción nacional actualmente es una tímida parte. Si el presidente Abinader logra que sea todo dominicano, se generaría una gran transformación en el campo.

Todo esto sería maravilloso, si los administradores del Estado tuvieran conciencia de cómo funciona un proceso productivo en toda la cadena que lo conforma. Es un gran sacrificio producir y generar riquezas, sacrificio que va desde el productor agrícola hasta el procesador.

Desde el punto de vista comercial, todo inicia cuando el procesador le compra al productor, o le contrata la producción agrícola al productor (si no hay intermediario), este procesador transforma la fruta en pulpa, y vende la pulpa a la industria que producirá el jugo o el néctar que se sirve en la escuela.

En toda esta cadena, se compra y se vende utilizando el mecanismo del crédito, exceptuando cuando el procesador de pulpas compra las frutas en el campo, en ese punto, la transacción debe de ser por adelantado o al contado.

Pago no más de treinta días

En los otros puntos de la cadena, la transacción se hace a crédito, cuyo tiempo normal debe de ser treinta días. Cuando el receptor final del producto toma más de treinta días, ahí comienzan los problemas. En este caso el receptor final del producto es el Estado (el INABIE) que actualmente se está tomando más de cinco meses para realizar los pagos.

Ahí comienza el proceso de descapitalización de las pymes que están dando el servicio al estado mediante la cadena mencionada. Ahí también comienza el endeudamiento descontrolado de las mismas para poder cumplir con los costos fijos de la operación y con los suplidores. Es el inicio de su descalabro financiero y su posterior caída.

Si a eso se le suma la rigurosidad del sistema impositivo, que, en su labor legítima de recaudar los dineros que después servirán al Estado para poder sostener sus gastos e inversiones, ejercen una fuerte presión y terribles castigos financieros a quienes no paguen a tiempo, el asunto es más que penoso.

1.8 millones de Itbis ¿quién aguanta?

Esta unidad productiva de la que hablamos y hemos puesto de ejemplo, ha generado en los seis meses de operaciones tomados para este artículo, entre 1.3 y 1,8 millones de pesos mensuales en itbis.

El día 20 de cada mes vence el plazo para pagar los itbis, si no se paga ese día, 24 horas después se le suma un recargo de un 10%. Imagínese que tenga que pagar 1.8 millones de itbis, a las 24 horas aumenta en 180,000.00 pesos, y después un 5% mensual, si no se paga en dicho plazo.

Entonces, si el Estado no paga puntualmente, sino que se tarda hasta más de 5 meses para pagar, ¿Cómo puede la pyme cumplir con sus obligaciones impositivas a tiempo? ¿De dónde piensa el Estado que una pyme puede sacar dinero para honrar sus obligaciones, si no recibe los pagos a tiempo por los bienes y servicios que le vende?

Si esta gestión de gobierno del presidente Abinader se sensibiliza y resuelve esa dicotomía, además de hacer realidad su deseo de que las compras del Estado prioricen los productos nacionales, sin lugar a dudas, se casará con la gloria.

¿Dejará el presidente Abinader pasar esta oportunidad?

*El autor es investigador y asesor empresarial 

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