Un amor suicida que conmovió al barrio Cancino II

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Por Emiliano Reyes Espejo

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La inesperada presencia de patrullas policiales alarmó la tranquilidad del residencial. La situación alteró el modo de vida de pequeños burgueses, profesionales, militares, policías y de dominicanos radicados en Nueva York que residían allí, y que fueron asentados con sus familias en este proyecto modélico del Estado, en el residencial Cancino II, Santo Domingo Este.

El gobierno de entonces, presidido por el fenecido presidente Antonio Guzmán, dispuso entregar a distintos grupos definidos de la sociedad, este sector  construido de edificios de tres y cuatro pisos, con todos los servicios (agua, luz, cancha deportiva y recogida de basura), colindante con el “residencial de los militares, Los Trinitarios”, que es una iniciativa del gobierno del presidente Joaquín Balaguer. La nueva barriada colindó también con el sector Juan Pablo Duarte, Narcisa y el antiguo asentamiento de negros, conocido como “Mandinga”.

El lugar tuvo la particularidad de que fue entregado a grupos profesionales: médicos, periodistas, abogados, enfermeras, policías, militares y a dominicanos que residían mayormente en Nueva York, sin importar simpatía política.

El otrora Instituto Nacional de la Vivienda (ahora INAVI) fue la institución encargada construir y de hacer las asignaciones. El proceso de selección de los beneficiarios se realizó con un alto sentido de profesionalidad. El proceso se registró a través de instituciones y entidades gremiales, tales como asociaciones médicas, abogados, periodistas, enfermeras, bioanalistas y de empresas privadas. También, a servidores públicos, de la Lotería Nacional, Banco Agrícola, la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), los institutos castrenses (fuerza aérea, marina de guerra, ejército) y policías.

A cada institución o gremio se le asignó un lote de apartamentos, lo cual permitió ubicar juntos en uno o dos edificios, en un área específica, por ejemplo, a periodistas, a enfermeras, abogados, etc.

Los beneficiarios fueron sometidos de manera individual a una exhaustiva investigación sociológica y socio-económica. La medida permitió determinar la necesidad real del agraciado del inmueble. Cada apartamento tiene tres habitaciones, agua, luz, un baño, cocina, sala amplia, parqueo, balcón y otras comodidades.

Rompe esquema de corrupción

Las asignaciones gozaron de amplia aceptación de la sociedad, debido al método de selección utilizado. Con el mismo, el Estado rompió un esquema de corrupción, que consistía en entregar viviendas a sectores privilegiados, especialmente a dirigentes políticos, jerarcas militares y policiales, los cuales casi siempre, lograban que se les asignaran dos, tres y en casos especiales, hasta cuatro apartamentos por cada asentamiento.

Los jóvenes de las familias que se mudaron a Cancino II parecían felices, encontraron allí una cancha mixta (baloncesto y voleibol) y en Los Trinitarios está el mejor estadio de béisbol que existía en la zona. En ese estadio llegaron a practicar glorias del béisbol de Grandes Ligas, David Ortiz y Alberto Pujols, dos miembros al Salón de la Fama; los pitcher , Dámaso Marte, de los Yankee, el inmortal José Lima, y Tirso Brito, el hijo del barbero, entre otros grandes del juego de pelota en el país. Allí, a escaso metros de ese play, además, nació la figura inmortal de Octavio Dotel, destacado relevista que falleció a destiempo en la tragedia del Jet-Set. Mientras en el play de Los Trinitarios iban a practicar peloteros que luego fueron destacados jugadores de las Grandes Ligas, y que acudían allí a realizar torneos entre equipos, la juventud de Cancino II practicaba intensamente baloncesto y voleibol, llegando a convertirse en campeones en los intercambios barriales. En el nuevo sector emergieron también jóvenes que se interesaron por la música, mientras otros se inclinaron por los estudios universitarios, y algunos, incluso, son ahora reputados profesionales, especialmente de la medicina.

La manzana podrida

Pero todo no fue color de rosa. En Cancino II se mudaron jóvenes provenientes de familias que residían en Nueva York, sus padres habían comprado apartamentos en el residencial. Algunos de estos jóvenes, que ya venían infectados por los vicios en la urbe neoyorquina, se integraron a todas las actividades juveniles del barrio, destacándose en las prácticas deportivas.

Las iglesias, particularmente la parroquia Santa María Reyna de la Iglesia Católica en Los Trinitarios, hicieron su trabajo, logrando integrar a una gran cantidad de jóvenes en sus prácticas religiosas y culturales. Pero un hecho conmovedor oscureció esa labor pastoral. La misteriosa desaparición de un joven activista de los Catecúmenos católicos, el cual hasta “el sol de hoy” no se ha vuelto a saber de aquel valioso prospecto de la juventud católica, de nombre Wagner. El aciago hecho conmocionó, no sólo a los jóvenes del sector, sino también de todo el país, los cuales lloraron de manera desconsolada tan valiosa pérdida.

Las situaciones que se presentaron en el sector, con incursiones incluso violentas de jóvenes de otros barrios, comenzaron a cambiar el idílico panorama que vivía la juventud de Cancino II. Lo que comenzaba como intercambios deportivos o artísticos en la cancha del lugar, terminaba con fuertes enfrentamientos a trompadas, piedras y a veces hasta tiros.

