Por Osvaldo Santana
Es un dato de dominio público, declarado incluso por algunos dirigentes, que no resultará sencillo para la oposición dividida alcanzar un triunfo frente al gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM) en las elecciones generales de 2028.
Sobra enumerar factores cuando las parten reconocen esa realidad, que en este momento confirman los números de las encuestas. Aunque las partes opositoras se recuestan en la presunta oportunidad que podría representar una segunda vuelta, no parece claro que una circunstancia como esa decrete el triunfo sobre el gobierno, si previamente no se concierta un ambiente favorable con esa meta marcada en una agenda compartida.
Para que se materialice un apoyo cierto de las bases partidarias y del segmento de la ciudadanía que simpatice con una formación en específico a la fuerza que resultase con la segunda mayoría en un escenario de segunda vuelta, parece necesario trabajar con antelación debida esa aspiración.
Y tiene que ser así, especialmente cuando hayan existido divergencias, ofensas o resentimientos de partes, que puedan constituirse en obstáculos. En el caso de las dos fuerzas opositoras más importantes, es innegable que arrastran una historia en ese sentido, y trabajar esa materia requiere una intención y direccionamiento que no pueden llegar desde el cielo. Debe ser resultado de una voluntad concertada.
¿Existen acaso indicadores que permitan materializar tal propósito? Podría ser. El primer elemento importante es que, en el marco de las contradicciones, los dos actores principales de la oposición tienen identificado a un enemigo común, que es su blanco principal. De hecho, el ejercicio político actual está caracterizado por un discurso opositor muy parecido frente al gobierno.
Asimismo, entre la Fuerza del Pueblo (FP) y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) las contradicciones siguen siendo secundarias, no antagónicas, y tienen visiones filosóficas y políticas similares, con un origen común de la mayoría de sus dirigentes. Y no resultaría difícil continuar privilegiando lo esencial y dejando el resto en un segundo plano.
El primer paso sería un acuerdo tácito de las partes a no competir abiertamente por los mismos dirigentes o seguidores en “un ejercicio de la sumatoria cero”, y olvidarse de los mutuos ataques que para fortuna compartida ya parecen parte del pasado.
La posibilidad de asegurar el voto en la segunda vuelta
Es importante que las partes entiendan, aunque no lo digan, que todos son necesarios para construir una mayoría frente al partido gobernante.
Y que, si, en un determinado momento una de las partes puede convertirse en el eje dominante del sector opositor, tendría que interiorizar que en cualquier caso triunfar en un escenario de segunda vuelta resultaría muy difícil sin el apoyo manifiesto o permito de la otra parte.
El camino: la unidad de acción
El único camino cierto para asegurar el voto del aliado no declarado en un escenario de segunda vuelta es la unidad de acción.
Lógicamente, el primer ejercicio para conseguirlo tendría que contener la renuncia a cualquier elemento de ataque o de ejecución de algún acto que la otra parte considere como una agresión.
La vía sugerida implicaría la creación de un terreno común de vinculación de la militancia por efecto de la acción conjunta que nada tiene que ver con la creación de un ente, frente, pacto ni alianza, sino la concurrencia de las partes a actividades políticas de defensa ante determinadas expresiones del poder o vinculantes a la defensa de los intereses generales de la población.
Obviamente, ese momento no puede surgir por evolución espontánea, sino como producto de una voluntad política práctica conveniente a las partes. Ya han surgido voces que abogan abiertamente por acercamientos de los opositores al gobierno.
Y siendo así, es obvio que debe abordarse un propósito dirigido que facilite la práctica, en la conciencia de que se trata de un ejercicio táctico.
En tal virtud, los partidos simplemente renuncian a airear sus diferencias, lo que no implica renunciar a su identidad y ni a su programa de trabajo o a su plan estratégico, y disponen esfuerzos para identificar momentos de acción coordinada que permita la participación de sus gentes.
Parece idealista, pero si la oposición quiere de verdad construir un camino que le proyecte hacia el poder, debe trabajar con un plan que propicie ese clima, que haga el camino expedito y no forzoso, de apoyo de un sector a otro en el tan deseado escenario de segunda vuelta del que se habla en los corrillos opositores.
Nota al margen
La unidad de acción fue siempre un recurso entre los sectores progresistas para enfrentar gobiernos de fuerza, y especialmente, para unir a las fuerzas antifascistas en la guerra de resistencia en la Europa de la década del 40 del siglo pasado. También, en la defensa de la nación frente a amenazas externas.





