Miguel J. Escala
Me ha sorprendido gratamente la reacción de los lectores al artículo anterior sobre Disfrutar la tercera edad, en el que comentábamos los aportes de Skinner y Vaughan. He pasado muy buenos momentos leyendo los mensajes recibidos por WhatsApp y los comentarios publicados. Varios lectores me han dicho que descargaron el libro y que ya lo incorporaron a su agenda de lectura.
Gracias por sus reacciones y sus aportes, que me —nos— impulsan a seguir aprendiendo y a valorar cada vez más este espacio compartido.
Un amigo y antiguo jefe comentaba:
“Interesantísimo, Miguel. Es una lucha constante para mantenerse activo mental y físicamente. Todos los días son diferentes y deben serlo, aunque se vayan perdiendo ciertas destrezas. Lo importante es no dejar que se lo lleve a uno la corriente”.
Una antigua alumna y amiga aporta otra mirada igualmente lúcida:
“Vivimos una etapa en la que debemos superar estereotipos. Queremos vivir valorando lo que tenemos y rodearnos de ambientes con oportunidades, en lugar de centrarnos en las limitaciones. Tenemos que ordenar la vida a nuestro favor”.
Se nota que el concepto de “entorno protésico” ha calado. Y que su construcción es ya una tarea asumida por muchos. Una compañera de estudios lo ilustra con un ejemplo cotidiano y revelador:
“Hace unos días decidimos cambiar la butaca donde J. ve televisión, al notar lo incómodo que le resultaba levantarse. Nuestro hijo nos dijo que ya no era ni cómoda ni segura para esta edad. 😄 Adoptaremos el concepto de entornos protésicos para mayor bienestar… y hasta para reírnos de esta nueva manera de vivir”.
Y así, muchos otros comentarios: decisiones prácticas, proyectos iniciados, ideas en construcción. En la sección pública de comentarios del artículo anterior destaca uno muy especial, de Migdalia Martínez, exdecana de INTEC y jefa en mi última etapa profesoral:
“Hola, Miguel: mi comentario llega un poco tarde. Lo importante es que cada artículo resulta más interesante. Cada entrega la he disfrutado más de una vez. Gracias por compartir tus producciones”.
Gracias, de verdad, por permitirme seguir aprendiendo con ustedes y desde ustedes.
Tiempo para repensar
Cuando iniciamos esta serie, hace ya más de un año, no imaginábamos hasta dónde nos llevaría. Comenzamos con anécdotas, experiencias personales, frases familiares —como aquel “y lo que falta…” de mi padre—, y poco a poco fuimos entrando en un terreno más profundo: comprender mejor esta etapa de la vida que compartimos.
Ustedes han sido clave en este proceso. Me han llevado a pensar —treinta veces ya, y las que faltan— durante dos semanas para cada artículo. Sus inquietudes, sugerencias y comentarios se han ido transformando en propuestas concretas para seguir disfrutando esta etapa con espíritu de servicio, tomando decisiones estratégicas que nos permitan vivirla con sentido.
He dicho antes que quien más ha aprendido he sido yo. Hoy lo reafirmo. Pero no he aprendido solo: hemos aprendido juntos, en diálogo, incluso en los silencios. Y no lo oculto: aprendo, escribo, leo comentarios, vuelvo a aprender; me siento útil, sigo escribiendo y sigo aprendiendo. Esa es mi secuencia, compartida con ustedes, para construir días mejores en esta tercera edad —exitosa y vivida— que también me corresponde forjar.
Quizás ha llegado el momento de hacer una pausa, mirar el camino recorrido y organizarnos mejor. Este es el artículo #30, y no es casual que lo incorpore como parte del título; así seguiremos.
Así como yo me detengo a repensar lo escrito, les invito también a repensar lo que hacen con estos artículos, incluso quienes se integran ahora. Hay una lectora que mantiene una colección, incluso con sugerencias para la redacción.
He preparado un recurso que pueden solicitarme: el listado de los primeros artículos, organizado en cuatro columnas (número, título, fecha y enlace). Para mí ha sido parte de mi propio “entorno protésico”: una forma de recordar, organizar y dar continuidad. Ojalá también les sea útil… incluso para reírnos de lo que inventamos para seguir siendo funcionales y, por qué no, exitosos.