Sustancias prohibidas

Las cosas cambiaron. Allí comenzaron a ocurrir pequeños robos de accesorios de vehículos, escalamientos de apartamentos y penetración y pequeños negocios y tiendas del lugar. El sector estaba en vilo, una noche entraron a una tienda de artículos del lugar y prácticamente cargaron con todo.

Entre los residentes se rumoreó que, sustancias prohibidas comenzaron a impactar a jóvenes del barrio, lo que dio lugar a incursiones periódicas de operativos de organismos antidrogas.

Los moradores comenzaron a sentirse abrumados. A Rogelio, que residía frente al parquecito y la cancha, lo tenían “al coger el monte” con el robo de los accesorios de su vehículo. Una noche decidió montar una vigilancia armada y en la madrugada vio a una persona que saltó sobre su verja y se aproximó a su vehículo. En eso rastrilló su arma y encañonó al desconocido para dispararle, pero cuando observó, determinó que se trataba de Danielito, un joven del vecindario.

-“Coooño muchacho, casi te mato, tú eres que nos estás robando, oye esa vaina; maldición coño, por un poquito te disparo, me ibas a desgraciar la vida…”.

Danielito, impertérrito, no pronunció ni una sola palabra, saltó el enrejado y se marchó. Rogelio llamó a la policía y al lugar se presentó una patrulla, la cual, tras escucharlo, decidió allanar el apartamento donde residía el joven.

La patrulla entró sigilosamente a la vivienda de Danielito, ubicada en un tercer nivel de un edificio cercano al de Rogelio. Los agentes temieron caer en una trampa, rastrillaron sus armas y avanzaban por los escalones del edificio.

La puerta del apartamento de Danielito estaba abierta “de par en par”. Los policías entraron y ¡oh, sorpresa!, éste dormía profundamente, estaba, como se dice, “en el quinto sueño”. Los agentes intentaron despertarlo, pero no reaccionó. Hubo un momento en que se creyó que había muerto, pero no, uno de los policías, el más veterano, espetó: -“No, no, está vivo, óye los ronquidos, él se está haciendo el muerto…”.

La otra sorpresa fue cuando encontraron un arma y la mayor parte de las mercancías, accesorios de vehículos y otros artículos robados en viviendas y negocios del sector.

Cuando Danielito fue interrogado, éste delató a todos los otros jóvenes que supuestamente les acompañaron en los ilícitos. A partir de estas informaciones, la policía se presentaba a las viviendas de los jóvenes y los apresaban, montándolos en la parte trasera de una camioneta. Los residentes de Cancino II observaban desconsolados como sus mejores jóvenes, deportistas y muchos buenos estudiantes, caían uno tras otro, en manos de la ley. A muchos padres eso les rompió el corazón. No entendían lo que estaba pasando, no concebían que sus hijos, criados pulcramente, participaran en malas andanzas.

La mala influencia

Danielito había regresado hacía poco desde Nueva York y vivía sólo donde fueron encontrados los objetos robados. Su madre, dueña del apartamento, lo envió a vivir allí porque no soportó más sus andanzas con pandillas de la gran urbe.

Al llegar a Cancino II, Danielito se convirtió en un pequeño líder de los jóvenes del barrio, donde aportaba para la compra incluso de utensilios deportivos.

Al destaparse el escándalo, Pedro se enteró de las visitas policiales, entonces llamó a su hijo Melvin, a quien encaró junto a su madre: -“Dime, muchacho del diablo, si tú estás ligado con esos robos, dímelo para yo entregarte ahora mismo, antes de que esa gente venga aquí, yo me moriría de vergüenza”. –“Yo soy un hombre serio y no quiero ver a policías allanando mi casa”. Melvin juró a sus padres que él no estaba mezclado con esos delitos, conocía a los muchachos y jugaban juntos en la cancha, pero que no se involucraba en eso. Y así fue, la tranquilidad familiar estuvo presente, las autoridades nunca se acercaron para ningún reclamo.

No ocurrió lo mismo con Alcardito, un joven prospecto de locutor en el barrio. La policía lo apresó y lo paseaba por las calles del barrio en la parte trasera de una camioneta. En eso pasaron frente a la casa de la novia de éste, con la esposa colocada a su espalda. La vergüenza lo atormentó. La novia, ubicada en el balcón de su residencia, vio aquel drama e irrumpió en llantos. El amor de su vida era conducido esposado en la parte trasera de una destartalada camioneta policial. Él miró hacía el balcón y no soportó verla, y de manera sorpresiva se lanzó del vehículo. Un grito expectante se escuchó a unísono entre las gentes que veía desde las calles el operativo policial: -¡Ay Dios mío, se mató ese muchacho!

La patrulla recogió rápidamente el cuerpo del joven, lo tiró en la camioneta y se marchó raudo del lugar. Los residentes protestaron, entendieron que fue una provocación y un abuso de los agentes policiales.

Pocos días después, Alcardito retornó a su hogar, ya recuperado. En los interrogatorios, la fiscalía y la policía confirmaron que él no estaba involucrado en los robos. La mención que Danielito hizo de éste y otros jóvenes resultaron falsas.

Alcardito siguió siendo el joven querido del barrio y el más amado de su novia, por la cual intentó suicidarse.

Al tiempo llegaron reportes de prensa al sector que lo destacaron como un excelente animador de espectáculos artísticos, en un lujoso hotel de la emblemática zona turística de Punta Cana.

*El autor es periodista.

Emiliano Reyes
www.ereprensa.blogspot.com

Emiliano Reyes
Emiliano Reyes
Periodista y Gestor de relaciones públicas

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