Luis Abinader en la carrera por la reelección

La administración del presidente Luis Abinader, empeñada en atenuar los impactos de la COVID-19 y la reciente confrontación entre Rusia y Ucrania, trata de sentar las bases para extender su presencia en el Palacio Nacional más allá del 16 de agosto de 2024. Hasta ahora, ha avanzado sin contratiempos, por un lado, sobre el caballo de la persecución de la corrupción, y sigue con las riendas tensas para encarar los problemas de siempre y los derivados de la crisis.
Favorece a Abinader el trato con manos de seda de la oposición y el beneplácito de los entes de poder y de los grupos de opinión que normalmente reciben a las nuevas autoridades bajo el paradigma del plazo de los 100 días, en su caso, ha sido más que extendido.
El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) aún continúa bajo el influjo de la separación de Leonel Fernández, y las persecuciones por cargos de corrupción contra los familiares del expresidente Medina y algunos funcionarios. Se habla de otros colaboradores del gobierno pasado que podrían ser encausados por la Procuraduría General de la República.
Pero el PLD trata de zafarse de esa circunstancia y recurre a un proceso de reestructuración que se sellaría con la reaparición de Medina, en silencio, y con “juramentaciones” de más de cien mil jóvenes miembros, con la vista puesta en el proceso de octubre.
El PLD es una marca importante. Gobernó durante 20 años, con luces y sombras. El gran cambio de la economía se produjo bajo su influjo, durante las administraciones de Leonel Fernández y Medina. Y aunque está alicaído, no resulta tan fácil destruir. Habría que ver qué tan significativa es su capacidad efectiva de convocatoria en esta coyuntura.
Esa fuerza tiene pendiente la escogencia de un candidato en octubre de este año. La definición de una candidatura temprana en el PLD y lo que ocurra durante esa “consulta”, impactará a lo interno, y a la Fuerza del Pueblo, empeñada en ganar adhesiones entre sus antiguos compañeros morados.
La Fuerza del Pueblo está en crecimiento. Si se mide a partir de los resultados electorales, habría que suponer que ronda por encima de un 5% de aprobación popular. Su mayor valor es Leonel Fernández, su presidente, que sigue proyectándose como el principal contendor del presidente Abinader. Según versiones, las encuestas lo sitúan con una mejoría en su posicionamiento.
Sin embargo, en el primer año del gobierno Fernández adoptó un comportamiento moderado, quizás en atención al ánimo social condenatorio de la corrupción pasada, centrada en la administración de Medina. No debe olvidarse que pactó una alianza con el PRM en las elecciones pasadas. Suele aparecer en las encuestas con una tasa de rechazo asociada a su paso por el poder. Los casos de corrupción acompañaron a algunos de sus funcionarios.
Sin embargo, a Fernández se le reconoce como un pensador, buen expositor con experiencia de Estado, amplias relaciones internacionales. Evita las fricciones sistemáticas y tolera a sus antiguos colaboradores.
Guillermo Moreno, visto en algún momento como esperanza alternativa a los partidos tradicionales, ha sido subsumido por las visiones que privilegian al enemigo principal, excesivamente condescendiente ante aliados coyunturales. Aunque desarrolla su agenda, en cada proceso electoral sucumbe a “la necesidad” de derrumbar al gobernante de turno, con ganancias políticas pírricas, en un ejercicio que resulta más conveniente para el aliado principal, lo que congela sus oportunidades como opción negadora de los partidos dominantes.
Alianza País, su partido, no logra que las concepciones progresistas arraiguen lo suficiente en la población. Encara todavía la tarea de construir una estructura orgánica nacional.


