¿Quiénes matan a las mujeres en República Dominicana?

La respuesta estadística apunta al círculo más cercano

Entre 2021 y 2025, la Oficina Nacional de Estadística registró 412 feminicidios. De ellos, 340 —el 82.5 %— fueron íntimos: 248 fueron atribuidos a la pareja, cónyuge o novio de la víctima y 92 a una expareja. El hogar fue el escenario de dos de cada tres de esos crímenes.

Por Octavio Santos

La amenaza que muestran las estadísticas oficiales no llega principalmente de un extraño. Tiene, con mucha frecuencia, un rostro conocido: el del hombre que era o había sido pareja de la víctima.

Esa es la conclusión central del Compendio de estadísticas de mujeres fallecidas en condiciones de violencia, 2021-2025, elaborado por la Oficina Nacional de Estadística (ONE). En cinco años, el documento contabiliza 724 muertes de mujeres en condiciones violentas. De ese total, 412 fueron clasificadas como feminicidios y 340 como feminicidios íntimos.

En otras palabras, la violencia de pareja o expareja concentró el 82.5 % de todos los feminicidios del período y el 47.0 % del universo más amplio de muertes violentas estudiado. La cifra equivale a un promedio de 68 feminicidios íntimos por año: aproximadamente uno cada cinco días.

Pero la pregunta “¿quiénes matan a las mujeres dominicanas?” exige una precisión. El compendio no estudia exclusivamente a víctimas de nacionalidad dominicana, sino a las mujeres fallecidas en condiciones de violencia dentro del territorio nacional. De las 724 víctimas, 595 eran dominicanas, 118 haitianas y 11 de otras nacionalidades.

Además, la publicación no cruza la nacionalidad de la víctima con todas las categorías de relación con el agresor. Por eso permite describir quiénes aparecen como victimarios en el conjunto nacional, pero no separar completamente ese perfil solo para las dominicanas.

Una categoría amplia que no equivale a asesinato

El primer riesgo al leer las cifras es convertir las 724 muertes en 724 asesinatos. El propio compendio advierte que la categoría “mujeres fallecidas en condiciones de violencia” incluye muertes intencionales y no intencionales.

Tampoco las 312 “otras muertes” que no fueron calificadas como feminicidios pueden llamarse, en bloque, homicidios: el documento no las desagrega de esa manera.

La respuesta más rigurosa sobre quién mata debe concentrarse, por tanto, en las 412 muertes que la ONE sí clasificó como feminicidios:

Clasificación, 2021-2025 Casos Proporción
Feminicidios íntimos 340 82.5 %
Feminicidios familiares 39 9.5 %
Feminicidios no íntimos 19 4.6 %
Feminicidios por conexión 8 1.9 %
Feminicidios infantiles 5 1.2 %
Feminicidios por trata 1 0.2 %
Total 412 100 %

La pareja actual encabeza el registro

Dentro de los 340 feminicidios íntimos, 248 fueron cometidos por el cónyuge, pareja o novio de la víctima. Los otros 92 fueron atribuidos a un excónyuge, expareja o exnovio.

Tres de cada cuatro agresores íntimos, por tanto, mantenían la relación al momento del hecho; algo más de uno de cada cuatro pertenecía a una relación terminada.

La persistencia anual impide hablar de una reducción sostenida. Los feminicidios íntimos fueron 72 en 2021; 71 en 2022; 65 en 2023; volvieron a 72 en 2024 y bajaron a 60 en 2025. Este último dato es preliminar.

En el conjunto de todas las modalidades de feminicidios, la secuencia fue de 86, 80, 81, 89 y 76 casos, respectivamente. El mayor total se produjo en 2024, inmediatamente antes del descenso provisional de 2025.

El cuadro general sobre parentesco refuerza la centralidad de las relaciones afectivas, aunque debe leerse con una cautela adicional porque abarca muertes intencionales y no intencionales. En 344 de las 724 muertes, el victimario registrado fue una pareja o expareja.

