Por Federico Pinales
El presidente de Los Estados Unidos de Norteamérica está haciendo más daño al mundo y a sus propios electores, que la pandemia del COVID 19, porque con cada “estornudo” contamina al mundo entero por diferentes vías.
El COVID 19 solo lo hacía por la vía respiratoria y era prevenible si se seguían las recomendaciones médicas.
En el caso de Trump, no hay forma de que la humanidad pueda evitar ser gravemente afectada con la proyección y efectos negativos de sus irresponsables “estornudos”.
Ya está sobradamente demostrado que cada acción o pronunciamiento de este señor afecta la Salud y la economía de media humanidad, incluyendo, obviamente, à la República Dominicana, a donde el eco de esos “estornudos llegan más rápido, por su niveles de cercanía, dependencia y subordinación.
Los efectos de los últimos “estornudos” del presidente de Los Estados Unidos de Norteamérica no solo han dejado muerte y destrucción en el Medio Oriente, también han provocado el aumento de los precios del petróleo, lo cual perjudica la República Dominicana y a su población más vulnerable, y a todos los países importadores de petróleo, lo que se refleja indefectiblemente en los bolsillos, la alimentación, la salud y la transportación de todos los consumidores.
El Gobierno Dominicano ahora tiene los argumentos y las razones para revertir esos efectos negativos generados por los aumentos en los precios del petróleo.
Pues sucede que las mismas causas que están elevando los precios de los combustibles fósiles, también han aumentado los precios de la onza de oro, lo cual, en justicia, debe beneficiar a la República Dominicana de manera automática, en la misma proporción y con la misma rapidez que se aplican los efectos del petróleo.
En el presente caso las calles deben ser de doble vías, para que haya justicia algún día, convirtiendo así los beneficios extra del oro en la vacuna contra el virus del petróleo provocado por la irracionalidad de un presidente que no piensa en la gente, porque solo tiene en su corazón y en su mente, el espíritu de soberano delincuente, arrogante y prepotente.
Como nació dentro de la nobleza, a Donald Trump la vida humana no le interesa y maneja a la nación como si fuera su empresa.
Es por eso que cuando tose, estornuda o bosteza toda la humanidad se estresa, porque con cada acto agudiza la pobreza, mientras a él le sirven caviar en la mesa.
Ayer fue Venezuela, hoy es Irán.
Y mañana, ¿cuales serán?










