Caliés del tránsito Vigilancia ciudadana automatizada para fiscalizar las violaciones de tránsito

Por Omar Santana

  • Imaginemos que mañana el Congreso aprueba la Ley del Calié del Tránsito y que, de repente, cualquier ciudadano puede ganarse la vida fiscalizando las barbaridades que ocurren diariamente en nuestras calles.

Basta pararse en cualquier esquina y observar a un agente de la Digesett debajo de una mata, mientras, frente a él, uno se va con la luz del semáforo en rojo, otro dobla donde no debe y un motorista circula en vía contraria. Eso se ve hasta frente al Palacio Nacional y nadie hace pagar el irrespeto.

Cambiemos el modelo, pues. La ley Calié permitirá que usted instale una cámara en su vehículo y continúe normalmente con su vida. Al final del día revisa la grabación. Cada infracción en la que aparezcan claramente la falta, la placa, el lugar y la hora puede convertirse en una denuncia electrónica. El que no haya hecho el traspaso de un vehículo: problema suyo.

Un sistema automatizado y sin intermediarios que extorsionen o que actúen con desidia, revisa el audiovisual. Y de confirmar la violación, coloca la multa e informa al calié de que el chivateo fue ejecutado con éxito, como cualquier transacción de una empresa privada eficiente.

Por su trabajo, el calié recibe el 40% de todo lo que finalmente se cobre. Pero para que esto funcione de verdad habría que darle capacidad de que ejecute como cobrador compulsivo anónimo, dentro de los mecanismos legales, y que pueda coaccionar a una persona para que asista a la corte de tránsito o a pagar por vía administrativa su falta; exigir electrónicamente que se active el cobro y seguir la multa hasta que aparezca como pagada y cobre su dinero.

Un sistema orwelliano trabajando para mejorar el tránsito.

Incluso, podríamos permitir que el calié venda o ceda su derecho económico a una empresa especializada. Imagínese: usted tiene un millón de pesos acumulados en participaciones de multas pendientes; la empresa le paga una parte inmediatamente y se queda con el derecho de perseguir legalmente esos cobros.

Hemos creado una nueva industria de caliés del tránsito.  Personas comprando mejores cámaras con resolución 4K y 8K para ver bien esas placas, recorriendo avenidas y circulando por las rutas donde históricamente se cometen más infracciones. Por otra parte, el que no quiere ser multado, viajando de pianito.

La intención tendría que ser precisamente esa: hacer tan rentable fiscalizar el tránsito que cualquiera pueda vivir de ser calié. Quizás entonces ocurra el milagro y se arregla el tránsito o cada quien se gana nuevos enemigos. (Tomado de Diario Libre).

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