Roberto Santana reniega de la política partidista. Dice que está demasiado lejos de lo que una persona decente tiene para su comunidad y para su país

Santana habla de una dura infancia, las persecuciones durante el gobierno de Balaguer y su carrera universitaria

El ex rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) Roberto Santana Sánchez, aseguró que en la República Dominicana todos los partidos tradicionales lidian con el narcotráfico.

“Todos los partidos tradicionales, todos, sin excepción”, respondió Santana al ser entrevistado por Pronosticamedia, cuando se le planteó la cuestión de los narcotraficantes en la política.

Al profesional se le preguntó si en algún momento podría optar por la Presidencia de la República y aseguró que “Yo no me veo sentado con gente que comercia con drogas, que está matando a la juventud dominicana. No me vislumbro sentándome con ellos para que 20 o 200 puntos de drogas le hagan campaña política a Roberto Santana. Mi alma no me alcanza para eso”, aseguró.

Aunque no descartó la posibilidad de aspirar algún día a la Presidencia de la República, pues nadie puede “escupir para arriba”, dijo que si para ser candidato y estar en un partido tiene que hacer eso, pues, prefiere no serlo.

A continuación, la entrevista completa:

Eres de San José de Ocoa, concretamente de El Narajal, ¿Cómo fueron tus primeros años ahí?

Yo soy el primer hijo, el mayor del matrimonio de Roberto Santana, agricultor, comerciante y de Thelma Sánchez, maestra. Papá era del mismo Naranjal y mamá era de Nizao, de Ocoa, es un campo que queda saliendo de Ocoa hacia Rancho Arriba y que tiene su nombre con motivo de su río homónimo, igual que tiene Nizao allá abajo por San Cristóbal y Baní.

Nací ahí, dice mamá, el 13 de noviembre del 1951, pero papá bajó de la montaña al pueblo, el 13 de junio del 1952 y me declaró ese día.

¿Cómo pasaron tus primeros años?

Bueno, iba a la escuela, buscaba agua y a lo que me mandaran. Debía tener ya como seis años, cuando ya iba a buscar agua a “El Pozo de Isidro”, que estaría a más o menos dos kilómetros y medio de la casa. Para esa época se usaban barriles de madera. Después se usaban latas,

¿Con que medio hacía esa labor?

En un burro. Había otro lugar llamado el arroyo. Y otro lugar hacia el Este, llamado “Los Brea”. Ninguno de estos lugares estaba a menos de dos o tres kilómetros.

También buscaba leña para cocinar, principalmente de tarde o los sábados y bregaba con los animales. Los mudaba para ponerlos a comer hierba y en los tiempos de siembra y cosecha ayudaba también.

Pero ya cuando tenía más edad, quizás ocho años, los niños recogíamos el maní, o arrancábamos habichuelas o cosechábamos papa. En ese tiempo no se oía eso de explotación infantil (Risas).

Después no sé qué pasó. Papá dejó de sembrar papas en El Naranjal, quizás por el mal tiempo y empezó sembrar por La Horma. Eso es de camino a Valle Nuevo.

¿Y qué de la escuela?

Hice el primero y el segundo de primaria en El Naranjal. Entré a los cinco años y a los siete, cuando ya había terminado el segundo curso, mi papá y mi mamá me mandaron a vivir al pueblo de Ocoa, con la mamá de mi papá, que era mi abuela, Alida.

Pero el ambiente del pueblo no me gustaba. Yo estaba muy apegado a mi mamá y a mi papá. Era muy niño, o lo que fuera. Y un día le dije: “Papá sáqueme de la escuela. Yo no quiero vivir en el pueblo”. Él me llevaba los lunes por la mañanita y yo estaba ahí hasta el viernes. Los viernes en la tarde él iba en un caballo y me recogía y me llevaba para el campo otra vez a estar con mi familia.

Entonces él me dijo: “-No te puedo sacar de la escuela, porque si te saco de la escuela el Gobierno me mete preso”. Y Yo le dije: “No, no, no… es que no quiero seguir viviendo en el pueblo, porque hay mucho calor y muchos mosquitos”. En El Naranjal, quizás por el frío, no había mosquitos.

