domingo, mayo 26, 2024

Vendrán tiempos peores 

POR SANTO SALVADOR CUEVAS

El país entero acaba de ser testigo de un récord "en la precipitación pluvial, jamás vista en la República Dominicana".

Es decir, nunca antes en la historia nacional había caído tanta agua en tan poco tiempo.

20 horas de lluvia ininterrumpidas fueron suficientes para la "caída de 431 milímetros de agua", superando "el récord de 266 milímetros" registrados hace apenas un año, el 22 de noviembre del 2022.

Ninguna película de terror supera las consecuencias de este evento atmosférico, con una cadena que superó las 30 personas fallecidas en San José de Ocoa, Barahona, San Juan, Manoguayabo, el Distrito Nacional, el Gran Santo Domingo, San Francisco de Macorís, etc., el desplome de varias edificaciones públicas, más de 4 mil viviendas afectadas, suspensión del servicio de agua potable, cientos de vehículos arrastrados por las aguas y el  incuantificable daño a la agricultura.

El cambio climático

En un país donde el oficialismo invierte más de 8 mil millones de pesos en publicidad, se puede decir que la ausencia de información sobre la inminencia de este evento es el fruto, o de que todo el mundo fue tomado de sorpresa, o de que fue subestimado su alcance y magnitud.

En cualquiera de los casos queda expresado que los funcionarios del gobierno andan en otra cosa, descuidando sus responsabilidades.

La ausencia de unas orientaciones mediáticas, activas y sistemáticas, dejó consigo a toda una población desprevenida a la que esta tormenta "agarró asando batatas".

Si en el 2022 se estableció un récord en la precitaciones de agua sobre el territorio nacional, y apenas un año después ese récord es casi redoblado, entonces, eso significa que van en ascenso los disturbios atmosféricos.

Es que las causa de este dislocamiento está en el cambio climático, fruto de la acción irresponsable del poder económico y político sobre el planeta; sobre todo de aquellas potencias que, con su poder industrial, generan mayor cantidad de gases de efecto invernadero, con el uso de combustibles fósiles, así como la falta de educación y control de vehículos que generan en abundancia, el llamado dióxido de carbono.

Todos esos componentes juntos constituyen la bomba de tiempo que viene destruyendo la "Capa de Ozono" que, en su ausencia, permite la penetración del calor que emana el sol sobre la tierra, lo que provoca el deshielo de los glaciares, ubicados en millones de kilómetros en cada uno de los polos: Polo Norte y Polo Sur.

El descuido a desnivel de la 27 de Febrero con Máximo Gómez.

Si bien es cierto que todo cuanto aconteció con la precipitación de tantas aguas impactó o creó todos estos eventos, no menos cierto es que el desplome de la pared, en el paso a desnivel de las avenidas Máximo Gómez y 27 de Febrero, pudo verse evitado si el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones tomara notas de las advertencias que le hiciera el 26 de enero de este año el señor José Utecho, y desde 1999, el geólogo Osiris de León, sobre vicios en dicha construcción.

Un poquito "de oídos en el corazón del pueblo", nos hubiese evitado contemplar el aplastamiento de más de 10 vehículos cargados de dominicanos, que se desplazaban sin pensar que la muerte pisaba sus talones.

Lo que se impone

Debería ser obligatorio, amparado en una Ley que emane del Congreso Nacional, la supervisión cada año de todas las edificaciones públicas, estableciendo con ello un régimen de consecuencias al descuido y la irresponsabilidad de un cuerpo de funcionarios que se creen por encima del bien y del mal, y que tienen la creencia de que basta con el control de los medios publicitarios, para hacer pasar una mentira como verdad.

Como vendrán tiempos peores, a causa del ya mencionado cambio climático, el poder político tiene que accionar en la dirección adecuada, para que no asistamos a tragedias como la que acabamos de sufrir.

Santo Salvador Cuevas
Santo Salvador Cuevas
Quien escribe es militante social de larga data, egresado con honores de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) licenciado en Filosofía y Letras, con residencia en el municipio de Tamayo, al Sur del país.

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