Por Benjamín Darío Escarramán
(DARIO CORDERO)
Durante siglos se nos han ofrecido respuestas sobre Adán y Eva. En este artículo propongo hacer algo diferente: volver al relato y formular las preguntas que nacen de su propia secuencia. No se trata de negar por anticipado una creencia, sino de distinguir entre lo que Génesis efectivamente dice y las explicaciones que generaciones posteriores han colocado alrededor del texto.
¿Cómo supieron que estaban desnudos?
Génesis 2:25 dice que Adán y Eva estaban desnudos y no se avergonzaban. Génesis 3:7 afirma que, después de comer del árbol, sus ojos fueron abiertos y conocieron que estaban desnudos.
Mi primera pregunta es elemental: si nunca habían visto a una persona vestida, ¿con qué podían comparar su estado para «descubrir» que estaban desnudos? Ellos ya estaban desnudos antes. Su cuerpo no había cambiado. ¿Qué fue exactamente lo que descubrieron?
Decir que la desnudez representaba inocencia puede ser una interpretación. Pero el autor de Génesis no lo explica de esa manera. Si queremos ser rigurosos, debemos separar la explicación posterior de lo que está escrito.
¿Cómo supieron que debían cubrirse?
El relato continúa diciendo que cosieron o unieron hojas de higuera y se hicieron coberturas.
Surge entonces otra pregunta: ¿cómo llegaron a la conclusión de que estar desnudos requería cubrirse?
Hasta ese momento no se había establecido una prohibición contra la desnudez. Tampoco se había presentado ropa humana como modelo. ¿Por qué la primera reacción al nuevo conocimiento fue precisamente fabricar una cobertura? Génesis cuenta que ocurrió, pero no explica por qué.
¿Cómo sabían unir hojas y fabricar una prenda?
La pregunta va más lejos. No solo decidieron cubrirse: supieron hacerlo. ¿De dónde obtuvieron el conocimiento práctico necesario para unir hojas y convertirlas en una cobertura?
El relato no menciona aprendizaje de costura, herramientas, fabricación de prendas ni experiencia anterior semejante. Podemos suponer que poseían determinadas capacidades desde su creación, pero eso sería una explicación nuestra. El pasaje no la ofrece.
¿Por qué estar desnudo produjo miedo?
En Génesis 3:10 Adán dice que oyó la voz de Dios, tuvo miedo porque estaba desnudo y se escondió. Aquí aparece una asociación sorprendente: desnudez, miedo y ocultamiento.
¿Por qué debía tener miedo de estar desnudo delante del mismo ser que, según el relato, lo había creado desnudo? ¿Qué norma había violado su cuerpo? La prohibición que Génesis había expresado era no comer del árbol, no la de estar desnudo.
¿De dónde aprendieron a esconderse?
Después de escuchar a Dios, Adán y Eva se esconden entre los árboles. Es razonable admitir que una persona puede descubrir por sí misma que colocarse detrás de algo impide ser vista; no es necesario afirmar que otra persona tenga que enseñárselo.
Pero la pregunta permanece dentro de la lógica narrativa: ¿cuántos conocimientos y conductas da por supuestos el relato en personajes que, según una lectura literal, estaban comenzando la experiencia humana? Génesis no se detiene a explicarlo.
¿Miedo de ser vistos por quién?
La cuestión de la desnudez se vuelve aún más curiosa si preguntamos quién podía verla. Adán y Eva ya se habían visto mutuamente desnudos. Dios, según la propia narración, los había creado en esa condición.
Además, Génesis 3 presenta a Dios hablando, desplazándose por el jardín, interrogando a Adán y finalmente vistiéndolos. El pasaje no define allí si esa presencia debe entenderse como física, espiritual, simbólica o antropomórfica. Imponer una respuesta posterior como si estuviera escrita en esos versículos sería adelantarnos al texto.
¿Por qué Dios les hizo túnicas si ya estaban cubiertos?
Génesis 3:21 dice que Dios hizo túnicas de piel para Adán y Eva y los vistió. Pero ellos ya habían fabricado coberturas con hojas.
¿Por qué necesitaban una segunda vestimenta? ¿Las hojas eran insuficientes? ¿Las túnicas tenían otra finalidad? El texto no lo dice.
¿Dónde dice que Dios mató un cordero?
Esta pregunta es necesaria porque una explicación muy difundida sostiene que Dios mató un animal —frecuentemente se habla de un cordero— para obtener las pieles, estableciendo así un primer sacrificio relacionado con el pecado.
Pero Génesis 3:21 no identifica ningún animal, no describe su muerte, no menciona sangre, no utiliza allí la palabra sacrificio y no afirma que las túnicas fueran una expiación. Que una piel normalmente proceda de un animal permite una inferencia práctica; convertir esa inferencia en un sacrificio teológico requiere pasos que el versículo no relata.
¿Cubrirse de quién?
Esta es, para mí, una de las preguntas más directas de todo el episodio. Si Adán y Eva eran los únicos seres humanos existentes según una lectura literal de ese momento del relato, ¿de quién tenían que cubrirse?
¿De Dios, que los había creado desnudos? ¿El uno del otro, cuando habían vivido desnudos juntos sin avergonzarse? ¿De otras personas que todavía no han sido mencionadas?
El relato no responde.
Preguntar no es alterar el texto
Frente a estas preguntas se han desarrollado respuestas religiosas, teológicas, filosóficas y literarias: pérdida de la inocencia, conciencia moral, culpa, pecado, vergüenza, despertar sexual, sacrificio y expiación. Algunas tienen siglos de tradición y son importantes para millones de creyentes.
Pero antigüedad y popularidad no convierten una interpretación en una frase del texto. Si una explicación no aparece en Génesis, debe presentarse honestamente como interpretación.
La pregunta fundamental
Mi propósito no es sustituir una interpretación religiosa por otra explicación igualmente arbitraria. Es algo más sencillo: leer primero y explicar después.
Por eso propongo una regla: cuando el texto habla, atendamos a lo que dice; cuando guarda silencio, reconozcamos el silencio. No llenemos automáticamente ese espacio con una explicación posterior y luego afirmemos que «eso es lo que dice la Biblia»
¿QUÉ DICE REALMENTE EL GÉNESIS, Y CUÁNTO DE LO QUE CREEMOS QUE DICE PROCEDE DE EXPLICACIONES POSTERIORES?
Esa pregunta no destruye la investigación. La comienza.