En 200 casos —el 27.6 %— no se conocía la relación. Si se consideran únicamente los 524 registros en los que quedó establecida alguna categoría de vínculo, parejas y exparejas representan el 65.6 %.

Esa concentración no autoriza a afirmar que cada uno de los 344 casos fue un feminicidio: la clasificación específica contabiliza 340 feminicidios íntimos. La diferencia ilustra por qué no deben mezclarse tablas que miden universos distintos.

El hogar concentra dos de cada tres casos

De los 340 feminicidios íntimos, 224 ocurrieron en una vivienda, domicilio, residencia, o en parqueos: el 65.9 %.

Otros 81 sucedieron en la vía pública, un parque o el interior de un vehículo; 23, en negocios, comercios o establecimientos de hostelería; y seis, en fincas, solares o terrenos similares.

El espacio doméstico aparece así no solo como refugio, sino también como el lugar donde se materializa buena parte de la violencia letal de pareja.

Otro indicio aparece en la clasificación por circunstancias del universo completo: 398 de las 724 muertes fueron situadas bajo el rótulo combinado de conflicto familiar, violencia intrafamiliar y de género. Esa cifra pertenece a la categoría amplia de muertes violentas y no equivale por sí sola a 398 feminicidios.

La violencia íntima también se concentra en determinados momentos. Los sábados y domingos acumularon 136 feminicidios íntimos, exactamente el 40 % del total. El domingo, con 74 casos, fue el día con mayor número.

Entre las 6:01 de la tarde y la medianoche ocurrieron 116 casos. Si se agrega el tramo de medianoche a las 6:00 de la mañana, el período nocturno reunió 202 feminicidios íntimos, el 59.4 %.

Armas blancas y armas de fuego

El arma blanca u objeto cortopunzante fue el medio más utilizado en los feminicidios íntimos: 135 casos, equivalentes al 39.7 %. Le siguieron las armas de fuego, con 102 casos o el 30.0 %.

Juntas estuvieron presentes en 237 feminicidios íntimos, casi siete de cada diez.

Los objetos contundentes causaron 40 muertes y el estrangulamiento o la asfixia mecánica, 37. Diez mujeres murieron por fuego, vapores u objetos calientes. También se registraron dos muertes por inmersión, una por sustancia tóxica, cinco mediante otros medios y ocho sin medio o instrumento declarado.

El orden cambia cuando se observa el universo completo de 724 muertes violentas: allí las armas de fuego ocupan el primer lugar, con 263 casos, por delante de las armas blancas, con 239.

Esto sugiere perfiles distintos entre la violencia íntima tipificada como feminicidio y el conjunto más amplio, aunque el documento no ofrece cruces suficientes para atribuir la diferencia a una causa específica.

Ocho de cada diez tenían entre 15 y 44 años

La mayor cantidad de feminicidios íntimos se produjo entre mujeres de 25 a 34 años: 110 casos. Les siguieron las de 35 a 44 años, con 87, y las de 15 a 24, con 79.

En conjunto, 276 de las 340 víctimas —el 81.2 %— tenían entre 15 y 44 años.

El dato describe volumen, no riesgo. El compendio no presenta tasas por población para cada grupo de edad, de modo que no permite afirmar qué edad tiene una probabilidad individual mayor de ser víctima. La misma precaución debe aplicarse al territorio y a la nacionalidad.

Entre los feminicidios íntimos, 279 víctimas eran dominicanas, 57 haitianas y cuatro de otras nacionalidades. Esas cifras no deben convertirse en comparaciones de riesgo porque el documento no incorpora los denominadores poblacionales correspondientes.

Fuera de la pareja

Aunque la violencia íntima domina el cuadro, no lo agota. La ONE clasificó 39 feminicidios familiares, 19 no íntimos, ocho por conexión, cinco infantiles y uno por trata durante el quinquenio.

En los 19 feminicidios no íntimos, el cuadro de parentesco registra nueve autores conocidos por la víctima, dos cuñados, un autor desconocido por ella y siete casos en los que no se estableció la relación.

