Por Emiliano Reyes Espejo
Tal vez sin proponérselo, y para su propio dolor de cabeza, el Estado dominicano prohíja en el Sur una especie de gobierno paralelo, un tipo de engendro que después resultará difícil de controlar, porque acumula poderes que terminan dominando las facultades de las instituciones regionales.
La debilidad institucional reina en la región Sur (subregión Enriquillo: Barahona, Bahoruco, Pedernales e Independencia) y esa situación constituye un caldo de cultivo para que emerjan estos esperpentos, y den lugar, asimismo, en esa zona a una estructura empresarial dotada de poderes e incidencias que desafiarían el poder central del gobierno de la República. En términos más llanos: “un gobierno que operaría a sus anchas al margen del gobierno nacional”.
La situación, como tal, no parece estar planificada, sino que se construye paulatinamente, sutilmente, cuasi imperceptible, a causa de una realidad latente.
La apreciación surge a raíz del conocimiento sobre la firma y posterior extensión del acuerdo de arrendamiento del ingenio Barahona del Consejo Estatal del Azúcar (CEA) al Consorcio Azucarero Central (CAC), hasta los años 2060 o 2070, según la fuente que dio a conocer este dato crucial que involucra el desarrollo socioeconómico de alrededor de medio millón de habitantes de esta subregión.
En término sociológico, y según las afirmaciones aportadas por la Inteligencia Artificial (IA) un “gobierno dentro de otro gobierno significa la coexistencia de dos o más sistemas de orden, autoridad y control social dentro de un mismo territorio de un Estado soberano, donde el sistema secundario opera al margen, en paralelo o en desafío directo a la estructura gubernamental legalmente constituida. Este fenómeno demuestra que el poder y la dominación no están centralizados de forma absoluta, sino fragmentados”.
En ese sentido, algunos pensadores analizan el concepto como un “Estado dentro del Estado”. Históricamente la teoría política y jurídica lo asocia con la locución latina Imperium in Imperio y describe a partir de ese enfoque, “la existencia de un poder o estructura organizativa que opera con autonomía, reglas propias y control territorial o institucional real dentro de las fronteras de un Estado formal”.
Pensadores como Baruch Spinoza “advierte-al tratar el tema- que cuando los ciudadanos o corporaciones religiosas pretenden regirse por normas totalmente ajenas a la ley civil del Estado, quiebran la paz general y destruyen la cohesión democrática y la estabilidad social”. En tanto, Thomas Hobbes en “Las corporaciones como “gusanos” en las entrañas del Leviatán”, compara las corporaciones autónomas y los monopolios comerciales privados con “gusanos en las entrañas de un hombre natural”. Para Hobbes, “el Estado absoluto debe poseer el monopolio incuestionable del poder. Si un grupo crea un gobierno paralelo con capacidad de dictar sus propios mandatos y exigir lealtad a los súbditos, el pacto social original se rompe, arrastrando a la sociedad de vuelta al caótico "estado de naturaleza" y a la guerra civil”.
Precisa que “cuando emergen ejércitos privados, mafias a gran escala, corporaciones o burocracias enquistadas capaces de dictar el orden social al margen de las directrices del poder central, el Estado se debilita. Bajo la perspectiva weberiana, la consolidación de un gobierno a la sombra rompe la estructura institucional y encamina la entidad hacia lo que la politología moderna cataloga como un Estado fallido”.
Asimismo, Max Weber ve “el segundo gobierno” como “una usurpación del monopolio del poder que arrastra al territorio hacia la ineficacia institucional”.
La opacidad del contracto en favor del CAC
¿Acaso no es eso precisamente lo que ocurre en la actualidad en la subzona Enriquillo con la entrega por tiempo indefinido del control del ingenio Barahona al feudo CAC?
