jueves, abril 25, 2024

Torpeza en la diplomacia

POR SANTO SALVADOR CUEVAS

Todavía a tres años de ser designado en el Ministerio de Relaciones Exteriores, es imperceptible el rol en su función, del señor Roberto Álvarez Gil y no se destaca ningún punto luminoso, en las tareas diplomáticas del país.

El acto más elevado de esta gestión en el exterior ha sido un pacto cuasi secreto, firmado por este gobierno con el presidente haitiano Jonel Moïse, pacto en el cual han metido al país en tremendo lío.

El argumento defensivo del primer ministro haitiano, para reclamar su derecho a la construcción de un canal para desviar las aguas del Río Masacre, es precisamente reivindicar aquel acuerdo secreto de 2021.

Asimismo, con esos ribetes de torpeza la diplomacia dominicana se mantuvo diciendo al mundo hasta hace poco, que "el gobierno de Haití nada tenía que ver con la construcción del canal, sino que es obra de las pandillas incontrolables, que controlan ese territorio".

Fue el mismo primer ministro haitiano que desautorizó a la diplomacia de este país al reivindicar el "derecho al uso equitativo de las aguas binacionales" del río Masacre.

La falta de luz en el manejo diplomático con Haití se reflejó en las plenarias de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en donde el presidente de la República Luis Abinader sigue centrado en repetir la necesidad de una intervención militar sobre el territorio haitiano, desaprovechando la oportunidad de provocar una reunión con el ministro de Haití en pos de que Haití respete el derecho que tenemos los dominicanos sobre el Río Masacre.

Asimismo, el carácter secreto de ese pacto entre los gobiernos de ambos países en 2021, no fue refrendado por el soberano en Santo Domingo, lo que le hace un pacto contrario a las leyes y al interés nacional.

Tan solo por ese pacto firmado a espalda de la Nación, el señor Roberto Álvarez Gil debe ser destituido del puesto y sometido por el Congreso a juicio político.

El gobierno dominicano debe agilizar el paso.

Haití no solo es pobreza, sino que ha logrado convertirse en la víctima de la comunidad internacional.

Si miramos el curso de las relaciones Dominico-haitianas de los últimos años, no solo nos encontramos con el show de una estudiante que en una universidad de Estados Unidos trató de ridiculizar al presidente dominicano en una acción en defensa de Haití.

Al mismo presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, le vimos en una ocasión tomar partido a favor de Haití.

La misma "Comunidad Internacional", donde la diplomacia dominicana en forma recurrente pide una "intervención en Haití", es la misma que emplaza al país nuestro, a asumir como suya la crisis alimentaria y política que afecta al pueblo haitiano.

Si no hay salida inmediata al cierre de la frontera, en los foros internacionales nos vamos a quedar solos, y si esperamos una crisis en el campo militar, entonces podemos ser testigos, no solo de una "intervención en Haití", sino también de una intervención en territorio dominicano, donde fuerzas extranjeras tomen control del río Masacre, mientras el caso se lleva a un arbitraje.

Las cosas no son tan simples y esto puede llevar nueva vez a la pérdida de trozos en kilómetros de parte del territorio nacional.

Cuando se firmó el pacto entra los gobiernos de ambos países en el 1929, los dominicanos entregaron el 8% del territorio nacional a los haitianos y cuando ese pacto fue ratificado por el presidente Rafael Leónidas Trujillo Molina en 1936, de nuevo República Dominicana cedió a Haití otro trozo del territorio nacional.

Ahora, el camino más idóneo es buscar la manera de restablecer el intercambio transfronterizo. El cierre de la frontera por tiempo indefinido es una acción de torpeza diplomática.

Hay que ceder o rectificar, para tener fuerza moral en la defensa al derecho que nos compete como propietarios que somos del río Dajabón o Masacre.

Santo Salvador Cuevas
Santo Salvador Cuevas
Quien escribe es militante social de larga data, egresado con honores de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) licenciado en Filosofía y Letras, con residencia en el municipio de Tamayo, al Sur del país.

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