Por Rafael Céspedes Morillo
¿Trampa para ratones? A eso se me parece la forma en que quieren llevarnos a las urnas para justificar el desastre.
¿Hasta dónde llegarán estos hacedores de malos tratos y de peores comportamientos?
¿Cuándo se decidirán a ver que ya los dominicanos estamos abriendo los ojos, que ya no basta con vanas promesas, con cajas vacías envueltas en papel de regalo? ¡Ya basta!
Los incentivos que queremos son el cumplimiento de las promesas, pero, más que eso, queremos el cumplimiento y la aplicación de soluciones a las grandes problemáticas. Queremos soluciones. Queremos un país institucionalizado, donde el imperio no sea el de un hombre o el de un equipo de hombres, sino el de las leyes; que se impongan la razón, el deber y el derecho.
No queremos un país donde el ministro de Turismo anuncia, con grandes gastos, que acaban de llegar más de 8 millones de turistas, mientras los hoteles dicen: “Solo tenemos un 38 % de ocupación”. Entonces, ¿dónde se hospedan esos ocho millones de turistas? ¿O es que eso es pura y barata propaganda?
Él sabe que no tenemos manera de contarlos, pero las mentiras tienen patas cortas. Hay quienes van más allá de las palabrerías de ese tipo; saben buscar datos, estadísticas y comprobar lo que les dicen.
¿Cómo es posible que a alguien se le ocurra que la gente que piensa va a ir a las urnas por unos caramelitos, para que nos rebajen el precio del pasaporte y para que nos cueste menos la cédula, entre otras cosas que entienden que no les cuesta dinero a ellos?
Pero ¿por qué no indagan sobre la cantidad de políticos que tienen una pensión, solo porque permanecieron en la Cámara de Diputados durante 4 años? La gran mayoría no propuso ni una ley ni una medida. Pero, además de los grandes beneficios que reciben y se autoasignan, quieren preservar eso para ellos sin hacer nada.
Cuando un ministro le miente al país, no solo debería quedar sin funciones; debería haber una ley que le impida volver al Gobierno.
Mientras tanto, que siga la fiesta.
Una alta funcionaria canceló a uno de sus subalternos que divulgó el uso desmedido que ella le daba a la tarjeta. ¿Y para qué es que necesitan una tarjeta? Casi siempre, sin límites de ningún tipo.
El pueblo no quiere incentivos; quiere motivos para acudir a votar. Quiere saber que los diputados serán legisladores, no depredadores del Estado; que los ministros administrarán y no robarán; que no habrá amantes con choferes y asistentes pagados por el ministerio en cuestión.
Esas cosas son las que pudieran hacer que volvamos a las urnas: saber y ver que votaremos por honorables, no por borrachos; por hacedores de lo bueno, no de lo malo.
No queremos más de esos que no se avergüenzan de hablar de sus “segundas bases”. No, esas desfachateces no las queremos; no nos sirven y, por ende, no votaremos por lo mismo de siempre, aunque lo digan con otras palabras.
¿Quieren nuestros votos? Cambien sus malos hábitos. Cumplan con aquello para lo que fueron electos. Dejen el despotismo. Dejen de vivir como reyes en hoteles de cinco estrellas, sin más razón que la de tener el poder.
Así no será posible tener los votos que deberían tener unas elecciones democráticas y sanas.
Deberíamos estar esperando que llegue ese día para ir a votar, para que el país se siga institucionalizando. Para eso deberíamos ir a votar el 80 % de los dominicanos.
Pero sucede que el 60 % ahora dice que no irá a votar, porque dejó de creer en ustedes, porque la única seguridad que siente es que volverán los mismos u otros, pero para hacer lo mismo.
Así no. Así no volveremos los conscientes a votar.
No me pidan que cambiemos. Cambien ustedes.




