Por Federico Pinales
Explotando y manipulando los sentimientos patrióticos de los pobres, los dueños de las grandes corporaciones, a través de políticos títeres, con el apoyo de medios masivos de comunicación servirles e irresponsables, les hacen creer a los ciudadanos que enrolarse en las fuerzas armadas es una cuestión de honor y deber ciudadano.
Por esas falsas creencias y por la necesidad de un empleo digno, la mayoría de los pobres ingresan a las filas de los organismos represivos y de seguridad de los estados, bajo el convencimiento de que, además de resolver un problema económico de subsistencia van a proteger a seres humanos y a los intereses genuinos de sus patrias.
Nunca imaginando que van a arriesgar sus vidas para defender los intereses de corporaciones propiedad de unos ricos inescrupulosos, insaciables y sádicos, cuyos hijos rara vez van a los frentes de batallas, porque cuando algunos se deciden a enrolarse en las filas castrenses, lo hacen desde posiciones de mando menos riesgosas.
Lo irónico y cínico de todo es que los políticos y empresarios más beneficiados de las guerras, han sido, ellos y sus hijos, los más evasivos de los servicios militares, por razones elementales de seguridad personal.
El mejor ejemplo son el presidente de Los Estados Unidos Donald Trump y todos sus descendientes, quienes nunca han pisado la puerta de un cuartel en calidad de soldados.
Lo triste, doloroso e indignante es ver cómo ese señor nunca lo piensa dos veces para enviar a los hijos de otros al matadero de seres humanos inocentes y muchos de ellos indefensos, solo por placer y por el deseo descarado de apoderarse alegremente de lo ajeno, abusando arrogantemente de sus poderes políticos, económicos, militares y mediáticos, a nivel local y global.
Esos poderes son usados, abusiva y criminalmente, para desacreditar, perseguir y aniquilar a quienes empuñan las armas espontánea y voluntariamente, motivados por sentimientos verdaderamente patrióticos, en venganza o en defensa propia, no por la imposición de un dictador, ni por los incentivos económicos de una corporación estatal o privada de mercenarios al servicio del mal, disfrazados de “salvadores del mundo”, cuando en realidad son soberanos atracadores a mano armada, saqueadores y destructores de la humanidad.