Entonces él me dijo: “-Tú te atreves a ir todos los días a la escuela desde El Naranjal”. De inmediato le dije que sí, que iba y venía diario. Yo, un muchacho con sólo siete años. Bueno, para tu información, a la semana siguiente mis padres me mandaban al pueblo solo, todos los días en un burro. Y tuve así desde los 7 años hasta el tercero del bachillerato.

Ahora pienso en eso y de verdad que era un espectáculo. Recuerdo que era muy flaquito y me decían saco de huesos.

Yo en ese burro con un bendito uniforme manga larga. A las mangas les hacían tachones, porque me quedaban grandes. Y para colmo tenía que ponerme una corbata, porque los muchachos usábamos corbata para ir a la escuela. El uniforme era de color caqui, corbata negra y un gorro. Yo recuerdo eso.

No recuerdo haberme visto en un espejo, pero yo me supongo cómo me veía (Risas) Dios mío, entonces me decían: “-ahí va el saco de huesos”, este muchacho con siete años en ese burro por todos esos caminos cruzando un río y todo eso.

¿Cómo hacía esa ruta, si tenía además que buscar agua y hacer otras labores?

A la escuela se entraba a las ocho de la mañana, pero antes de salir para a la escuela, yo tenía que salir a buscar el burro a la cerca, al potrero que me quedaba como a kilómetro y medio, un poco más un poco menos, lo amarraba en un sitio llamado El Coco. Me iba con mi machete a las cinco y pico de la mañana, cortaba la yerba de guinea, la doblaba, la metía en las árganas y volvía a la casa. Recuerda que yo era el mayor de los hijos, entonces tenía que desmontar la carga al burro para salir al arroyo, que estaba como a dos kilómetros, para cargar el agua y debía dejar el tanque, uno
de esos de 55 galones, por la primera seña, para que no falte agua en la casa y si había tiempo dar dos viajes rápidos para cocinar y limpiar la casa.

Después que yo daba ese viaje de agua, todo quedaba mojado y recuerdo que tenía un saco de esos que decían 320 libras, que traían azúcar y lo ponía encima de las árganas y la hierba para que no se me moje el uniforme. Cuando llegaba al pueblo le quitaba la carga al burro y le daba su hierba para que comiera en el solar donde lo dejaba, mientras yo recibía clases. Como ese terreno estaba a la entrada de Ocoa, tenía que caminar a pie como otro kilómetro para llegar a la escuela Julia Molina, que después se llamó Luisa Ozema Pellerano. Eso era muy duro.

El tema es que, si esa ruta hubiese sido de tres kilómetros planos, no fuera nada, pero tres kilómetros de loma, eso no es cualquier cosa, tres kilómetros más después que tú entras al pueblo, otro kilometro más, total era casi cinco kilómetros diarios, que con la vuelta a casa eran 10 kilómetros.

Así crecí y estudié. Me hice fuerte. A los 14 años yo era un agricultor, un tipo fuerte. Yo me tiraba un quintal de lo que fuera, de papa, de habichuelas, de lo que fuera, yo me lo tiraba encima.

Bueno, cuando estoy en tercero del bachillerato, y voy para el cuarto, yo le digo a papá y a mamá que quiero hacer ser el cuarto de matemáticas, que quería estudiar arquitectura. ¿No sé de dónde me salía eso? pero en Ocoa no había Cuarto de Matemáticas. En el liceo sólo daban Cuarto de Ciencias Naturales o de Filosofía y Letras.

Les dije a ellos que yo tenía esa afición por la arquitectura y por las matemáticas. No sé si era que yo le estaba huyendo a los rigores del trabajo agrícola en el campo, porque ya por mi edad, cuando yo tenía 13 años, no te voy a decir 12, pero 13, ya yo tenía una jaula de papa de un quintal en los hombros. O sea, en ese tiempo un muchacho de 13 años era un hombre en el campo, y particularmente en esas lomas. Entonces yo, viéndolo en la distancia, perfectamente yo le andaba huyendo al tema del trabajo de la agricultura. Mi familia era dura y todo había que hacerlo bien.

¿Cómo llegas a la Capital?

Parece que mi decisión de estudiar matemáticas funcionó y vengo para la Capital y caigo donde una tía. Una hermana de mi papá, y eso fue un episodio grande. Fuimos a ver primero los colegios y uno que me quedaba cerca era el Don Bosco, en la Avenida 27 de Febrero, pero había que pagar 35 pesos mensuales. Imagínate, eso era imposible.

