Por Bernardo Hirán Sánchez Melo, Ph.D.
El Gobierno dominicano se ha trazado como meta duplicar el tamaño de la economía nacional hacia el año 2036. Se trata de un objetivo ambicioso que articula una estrategia de transformación económica, institucional y social de largo plazo, concebida para convertir a la República Dominicana en una economía de mayores ingresos, con más productividad, mayor competitividad y mejores niveles de bienestar social.
En el marco de la iniciativa Meta RD 2036, la propuesta no se limita a expandir el Producto Interno Bruto (PIB). Su sentido más profundo consiste en impulsar una transformación productiva capaz de elevar la productividad, modernizar la infraestructura, mejorar el capital humano, fortalecer la institucionalidad y ampliar la capacidad competitiva de los sectores generadores de valor agregado.
Conviene precisar, sin embargo, que el crecimiento económico por sí solo no garantiza automáticamente desarrollo, equidad social ni bienestar colectivo. Una economía puede crecer y, aun así, mantener rezagos en productividad, desigualdad territorial, baja calidad del empleo, debilidades institucionales o limitada capacidad de innovación. De ahí que la meta de duplicar el PIB deba ser entendida no solo como un propósito cuantitativo, sino como un desafío de modernización productiva, tecnológica, laboral e institucional.
En ese sentido, la pregunta central no es únicamente cuánto debe crecer la economía dominicana para alcanzar la meta, sino bajo qué condiciones puede hacerlo de manera sostenible. La diferencia es sustantiva: duplicar el PIB mediante expansión nominal, inflación, apreciaciones cambiarias o aumentos coyunturales de precios no
equivale a duplicar la capacidad productiva real del país. Por ello, resulta necesario distinguir entre PIB real, PIB corriente en dólares y PIB per cápita.
A partir de los datos del Banco Central de la República Dominicana y de las proyecciones demográficas de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), puede estimarse que el PIB corriente de la economía dominicana para el año 2025 asciende aproximadamente a US$127,861.38 millones, con una población de 10,878,267 habitantes. Sobre esa base, el PIB per cápita se sitúa alrededor de US$11,753.84.
Si el objetivo fuera duplicar el PIB per cápita en dólares hacia el año 2036, este debería alcanzar aproximadamente US$23,507.67. Considerando una población proyectada de 11,636,729 habitantes para ese año, el PIB corriente requerido sería cercano a US$273,552.43 millones.
Ese escenario implicaría mantener una tasa promedio anual acumulativa del PIB corriente en dólares cercana al 7.16 % durante el período 2025-2036. A su vez, la población crecería a una tasa promedio anual aproximada de 0.61 %, lo que permitiría que el PIB per cápita aumente a una tasa cercana al 6.54 % anual.
Bajo esa trayectoria, para el año 2035 el PIB per cápita rondaría los US$22,060.10, equivalente a aproximadamente 1.88 veces el nivel observado en 2025.
Por otro lado, si la meta se interpreta como duplicar únicamente el PIB corriente total en dólares hacia el año 2036, este ascendería a aproximadamente US$255,722.75 millones. En ese caso, sería necesario sostener una tasa promedio anual acumulativa cercana al 6.50 %, y el PIB per cápita alcanzaría alrededor de US$21,975.48.
De mantenerse una expansión promedio cercana al 6.0 % anual, la economía dominicana crecería aproximadamente 1.9 veces hacia 2036, una magnitud relativamente cercana a la meta planteada. No obstante, esa aproximación debe ser leída con cautela, pues el resultado final dependerá de la combinación entre crecimiento real, inflación, tipo de
cambio, evolución de la población y comportamiento de los precios internacionales.
El núcleo del desafío se encuentra, por tanto, en la productividad. Considerando una población proyectada de 11,636,729 habitantes y una tasa de ocupación cercana al 47 % de la población total, la economía requeriría elevar de manera significativa el producto generado por trabajador ocupado. En términos generales, ello supone más que duplicar la productividad por ocupado hacia 2036, dependiendo de la evolución de la tasa de participación laboral, la ocupación efectiva y la calidad del empleo.
