Por Yancen Pujols
A Vladimir Guerrero Jr. se le fue un rodado de frente, quizás era duro, pero de frente y esas jugadas hay que hacerlas o se paga por ello.
El introito es en sentido figurado, en alusión a la situación que vivió la pasada semana tras unas declaraciones innecesarias que fueron virales y en el cuadrante negativo.
Nada peor para un atleta que ser noticia por una controversia en una campaña de pobre rendimiento en el terreno.
Guerrero Jr., tercera base de Toronto, ante la pregunta de la comunicadora Verónica Batista, del programa Fuera de Liga, sobre su alto salario y bajos números en la actual contienda, respondió que “el dinero que a mí me dieron no fue lo que voy a hacer, fue por lo que yo hice. A mí no me pagaron porque yo voy a dar 40 (jonrones) todos los años”.
Esas palabras llegaron con combustible a las redes y en poco tiempo había un incendio.
Ese corte de la entrevista salió un martes y el miércoles Guerrero Jr. volvió a poncharse, porque en Baltimore dijo: “no, no me arrepiento. No estoy mintiendo con lo que digo. Entiendo a algunos fanáticos, no entienden la forma y lo que trataba de decir específicamente, pero lo que dije es cómo me siento”.
Ese fue otro balde de gasolina para un fuego que se había extendido por muchas hectáreas de la parcela beisbolera.
Un pelotero sumido en su peor año en mucho tiempo, apenas nueve jonrones, .260 de promedio y un OPS de .688, que no da ni para sal, lo menos que debe reconocer es que no rindió lo esperado y que hará todo lo posible por mejorar en lo inmediato.
Una temporada de esa naturaleza no se justifica, mucho menos cuando el salario de 2026 es de 40 millones de dólares. No menos importante, los equipos dan contratos a largo plazo, porque proyectan que lo que se ha ejecutado tiene probabilidades altas de repetirse.
A Vladimir Guerrero Jr., de 27 años, le dieron 500 millones por 14 años para que sea el mejor pelotero de Toronto y a la vez un líder en la cueva.
Él es original de la organización, es cierto , pero la apuesta es a futuro.
Por más avezado que se sea, y no es el caso de Vladimir Guerrero Jr., algo de la contratación tiene que ver con aportes a mediano y largo plazo.
Ante la ola de cuestionamientos, muchos de ellos de los medios de los Estados Unidos y de Canadá, Vladimir Jr. se vio en la obligación de dirigirse a la prensa en Toronto el pasado viernes y disculparse.
En sus palabras, reveló que su padre, el inmortal Vladimir Guerrero, lo llamó para que reconociera que se había equivocado.
“Siento que los comentarios que hice el otro día no son lo que en verdad quería decir. Todos merecen una disculpa de mi parte. Quiero decirles a todos que seguiré trabajando duro para hacer que mi contrato sea uno grandioso”, añadió.
Por suerte para el antesalista, su progenitor se dio cuenta del yerro y le solicitó que se retractara.
En este mundo de redes sociales las informaciones vuelan y más las de ese tipo.
A Vladimir Jr. debe quedarle como lección que sus palabras tienen un peso específico, que su contrato es para producir por lo alto y, por qué no, una asesoría en comunicación, porque es mejor levantar la mano y admitir, que tratar de defender lo indefendible.
Ese código no se rompe.




