Por Federico Pinales
Con el apresamiento y condenas a los primeros intocables, que desde la era de Trujillo se habían colocado por encima del bien y del mal, imponiendo la 'Ley del Sable y el embudo", convirtiéndose en las vacas super sagradas del país, con “derecho” a torturar, matar y robar sin ninguna consecuencia, algunos están poniendo sus barbas en remojo y observando desde las gradas, esperando a ver cuál será la próxima jugada.
La Justicia Dominicana parece que empezó a despertar y decidió darse a respetar, enviándole un mensaje claro a los militares y políticos que se habían repartido el país como una hacienda particular.
El primer eslabón del Sistema Judicial le demostró al país que “la Iglesia estaba en manos de Lutero" y los jueces se encargaron de confirmarlo, condenando, multando y expropiando a los desalmados depredadores del Estado, a quienes le cobraban para supuestamente protegerlos.
Mientras ellos vivían en una grosera y atropellante gloria terrenal, tenían al pueblo humilde sumido en un infierno, pero ahora la justicia decidió “coger el toro por los cuernos”, para tratar de curar al enfermo, extirpando el cáncer que parecía eterno.
El primer grupo de condenados fue un licuado de la Justicia Dominicana, hecho en base a remolachas, leche y ramos de diferentes categorías.
Este estuvo sabroso, pero ahora falta uno màs nutritivo, hecho a base a remolacha, zanahoria, naranja, uva, avena, banana y leche, para demostrar que no tiene colores ni corruptos preferidos; y que realmente está actuando con la fama de “independiente” que se ha pregonado “por todo el continente, como un logro del actual presidente”.







