Por Hirán Sánchez Melo
Recientemente, el Banco Central de la República Dominicana informó, a través de sus boletines estadísticos y medios de circulación nacional, un aumento interanual promedio de 133,915 nuevos ocupados netos durante 2025, elevando el total promedio de personas ocupadas a 5,139,951 personas.
En ese contexto, utilizando las estadísticas de la Encuesta Nacional Continua de Fuerza de Trabajo (ENFL) correspondientes al período octubre–diciembre de 2025, y en comparación con igual período de 2024, se examina la evolución de los ingresos laborales y su distribución entre la población ocupada perceptora de ingresos, que es el universo utilizado por la ENFL para la medición de masa salarial y deciles distributivos.
En efecto, al cierre de 2025 se registraron 5,106,569 personas ocupadas perceptores de ingresos, lo que representa un aumento de 114,508 empleos respecto a diciembre de 2024, cuando la ocupación ascendía a 4,992,061 personas, equivalente a un crecimiento interanual de 2.3%. Este comportamiento confirma una expansión sostenida del empleo, coherente con la dinámica de crecimiento económico observada durante el período.
Desde la perspectiva de los ingresos laborales, la masa salarial mensual total se incrementó en 8.0% durante 2025. De este aumento, aproximadamente 7.8% se explica por el incremento del ingreso promedio por hora trabajada, mientras que el componente asociado al volumen de horas trabajadas presentó una contracción de 2.04%. Cabe precisar que los ingresos por hora reportados en la ENFL corresponden a valores nominales, al no encontrarse deflactados por inflación en los tabulados oficiales. Este comportamiento indica que el crecimiento de la masa salarial estuvo impulsado fundamentalmente por mejoras en la remuneración por hora, más que por una intensificación del uso del factor trabajo.
En cuanto a la distribución del ingreso laboral, se observa un leve deterioro en los indicadores de desigualdad, al aumentar el coeficiente de Gini de 0.30 en 2024 a 0.35 en 2025, lo que refleja una mayor concentración relativa de los ingresos, pese al crecimiento agregado de la masa salarial.
No obstante, el análisis por deciles muestra una dinámica más matizada. El decil de mayores ingresos redujo su participación en el ingreso total en 1.87 puntos porcentuales, mientras que el decil de menores ingresos apenas experimentó un aumento marginal de 0.02 puntos porcentuales. Por su parte, los estratos medios de la distribución —correspondientes a los deciles cinco al ocho— fueron los principales beneficiarios del crecimiento salarial, al incrementar conjuntamente su participación en el ingreso total en 1.52 puntos porcentuales, lo que sugiere una mejora relativa de los ingresos de la clase media ocupada, aunque sin una reducción sustancial de la desigualdad general.
Al analizar la estructura por rama de actividad, el sector industrial generó el 10.9% de la masa salarial total en 2025. Sin embargo, fue el sector comercio el de mayor participación, con 18.42% del total de los ingresos salariales, seguido por otros servicios con 14.6%. Resulta particularmente relevante el comportamiento del sector enseñanza, cuya masa salarial representó 8.72% del total, con un ingreso promedio mensual por ocupado de 37,242 pesos.
El sector con mayores ingresos promedio por trabajador fue el de servicios financieros y especializados, con 45,982 pesos mensuales, pese a representar apenas 4.4% de la masa salarial total. En contraste, el sector agropecuario, aunque importante en términos de empleo rural, aportó solo 3.9% de la masa salarial y presentó el menor ingreso promedio por ocupado, con 16,930 pesos mensuales, reflejando su bajo nivel de productividad y valor agregado.
Desde la óptica ocupacional, la distribución del ingreso muestra una leve mejora, al reducirse el coeficiente de Gini de 0.319 en 2024 a 0.312 en 2025. Este resultado se explica por el aumento en la participación de los trabajadores no cualificados, que pasó de 10.27% a 11.46%, junto con la reducción de la participación de los profesionales e intelectuales, de 18.4% a 16.55%, y el incremento de los gerentes y administradores, de 7.17% a 8.55%, así como mejoras en los ingresos de operarios y artesanos.
En términos de creación de empleo, de los 114,508 nuevos ocupados generados entre octubre y diciembre de 2025 respecto a igual período de 2024, el 34.9% corresponde a trabajadores no cualificados, mientras que los empleados de oficinas y de servicios concentran conjuntamente el 63.23%. Por su parte, los gerentes y administradores representan 16.7% del empleo creado y los técnicos medios 8.64%. Esta composición evidencia que la mayor parte del empleo generado se ubica en actividades de baja productividad y reducido valor añadido.
Sectores con alto potencial de encadenamiento productivo, como el agropecuario, no solo mostraron escasa generación de nuevos puestos, sino incluso una reducción del empleo, acompañada de una caída de 0.47 puntos porcentuales en su participación en la masa salarial, lo que refleja pérdida relativa de valor agregado en su contribución económica.
El sector hoteles, bares y restaurantes —vinculado al turismo— alcanzó una participación de 7.9% en la masa salarial en 2025, superior al 7.23% de 2024, con ingresos promedio por ocupado de 24,613 pesos mensuales, ubicándose en niveles intermedios dentro de la estructura salarial. Por debajo del sector industrial, que concentró 10.91% de la masa salarial, con ingresos promedio de 30,867 pesos, coherentes con su mayor aporte al valor agregado del PIB. Aunque el turismo es estratégico por su generación de divisas, su impacto salarial continúa siendo relativamente moderado.
En suma, la economía dominicana mantiene una dinámica positiva de creación de empleos y expansión de la masa salarial; sin embargo, la estructura de los nuevos puestos se concentra mayoritariamente en sectores de servicios y en ocupaciones no cualificadas, lo que limita el potencial de mejoras sostenidas en los ingresos reales y en la reducción de la desigualdad.
De ahí la importancia de orientar el modelo de crecimiento hacia actividades de mayor productividad y valor añadido, capaces de generar empleo cualificado, mejor remunerado y con mayor capacidad de transformación estructural, como vía fundamental para fortalecer la movilidad salarial y el bienestar económico de largo plazo.
Bernardo Hirán Sánchez Melo es economista.






