Por Federico Pinales
En el catolicismo aprendí a rezar el “ creo”, religión en la que ya no creo, después de escuchar tantos escándalos feos.
Eso no quiere decir que me haya convertido en ateo, ni que desprecie a todos los feos.
Todavía en Dios yo creo y en un general “viejo, prieto y feo” a quién con frecuencia veo, señalando con “el dedo”, al concierto de bandidos, que el país se han repartido, apandillados en los partidos, donde han construido sus nidos, para mantenerse unidos, robando sin hacer ruidos y manteniendo al pueblo dormido, llevándolo mediante engaños, al matadero cada cuatro años.
Ese general autocalificado “viejo, prieto y feo”, sin aspiraciones de ser presidente, está haciendo un trabajo de orientación excelente, dirigido a evitar que nos sigan gobernando los eternos delincuentes y a quienes los medios han proyectado siempre como gente decente, aún conscientes de que son soberanos, maquiavélicos y descarados delincuentes, que hace tiempo debieron haber sido colgados de los puentes, para que alguien “escarmiente” y cuando lleguen al poder piensen más en la gente, y no solo en convertirse en caudillos, para impunemente llenarse los bolsillos, sin que nadie les pueda llamar pillos, peores que Trujillo.
Ese general “viejo, prieto y feo”, poseedor de múltiples licenciaturas, maestrías, doctorado y otras especialidades importantes, es de la promoción de la decencia.
Es un crítico agudo de lo mal hecho, a lo cual le pone cara y pecho, denunciando responsablemente los hechos, que a muchos “encopetados” deja mal trechos.
No voy a revelar su nombre para que no se piense que estoy promocionando a un futuro político, pero a usted le resulta fácil identificarlo, porque de todos los generales retirados que hablan por las redes sociales, es el único que se auto define como “viejo, prieto y feo”, lo cual no está muy lejos de la verdad.






