Por Osvaldo Santana
Mientras gobernaba en Estados Unidos Joe Biden, la identidad “socialista y democrática” del Partido Revolucionario Moderno (PRM) no generaba conflicto en la línea de adhesión del gobierno dominicano a las políticas norteamericanas.
Con el triunfo de Donald Trump, la alineación del gobierno de Luis Abinader a sus directrices debió evolucionar más directamente hacia el conservadurismo, lo que fortaleció sus vínculos con la nueva administración norteamericana.
En esa dirección, la colaboración se acrecentó en todos los planos, tanto, que en la operación para la captura del presidente de Venezuela Nicolás Maduro, el apoyo logístico del gobierno dominicano fue clave. Los aeropuertos de Las Américas y de la basa aérea de San Isidro quedaron al servicio de los soldados y las aeronaves norteamericanas.
En materia de política exterior, igual los pasos en obediencia absoluta a Estados Unidos se incrementaron aceleradamente.
Dentro de su propósito de afirmación y afianzamiento en el poder, el PRM debió engavetar los preceptos establecidos en sus estatutos para actuar en consonancia con la corriente predominante.
Y es que según el artículo 2 de su norma fundacional, “el PRM es una organización política orientada en el socialismo democrático, que funciona conforme a la Constitución de la República, las leyes que la rigen y los presentes Estatutos”.
El artículo 4 de esos estatutos establece que el PRM “se inspira en el ideario de los Padres Fundadores de la República y en el pensamiento político del Dr. José Francisco Peña Gómez”.
Atrás quedaron esos principios y las ideas “socialistas y democráticas” que cimentaron el crecimiento del PRM y la posterior captura del poder.
Por eso, pese a que el presidente Abinader venía obedeciendo todas las directrices norteamericanas, especialmente frente a los gobiernos de Venezuela y Nicaragua, y concurriendo en los términos deseados a las citas y reuniones patrocinadas por Estados Unidos, como la más reciente reunión, el 7 de marzo, la cumbre en Miami, convocada por Trump para impulsar el “Escudo de las Américas”, con la participación exclusiva de presidentes de derecha, de repente uno de sus ministros aparece en Barcelona, España, en la IV Cumbre en Defensa de la Democracia, el 18 de abril.
Podría considerarse un desliz o una incoherencia dada la alineación a las políticas de Trump y Estados Unidos, en particular, al sentido de la “real política” en la que se sustenta la alianza total, claramente desmarcada de los “ejes del mal”, uno de ellos, China, de la cual Abinader se desmarcó desde su juramentación y posteriormente durante el segundo mandato.
¿Se irritó Estados Unidos?
Por la reacción de la embajadora norteamericana en el país Leah Campos, ante la asistencia del ministro de Justicia Antoliano Peralta Romero a la IV Reunión en Defensa de la Democracia, es clara la irritación del imperio por el “atrevimiento” del presidente Abinader de enviar a uno de sus ministros a un cónclave que para muchos constituyó un foro contra las políticas de Trump a nivel global.
A su regreso, Peralta Romero dijo que al gobierno fue invitado a “un encuentro internacional de apoyo a la democracia” y a “exponer unas breves palabas en torno a la lucha contra la desinformación digital, perturbadora realidad nacional e internacional, y reto que la República Dominicana y el resto del mundo deben asumir con responsabilidad”.
Entonces se conoció una declaración de la embajadora Campos en Instagram, en la que dice: Cuando la izquierda global pronuncia las palabras “cuidado con la desinformación”, está abogando por la censura, simple y llanamente…” y luego posteó: “Pero porque eres tibio, y no eres ni frío ni caliente, te voy a vomitar de mi boca”, Apocalipsis 3:16.
Se salió del carril
El mensaje de Estados Unidos es claro: te has salido del carril. Y es fácil deducir que el gobierno de ese país reclama adhesión total y genuflexa al conservadurismo trumpista.
Después de todo, Peralta Romero no acudió a la cumbre a título personal. Así habló en su presentación: “Soy Antoliano Peralta Romero, ministro de Justicia de la República Dominicana, y vengo en representación del señor presidente Luis Abinader a esta actividad en apoyo de la democracia global”.
La cumbre
El encuentro de Barcelona reunió a más de 3,000 participantes de unos 40 países y cerca de 20 jefes de Estado o de Gobierno. Entre los principales mandatarios presentes figuraron Brasil, España, México, Colombia, Uruguay y Sudáfrica, además del presidente del Consejo Europeo en representación de la Unión Europea. La cumbre es la cuarta edición de este foro impulsado en 2024 por Brasil y España.
El encuentro se celebró en paralelo con el Global Progressive Mobilisation (GPM), una reunión de fuerzas y movimientos de izquierda que concluía el sábado en Barcelona.
La clausura de ese acto -donde participó el gobernador de Minnesota Tim Walz y se proyectaron videos del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani- corrió a cargo de Sánchez y Lula, quien volvió a pedir reformas de Naciones Unidas.
Para algunos, fue un cónclave contra las políticas de Trump, pero varios de los más destacados concurrentes, como los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; de Uruguay Yamandú Orsi; de Colombia Gustavo Petro, de España Pedro Sánchez; de Sudáfrica Cyril Ramaphosa y de México Claudia Sheinbaum, se empeñaron en precisar que no se trata de un montaje contra Trump, sino de la defensa de la democracia a nivel global.