Desde luego, los que comienzan leyendo ahora o desde hace poco, se pueden valer del listado disponible para empatarse con esta trayectoria constructiva que iniciamos en febrero de 2025. Para nosotros todos los lectores son importantes, no importa cuando hayan comenzado.
Este recorrido puede verse como una especie de “diplomado abierto”, con 30 entregas hasta ahora —y las que faltan—, que cada quien puede seguir a su ritmo y según sus intereses.
Lo que hemos ido descubriendo…
A lo largo de estos artículos hemos ido construyendo, casi sin proponérnoslo, una comprensión más rica de esta etapa. En algún momento intentamos organizar estas ideas en un modelo con cuatro dimensiones y diez competencias, integrando tanto lo vivencial como lo teórico.
Con cierta curiosidad —y algo de temor— acudí a GPT para analizar los tres primeros artículos y valorar su coherencia y aporte. Le propuse revisar cuatro aspectos: contribuciones a un modelo, desviaciones, valor principal y competencias emergentes.
El resultado fue tan amplio que decidí no compartirlo completo ni seguir con los artículos restantes. Pero sí rescato algunas ideas que sintetizan lo descubierto:
- Lo “propio de la edad” no nos define, aunque nos acompañe.
- El lenguaje no es neutro: construye posibilidades o impone límites.
- El edadismo existe, muchas veces de forma sutil.
- No somos pacientes: somos sujetos en desarrollo que, a veces, somos pacientes.
- Pertenecer al grupo de adultos mayores no es una carga, sino una condición que podemos asumir con dignidad.
- El desafío no es vivir más, sino cómo vivir.
- Seguimos teniendo capacidad de aprender, decidir y aportar.
- Esta etapa no es un cierre, sino una reconfiguración.
- El “poco a poco” y la constancia hacen la diferencia.
Lo que hemos comenzado a construir
Más allá de modelos y categorías, lo esencial es que hemos empezado a delinear una manera distinta de vivir esta etapa. Una invitación a pensar, decidir y seguir aprendiendo. Esperamos haber generado algunos “dilemas desorientadores”.
Ese modelo de apoyo —con sus dimensiones y competencias— no pretende ser “el modelo”, sino un instrumento en construcción, flexible, abierto a revisión. Un medio para avanzar con mayor claridad. Porque, en el fondo, lo que estamos descubriendo es que esta etapa también se puede diseñar.
Lo que todavía falta… (y seguirá faltando)
Falta seguir dialogando con propuestas sólidas y estudios rigurosos que enriquezcan lo que venimos construyendo. Falta traducir estas ideas en prácticas cotidianas sostenidas.
Falta que cada quien defina sus metas y avance a su propio ritmo, sin comparaciones innecesarias. Falta ampliar esta conversación, llevarla a más personas.
Falta enfrentar el edadismo no solo afuera, sino dentro de nosotros mismos.
Falta incidir en la familia, en la sociedad y en las políticas públicas.
Falta no quedarnos fuera.
Y faltan, sobre todo, sus comentarios. Porque este no es el proyecto de un “gurú”, sino una construcción colectiva.
La llamada “tercera edad exitosa” no es un ideal lejano. Es un camino que se construye, poco a poco, con pequeñas decisiones, con nuevos aprendizajes, con ajustes inteligentes y con la voluntad de seguir estando presentes. Será exitosa, divertida y de servicio.
NOTA EXTRA: La semana pasada renové mi licencia de conducir. Todo duró 40 minutos, incluyendo tres pruebas: de visión, de audición, y de daltonismo. Por dos años, pero a mitad de precio y con tratamiento especial por mi edad.












Para Disfrutarlo ,reír e ir chequeando esa butaca de ver TV que se hace cada vez mas profunda ,los privilegios en los bancos y teatros nos están dando la señal que por lo menos a las mujeres nos cuesta aceptar.
Gracias Miguel.
Seguimos.