Sin dificultades
Sin impedimento constitucional para optar por la reelección, Abinader trilla el camino sin muchas dificultades, hasta ahora. Con una aprobación de más de un 50%, según versiones verbales de supuestas encuestas, el mandatario navega tranquilo y pese a la crisis, la oposición no representa todavía una amenaza.
Su PRM eliminó el factor estatutario que prohibía la reelección a un presidente de sus filas. Perdió sentido, al margen de que una norma de un partido no puede estar por encima de la norma constitucional.
Abinader cuenta con un partido en mejores condiciones que en 2020, cuando ganó la presidencia de la República. Su poderoso contendiente interno adelantó su apoyo a la reelección y lo único que reclama es una mayor cuota de poder de la que ya disfruta.
La oposición interna activa, si bien endurece un discurso crítico, no tiene posibilidades de jugar un papel trascendente que dificulte sus propósitos reeleccionistas. Puede causar ruidos, pero no tiene capacidad para obstruir.
Lo que se ve es un crecimiento del PRM. Desde el poder ha ampliado su base de apoyo orgánico, también recurre al “convencimiento” de alcaldes de otros partidos para arrastrar algunas de sus estructuras, mediante ofrecimiento de recursos del poder para sus gestiones.
También ha ampliado su base social. La incorporación de cientos de miles de personas a programas de beneficencia social es un mecanismo de captación de votos. El propio presidente Abinader impulsa los programas asistenciales bajo el argumento de “cambiar” las condiciones de vida de la gente. Sin embargo, el escándalo por la estafa en el programa Supérate, se convirtió en un valor negativo para un plan concebido para ganar simpatías.

Continúa el maratón
Aún así, el presidente no cesa en sus “maratónicas jornadas de trabajo”, como las denomina su oficina de prensa, en los días laborales o durante el fin de semana, como ocurrió durante los días 10 y 11 de abril en Santo Domingo Norte y Santo Domingo Este, donde anunció programas de asfaltados de calles y construcción de aceras por RD$560 millones; financiamiento a Mipymes por RD$92 millones; supervisión o apertura de mercados de INESPRE y entrega de tarjetas a pobres.
Solo en ese fin de semana visitó un mercado de INESPRE, en Los Mina; inició los trabajos de reconstrucción de los escalones de la margen oriental (sic) del río Ozama, en El Dique; abrió una feria tecnológica en Villa Duarte; encabezó una jornada de “inclusión social” del programa Primero Tú, de la dirección general de Proyectos Estratégicos Especiales, en La Fuente, Los Tres Brazos; visitó un comedor económico en Los Mina; entregó préstamos bajo la sombrilla del Consejo Nacional de Promoción y Apoyo a la Micro, Pequeña y Media Empresa en el ayuntamiento de Santo Domingo Este; almorzó con “Jóvenes Emprendedores”, en el club El Brisal de Santo Domingo Este; en Invivienda empezó un Plan de Asfaltado, luego estuvo en un acto de Senasa; inauguró un estadio de softball en el ensanche Isabelita; luego dio tarjetas Supérate en el club deportivo Puerca Brava, en Los Mameyes; y entregó viviendas reparadas en El Caliche, de Villa Duarte, todo eso el sábado 9 de abril.
Al otro día, el domingo 10 de abril, Abinader visitó el mercado de INESPRE; dio el primer picazo para la construcción de un cuartel de la Policía; en Sabana Perdida, Santo Domingo Norte; en ese mismo sector celebró un encuentro con el “sector agropecuario” y entregó tarjetas Supérate; tuvo un encuentro con mujeres y supervisó el programa Primero Tú; en La Barquita se reunió con Jóvenes Emprendedores; en Villa Mella se reunió con una comisión Pro-UASD e inició un plan de Asfaltado en Santo Domingo Norte. Algo parecido replicó el fin de semana siguiente durante el 23 y 24 de abril en Los Alcarrizos y sus alrededores.

