Moun ki ganyen se li ki pran plezi» (El que gana es el que goza)

Por Alfonso Tejeda

Inaudible la alerta que debió registrarse en los celulares conectados en el país el domingo 27 de septiembre, cuando a las 5:49 de la tarde se sintió un temblor de tierra de magnitud de 5.2 grados, con epicentro a unos 8 kilómetros al sureste del municipio de Ramón Santana, San Pedro de Macorís. Estalló en estruendosos decibeles la noche del primero de octubre, cuando en el estadio Olímpico Félix Sánchez ocurrió el mayor terremoto en la escala de Richter, con una intensidad y magnitud tan devastadora que puso “patas hacia arriba” a la República Dominicana:

La Policía, que afanaba febril y “respirándole en la nuca” a los 59 mil delincuentes que persigue, debió abandonar esa misión para alojar en las cárceles a los iracundos revoltosos que pudieron apresar, después que hicieron tierra rasa de todo lo encontrado a su paso; los organismos de socorro asistieron las víctimas de tan destructiva tragedia, que trasladaron a hospitales y centros de salud, que por la calidad, equipos y medicamentos disponibles lograron salvar miles de los heridos y contusionados.

Esa noche del primero de octubre en el estadio Olímpico se jugaba, auspiciado por la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (Concacaf), un partido decisivo entre los equipos de República Dominicana y Haití para definir la representación al mundial de fútbol de 2027, que ganó 4 goles por 1 la selección del país vecino, desatando la euforia y gozo de los ganadores y sus fanáticos -mayoría en la plaza-, que llevaron a un emocionado Wilson Isidor, autor de dos goles, a proclamar “La Hispaniola es Haití” (verdad de Perogrullo, pues comparte con Dominicana la isla una vez llamada así) y “Haití está aquí” (señalándose la franela), expresiones que desataron la fuerza telúrica que provocó tan desastroso tsunami.

Olvidando (¿?) que quien gana es el que goza, la reacción al entusiasmo de Isidor (un joven nacido y criado en Francia, sin registro de participación política ni militante de la disputa cultural y política entre Haití y RD), motivada por los prejuicios y sesgos anti haitianos en el país, fue tan estrepitosa y desafiante, que el ministro de Deportes y el propio presidente de la República rompieron “los frenos inhibitorios” -esos que tantos aludía Peña Gómez-, institucionales con su precipitada y nerviosa respuesta: la de prohibir a la selección haitiana de Fútbol jugar en territorio dominicano, sin esperar una evaluación del organismo regulador de esa disciplina.

Porque trasladaron al campo político ( “defender la soberanía nacional”) la respuesta a una emoción propia del deporte, reacción lamentable por el giro que le impregnaron, que, más que condena, se revirtió en un recordatorio al Gobierno por su participación en el “Escudo de las Américas” -la alianza de países latinoamericanos que apoya la política de Donald Trump- , la cual autorizó el uso de dos aeropuertos nacionales para labores militares estadounidenses, y que también dispuso del suelo dominicano para recibir a extranjeros originarios de terceros países, pero deportados desde Estados Unidos, del que ya vino un grupo, del que nada se sabe, lo mismo sobre las condiciones del acuerdo para recibirlos.

Para algunos, el tumulto a la entrada del estadio que provocó la rotura de dos puertas, y la asistencia récord al juego, con haitianos en mayoría, apunta a “una preparación con fines inconfesables”, esos desconocen ciertos elementos: ese partido era decisivo para lograr el pase al mundial del 2027, por lo que es probable que vinieran turistas al país (que aparecerán reburujados en las cifras mensuales que anuncia el ministerio de Turismo), comprobable, porque la Dirección de Migración estuvo ausente del escenario con “ Las Camionas”, oportunidad perdida de aumentar sus cifras de apresados para deportar hacia Haití, que es una de las rentables políticas oficiales, y la actitud de un grupo de fanáticos haitianos que limpiaron las gradas después del juego, acción extraña a la cultura nativa, esa que comparten dominicanos y haitianos, y, además, que lo más importante del juego es que “quien gana es el que goza”.

 

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