Esto significa que la meta no puede descansar solamente en incorporar más trabajadores al mercado laboral. También exige que cada trabajador produzca más valor, con mejores capacidades, mayor intensidad tecnológica, mejor organización productiva, infraestructura más eficiente y una estructura empresarial capaz de generar bienes y
servicios de mayor contenido de conocimiento, diferenciación y valor agregado.
En este punto, la discusión sobre Meta RD 2036 adquiere mayor densidad económica. No se trata únicamente de crecer más, sino de cambiar la composición del crecimiento. Una expansión apoyada de manera excesiva en sectores de baja productividad, empleo informal o actividades con escaso contenido tecnológico difícilmente permitiría sostener el salto requerido. La economía dominicana necesita ampliar sus encadenamientos productivos, diversificar su oferta exportable, mejorar la calidad de la inversión y elevar la productividad total de los factores.
En ese orden, los sectores de mayor peso en el valor agregado nacional tendrían un papel decisivo. La construcción, con una participación importante dentro de la actividad económica, requeriría recuperar y sostener un dinamismo compatible con una mayor eficiencia urbana, infraestructura resiliente y planificación territorial. El comercio,
por su parte, tendría que fortalecerse no solo por la vía del consumo, sino también mediante logística moderna, digitalización, formalización empresarial y aumento de la productividad en la distribución.
La industria constituye otro eje fundamental. Aunque mantiene una participación relevante en el valor agregado, su ritmo de expansión y su capacidad de innovación debe fortalecerse. Una estrategia de duplicación del PIB requiere una industria más integrada a cadenas de valor, con mayor incorporación tecnológica, capacidad exportadora,
productividad laboral y generación de empleos de calidad.
El sector agropecuario, aun cuando su peso relativo en el PIB sea menor que el de otros sectores, conserva una importancia estratégica por sus encadenamientos productivos, su impacto territorial, su contribución a la seguridad alimentaria y su capacidad de generar empleo rural. Elevar su productividad supone modernizar prácticas
agrícolas, mejorar infraestructura de riego, logística, financiamiento, asociatividad, innovación y adaptación climática.
Asimismo, el turismo continuará siendo uno de los motores relevantes de la economía dominicana, por su capacidad de generar divisas, empleos y demanda sobre otros sectores. Sin embargo, su contribución a una transformación productiva dependerá de la calidad de sus encadenamientos locales, la sostenibilidad ambiental, la diversificación de destinos, el aumento del gasto por visitante y la articulación con la producción nacional.
La meta también dependerá de variables macroeconómicas fundamentales. La inflación, la estabilidad monetaria, la tasa de cambio, la inversión extranjera directa, las exportaciones, el financiamiento internacional, el costo del capital, la deuda pública y la evolución del contexto global pueden facilitar o limitar el cumplimiento de los
objetivos trazados. Por eso, la estabilidad macroeconómica es condición necesaria, aunque no suficiente, para alcanzar el salto propuesto.
En consecuencia, la Meta RD 2036 demanda mucho más que una trayectoria favorable del PIB. Requiere políticas públicas coherentes, coordinación entre Estado y sector privado, inversión sostenida en capital humano, fortalecimiento institucional, innovación tecnológica, infraestructura productiva, seguridad jurídica, mejora regulatoria y una estrategia territorial que permita reducir brechas regionales.
La meta, por tanto, tiene valor como horizonte estratégico si se convierte en una agenda concreta de transformación. Su principal aporte consiste en obligar al país a mirar más allá del crecimiento de corto plazo y a preguntarse qué tipo de economía desea construir: una economía que simplemente aumente su tamaño o una economía capaz de
producir más valor, mejores empleos, mayor bienestar y una estructura productiva más compleja, competitiva e inclusiva.
En síntesis, duplicar el tamaño de la economía dominicana hacia el año 2036 no constituye únicamente un desafío cuantitativo de crecimiento. Es, sobre todo, un reto de transformación estructural del aparato productivo nacional. La verdadera medida del éxito no será solamente alcanzar una cifra de PIB más elevada, sino lograr que ese crecimiento se traduzca en productividad, empleos de calidad, mayor capacidad tecnológica, mejores ingresos y bienestar social sostenido.
El autor es economista.