Frenética promoción

Se trata de una frenética promoción de su gobierno desde la juramentación en el 2020, con una clara intención de ganar adhesiones para su propósito de continuar en el poder en 2024.
El incremento de la tarifa eléctrica y los altos precios de los alimentos, la persistente amenaza de la inseguridad y la violencia vecinal, incrementada a veces por la Policía, siguen irritando a la población.
Mientras, llama la atención la cesación del discurso oficialista en lo relativo a la creación de empleos como respuesta a la crisis.

Pese a la alta favorabilidad…
Si bien Abinader sigue con alta favorabilidad, sin importar lo que haga, estará sometido a la calidad del desempeño de gestión, y con ella, a la eficacia de su equipo, y a un imponderable que nadie puede controlar, el factor externo, que impacta en el precio de los combustibles y los alimentos.
También habría que considerar cómo sus opositores podrían estructurar propuestas que entusiasmen a la población y que puedan ser vistas como una oportunidad de superación de la gestión actual, y especialmente del modelo Abinader de proximidad y gestor de soluciones con una alta vocación de conveniencia con fines electoralistas, pero con bajos niveles de concreción material.
En ese contexto, las protestas en algunos pueblos de la región Norte y la marcha de Barahona podrían explicarse como una expresión de inconformidad ante la situación que vive el país, que según las propias palabras del presidente Abinader, el martes 26, se proyecta “difícil”.

La gobernanza

Hasta este momento, al margen de señalamientos de algunos opositores de que el equipo en el poder no sabe gobernar, la realidad es que Abinader se desempeña de manera adecuada. Habría que contabilizar su gestión exitosa frente a la COVID-19. Superó su pesar por el desaire de sus aliados norteamericanos que le negaron acceso a las vacunas cuando más el país las necesitaba y debió postrarse sin tapujos ante una China generosa previamente rechazada, y eso le permitió manejar la difícil situación.
Pero no terminaba de salir de la crisis provocada por la COVID-19, cuando se desata la guerra entre Rusia y Ucrania. Mala suerte para un gobierno nuevo.
No ha habido desabastecimiento grave, pero sí un alto nivel de inflación acumulada de alrededor de un 7%. Su rápida reacción para atenuar el impacto de los altos precios de los combustibles, mediante subsidios, y la iniciativa legislativa para imponer una tasa cero a las carnes de res, cerdo y pollo, grasas y granos, y otros productos, ha contribuido a mantener los ánimos calmados. Pero sectores sociales empezaron a reaccionar y protagonizaron un paro regional el pasado lunes 25 de abril.

Expectativas al por mayor

Un factor que podría ser importante: el presidente Abinader genera múltiples expectativas que probablemente no está en capacidad de llenar. El volumen de obras prometidas difícilmente podría ser realizado. De hecho, ya en las protestas del pasado lunes 25 en San Francisco de Macorís, Santiago y sus zonas circundantes, le reclamaron el cumplimiento de esas promesas.
El pasado miércoles 27, desde Barahona Benny Rodríguez reportaba para Listín Diario que en las provincias de la región Enriquillo se espera que el gobierno empiece a construir las obras prometidas, no solo en la campaña, sino en un “maratónico” Consejo de ministros celebrado en esa ciudad en mayo de 2021.
El presidente Abinader prometió obras por 6,421 millones en las provincias Barahona, Pedernales, Bahoruco e Independencia, pero apenas se da continuidad a trabajos en desarrollo desde el gobierno pasado, la carretera Barahona-Enriquillo-Pedernales, con retraso. Subraya que solo se ejecutan mejoras de las playas El Quemaíto y Los Patos, a cargo del ministerio de Turismo. Precisamente, el pasado 24 de abril, en Barahona, cientos de personas marcharon en reclamo de que sean iniciadas las obras, o activadas otras, como la presa de Monte Grande, paralizada.
El incumplimiento de promesas de Abinader se convertiría en fuente de desencanto social. Sería una confirmación de que su discurso prometedor anda por encima de las posibilidades del gobierno en medio de la actual situación.

Osvaldo Santana

Osvaldo Santana

Osvaldo Santana es periodista.

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