Por Rafael Céspedes Morillo
Sin duda alguna, el PRM es hoy el partido mayoritario en el país, aunque es difícil definir hasta cuándo. Tampoco tengo duda de que dejará de serlo si pierde el poder en 2028, y esa es una posibilidad.
En mi análisis de los partidos, considero que la matrícula real del PRM debe estar por el orden del 27 % al 30 %, lo que significa que necesita casi duplicar su matrícula para lograr mantener el poder más allá del mandato de Abinader. Y parece que será teniendo como candidato a David Collado o Carolina Mejía.
Estos dos, porque no les vemos ninguna posibilidad a los demás, algunos de los cuales harán alianza con uno de los dos referidos. Pero uno, en particular, se mantendrá, por orgullo y temperamento, prácticamente hasta el final. Me refiero, en este caso, a Guido Gómez Mazara, un alto dirigente que no ha logrado ser un gran líder y que no muestra señales de haber entendido eso, por lo que sigue actuando igual, pareciendo decir: “Prefiero perderte porque no me hará cambiar”.
Así que podemos concentrarnos en ver los dos nombres que lucen como las opciones que pudieran ser.
David Collado es quien aparenta encabezar, por lo menos eso es lo que se percibe en el ambiente político. Es quien tiene la más alta proyección en ese sentido.
Lo atacan porque no saluda, porque no devuelve llamadas, porque no le gusta rodearse de los de abajo. Dicen que es elitista. Por otro lado, dicen que crece sin decir nada, sin salir a las calles.
En esta dirección, la opinión está dividida. Unos dicen que, cuando él salga, se convertirá en un fenómeno; otros dicen que, cuando salga, bajará a millón, porque no sabe hablar, tiene mala oratoria, no tiene temas y no promete nada.
Por nuestra parte, vemos una serie de fallas en este personaje que se hacen visibles a unos ojos que manejan esos temas. Creo estar dentro de esos. Veo un lenguaje corporal muy malo.
Veo acciones rudimentarias, como un video donde él saluda hasta a los que no están allí. Pero el blanco de público que se ve allí es su blanco de público. Las colocaciones de las personas están dispuestas para que a él le sea fácil hacerlo, pero no mira a las caras de las personas.
Es como si a él le diera miedo, asco o vergüenza saludar a las personas. Está sonriendo, pero de modo muy forzado, y eso el ser humano, consciente o no, lo capta y tomará su decisión.
Es como decir que sí verbalmente, pero no con el cuerpo.
David pudiera ganar a lo interno de su partido, pero cuando le toque salir a las calles, se le complicarán las cosas y le será difícil ganar afuera.
En conclusión, lo vemos como un candidato derrotable. Cuando le toque salir de su mundo y tenga que enfrentar al amplio mundo, las cosas se le complicarán.
¿Es eso irreversible? No, se puede resolver. Pero, si no resuelve eso, al subir la cuesta, resbala y se cae, o se queda a mitad del camino.
Carolina Mejía es simpatía, pero creo que no se ha trasladado al campo realmente político y sus acciones parecen más de carácter social que político.
Otra cosa que vemos es el manejo de su imagen. Luce que quieren sacarla de su naturaleza femenina. La visten con ropa más masculina que femenina; los colores, demasiado blanco, compiten con ella misma.
Si esa es la imagen que quieren vender, están equivocados. A ella la pueden querer por ser una MUJER agradable y capaz, no porque parezca un hombre.
El 50 % de los votantes en este país son mujeres. Ella debería avanzar hacia lo femenino, no alejarse de allí, porque hacer eso la aleja de su real y verdadera naturaleza.
En resumen, en el PRM los dos posibles candidatos tienen, cada uno en diferentes áreas, cosas que resolver. Pero, en definitiva, las dificultades en la proyección y en su accionar les traerán problemas en el mañana, lo que les hará difícil, aunque no imposible, lograr una victoria electoral.
En el próximo, vamos con los otros de otras parcelas políticas.