Primeramente, a este Consorcio Azucarero se le otorga el arrendamiento del ingenio por un plazo determinado de 20 años y en medio de maniobras opacas se extiende el contrato por otros 30 años, ahora se estipula que el mismo durará hasta el 2060, -dicen algunos- y hasta el 2070, afirman otros.
El contrato, y las adendas que lo extienden hasta ¿2060? ¿2070? no han sido publicitadas. El Consejo Estatal de Azúcar (CEA) ni el Instituto Nacional del Azúcar (INAZUCAR) han divulgado el contenido de ese documento, ni han explicado sobre qué argumentos se justificó esa medida. Frente a los reclamos de distintos sectores del Sur y del país, las autoridades del gobierno se limitan a decir que se han acogido a la política de la “continuidad del Estado”.
Pero, esa continuidad ¿es para bien o para mal? ¿cuáles son los beneficios que obtiene el Estado con la extensión de este arrendamiento y entrega de la industria azucarera de Barahona al Consorcio Azucarero Central (CAC)?
¿Avaló la Dirección de Compras y Contrataciones la extensión del susodicho contrato? ¿Qué detalles hay en el mismo que no se quiere que la población se entere? ¿Por qué la opacidad?
Se trata de una propiedad estatal que pertenece a todos los dominicanos y que, por tanto, todos deberíamos saber los intríngulis de sus operaciones. No es suficiente que se diga que este emporio crea miles de empleos y que genera sumas millonarias de dólares con la producción y exportación de azúcar. Antes del arrendamiento, ya esa agroindustria creaba empleos y exportaba azúcar. El interés ahora es saber en qué medida el gobierno se beneficia de esas operaciones, en qué medida eso ayuda a cambiar el nivel de vida de los pobladores de la zona.
¿Ha surgido una clase media pujante del entorno del emporio azucarero operado por el CAC? ¿Cuántas agroindustrias y agronegocios se pueden contar que han surgido de la industria azucarera a partir de su arrendamiento hace más de 20 años?
Y mientras se ensancha la opacidad en el entorno azucarero del Sur, el emporio que lo opera a sus anchas se expande y desata, dotado del poder que le otorgan organismos del Estado, a una cacería de los predios de pequeños agricultores que han vivido allí desde hace más de 50 años, toda una eternidad.
El CAC goza del monopolio de las mejores tierras de la subzona Enriquillo y no conforme continúa arrendando y arrebatando más terrenos a pequeños productores. ¿Quién le pondrá el cascabel al gato?
Será difícil someter a control institucional a este emporio de capitales cuasi desconocidos, ya que mediante sus propios manejos y ante las debilidades del sistema, las instituciones, casi todas, se han rendido a sus pies. Así tenemos que difícilmente un tribunal falla en la zona en contra del CAC, tiene el dominio del agua de regadío, controla a los comandantes militares y policiales.
Además, controla a diputados, senadores, a las autoridades municipales de la zona (síndicos, alcaldes, etc.) los cuales son incapaces de enfrentar el emporio, ni qué decir de los medios de comunicación de las provincias y municipios, de los jueces, sindicatos, etc. A propósito ¿existen o dejan operar en el CAC a sindicatos de obreros o gremios de las plantaciones agrícolas?
Por estas razones es que reflexionamos acerca de que sutilmente parece se incuba “un poder dentro del gobierno”, en el caso del arrendamiento del ingenio Barahona al Consorcio Azucarero Central en la subzona Enriquillo.
Para señas basta un botón: el CAC domina el territorio, las aguas, el ejército, la policía, los alcaldes y a sus servidores.
En ese sentido, planteamos:
1) Que el Estado, a través de Compras y Contrataciones, disponga una revisión del alcance del contrato de arrendamiento al CAC.
2) Que se plantee la posibilidad de reducir la cantidad de tierra otorgada al emporio y crear colonos agrícolas y azucareros.
3) Que el Estado disponga de mecanismos de control de los poderes del consorcio en la subzona Enriquillo.
*El autor es periodista.





