Lito Santana
Desde que ese niño nació, se veía que iba a ser una lumbrera. Sus gestos cuando estaba en los brazos de su madre eran especiales. La forma en que miraba a las personas. Su interés en aprender o imitar sonidos. El reconocimiento de sus ropitas o sus juguetes…en fin, Leuris Sepúlveda Gómez, era el punto de atención de sus Padres Blas Sepulveda y Pércida Gómez.
Y tal como se imaginaba, Leuris desarrolló sus habilidades con el pasar de los meses y los años. A pesar de criarse en un entorno lejano, casi remoto, en la comunidad de El Granado, del municipio de Tamayo, en la carretera que ahora une a San Juan de la Maguana con Barahona, en las alturas de la Sierra de Neyba, él comenzó a preocuparse por cosas que no eran usuales a su edad y en su zona.
Cuando ya había alcanzado los diez años y las personas usaban de manera masiva los celulares, ante cualquier desperfecto técnico, acudían donde él para que los ayudara. Así podía resolver desbloqueos de estos equipos, instalar cuentas de WhatsApp, o Facebook y hasta remitir a centros especializados en San Juan cuando los fallos estaban por encima de sus conocimientos.
Lo mismo ocurría cuando el Gobierno dominicano entregó las primeras laptops y tabletas para los estudiantes de la zona de Guanarate, El Granado y Cabeza de Toro. Leuris era “el técnico asesor”, bordeando apenas los 12 años. Este jovencito también era soporte para su querida madre en el empleo que desempeña. Él se encargaba de ayudar a “subir la computadora” cuando no quería funcionar, chequear el sistema de cámaras de vigilancia y era la mano derecha de su hermano mayor, cuando, entre los dos, aguantaban el turno de su mamá.
A los 17 años se hizo bachiller y se preparaba para ir a la universidad y desarrollar una carrera. Pero lamentablemente este joven no pudo alcanzar esta meta.
A pesar de su atípica inteligencia cometió un grave error. Se sumó al grupo de calibradores. Esa parte de la juventud que ahora tiene como hobby “calibrar sus motores” y recorrer grandes distancias en una sola rueda.
La tarde del jueves18 de junio y mientras hacía esas piruetas, junto a su mejor amigo, perdió el control de la moto y se estrelló contra un poste del tendido eléctrico, perdiendo la vida, en la comunidad de Cardón, que pertenece a San Juan.
Leuris murió en el acto. Su amiguito quedó gravemente herido, pero se recupera tras una intensa batalla de los médicos en el hospital de San Juan de la Maguana.
Los padres de Leuris, Pércida y Blas, están devastados, lo mismo que sus familiares, compañeros de estudios y las comunidades que integran esa comarca.
Desde aquí nuestra solidaridad y apoyo en estos momentos de dolor.
Descansa en paz y que el Todopoderoso te acoja en la gloria, Leuris querido.