La categoría “conocido” no implica una relación sentimental; identifica un vínculo no íntimo. El feminicidio por conexión, por su parte, corresponde a la muerte de una mujer alcanzada cuando el agresor mata o intenta matar a otra mujer en el mismo escenario.

El documento no ofrece una tabla que cruce los 39 feminicidios familiares con cada parentesco específico. Sería incorrecto tomar los totales de hijos, padres, hermanos o madres que aparecen en el registro general y presentarlos automáticamente como autores de feminicidios familiares: ese cuadro incluye también muertes no feminicidas y no intencionales.

En las niñas, padres y padrastros ocupan el centro

El patrón más severo de proximidad aparece entre las menores de 14 años. El compendio registra 41 muertes violentas de niñas en ese grupo, de las cuales 17 fueron clasificadas como feminicidios. Este último total es un subconjunto y no debe sumarse nuevamente a los 412 feminicidios.

De esos 17 feminicidios de niñas, seis fueron atribuidos al padre y seis al padrastro. Padres y padrastros concentraron así 12 casos, el 70.6 %.

Otro feminicidio fue atribuido a un hermano, uno a un conocido por la víctima y en tres no se estableció la relación.

Doce de los 17 ocurrieron en una vivienda o sus parqueos. Cinco estuvieron vinculados con un intento de violación o una violación sexual: cuatro en 2023 y uno en 2024. En dos de esos cinco casos el victimario fue el padrastro; en uno, una persona conocida; y en dos no se determinó la relación.

Entre las niñas, la respuesta a quién mata es todavía más doméstica: en siete de cada diez feminicidios, el agresor registrado fue el padre o el padrastro, y siete de cada diez hechos ocurrieron en el hogar.

Ozama concentra el volumen, no necesariamente el riesgo

La región Ozama acumuló 99 de los 340 feminicidios íntimos del período, el 29.1 %. Le siguieron Cibao Norte, con 46; Valdesia, con 32; Cibao Sur, con 30; Higuamo, con 29; y Cibao Nordeste y Yuma, con 27 cada una.

En términos provinciales, Santo Domingo registró 69 feminicidios íntimos y el Distrito Nacional, 30.

Estos números señalan dónde se concentró el volumen, no cuáles territorios fueron más peligrosos. El compendio presenta conteos, pero no tasas ajustadas por la población femenina. Afirmar que Ozama tuvo el mayor riesgo solo porque acumuló más casos excedería lo que permiten los datos.

La gran zona ciega

La contundencia del patrón íntimo convive con un vacío importante. En 200 de las 724 muertes violentas, la relación entre víctima y victimario quedó como desconocida.

La falta de información se hizo especialmente visible en 2025: 69 de 150 casos, el 46.0 %, no tenían una relación identificada, frente a 24 de 130, el 18.5 %, en 2024.

Ese salto no puede interpretarse automáticamente como un cambio en la violencia. Los datos de 2021 a 2024 proceden de registros administrativos de la Policía Nacional, mientras que para 2025 se utilizaron bases normalizadas, estandarizadas y codificadas suministradas por el Centro de Análisis de Datos de la Seguridad Ciudadana. Además, 2025 es preliminar.

El anexo añade otra advertencia: la ONE revisó individualmente la variable de parentesco para 2019-2024, usando como fuente principal la Policía Nacional y complementándola con publicaciones periodísticas, comunicados institucionales y otros documentos públicos.

Esa revisión puede provocar diferencias con ediciones anteriores y mejora el detalle de esos años, pero también aconseja prudencia al comparar la calidad del vínculo registrado en 2025 con la de 2021-2024.

La falta de datos no termina ahí. En 256 de los 340 feminicidios íntimos, la ocupación de la víctima no fue declarada. El compendio tampoco ofrece edad, ocupación o antecedentes del victimario; denuncias previas; medidas de protección; historial de violencia; situación judicial; ni un cruce completo entre nacionalidad, vínculo, arma, lugar y territorio.

Por tanto, identifica con fuerza el principal tipo de relación, pero no permite reconstruir el perfil integral del agresor ni la cadena institucional anterior y posterior a cada muerte.

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