Mi tía vivía en Villa Consuelo, en la calle Oviedo, casi esquina Tunti Cáceres, Oviedo 92, cerca de Radio Televisión Dominicana, por ahí. Entonces, cogimos para el liceo Juan Pablo Duarte, que quedaba en la avenida Duarte con la 17, avenida Padre Castellanos, pero cuando llegamos allá con mi tío Fello, hermano de mi papá, el director del Liceo, el profesor Cruz Delgado, nos dijo que no había cupo. Y luego comentó: “hay cupo aquí, es que no hay butacas”. Entonces mi tío le dice: “pues nosotros vamos a traer la butaca”. “-Si traen su butaca no hay problemas”, nos contestó ya con mejor ánimo el director.

Entonces nosotros, que habíamos caminado por ahí por el Mercado de Villa Consuelo, habíamos comprado una cama Sándwich para mí, creo que por 14 pesos, que era donde yo dormía donde mi tía, y seguimos recorriendo por ese mismo lugar y encontramos una ebanistería, y en esa ebanistería negociamos la construcción de una butaca, nos costó 12 pesos. Estamos hablando de muchos cuartos… sí, gastamos muchos cuartos.

Bueno, el tipo se tomó como 4 días, 5 días y cuando terminó que le puso su barniz, muy bonita la butaca, todo de madera. agarré mi butaca y me la puse en la cabeza y me fui con mi tío para el Liceo

¿Era común eso, que un muchacho llevara su butaca?

No, no nunca había pasado eso, lo que pasa es que yo no tenía de otra. No iba a coger para El Naranjal otra vez, eso no. Entonces nos presentamos a la dirección, siempre un gentío ahí, y yo con mi butaca en la cabeza.

Y le dice Tío Fello al director, “bueno, aquí vinimos con la butaca, nosotros hicimos lo que usted dijo”.

Yo creo que el director nos cogió pena y me miró de arriba abajo y le dijo a una muchacha, había un gentío, “inscríbanlo”.

Así entré yo al cuarto de Matemáticas B del Liceo Juan Pablo Duarte. Era la única persona que tenía una butaca propia en ese liceo.

Pero llegaste al liceo Juan Pablo Duarte… hablamos de una época en que ese liceo era caliente, políticamente hablando.

Sí, 1968, hacía ya más de 2 años que la guerra había terminado y las elecciones fueron problemáticas. La famosa acta de reconciliación fue en septiembre de 1965 y las elecciones fueron en el 1966, que fueron unas elecciones traumáticas, en las que obligaron a Juan Bosch a no salir a la calle.

¿Hiciste vida en algún movimiento estudiantil en el Juan Pablo Duarte?

Cero. Como yo cantaba allá en la escuela de Ocoa y como a los 12 años papá me regaló una guitarra, yo tocaba.

Cuando llegué al liceo Juan Pablo Duarte entré al coro. Había un piano, tremendo piano de cola, ahí en el auditorio. Una profesora de piano llamada Panchita y un director cuyo nombre se me ha borrado, me permitieron entrar al coro.

Pero honestamente en ese tiempo no vi esos grupos estudiantiles formales.

El asunto es que yo me voy al liceo a estudiar, yo le digo al Padre Luis Quin, que es un capítulo que no hemos hablado, yo desde que tenía, que sé yo, 13 años, hablaba con el padre Luis, porque papá era parte de una cooperativa y me llevaba a las reuniones que se hacían de noche, con lámparas, en la escuela y me colaba con los mayores y el padre Luis me metió en los trabajos sociales. Fui a muchos cursos de liderazgo para jóvenes del campo. Y en ese tiempo creamos clubes culturales allá en El Naranjal, creamos clubes 5D, creamos una granja de pollos que yo dirigía. En Sabana Larga creé otro club. De ahí nos fuimos a Azua, creamos clubes en Azua, en Bohechío, específicamente.

Pero en el liceo no hubo una militancia, pero arrastraba la participación social y comunitaria con el Padre Luis.

Un día yo voy a Ocoa y le digo al padre que con quién me podía contactar en la Capital para seguir sus trabajos y me dijo que con la JEC (Juventud Estudiantil Católica), pero no la encontré. Y me dice pues busca entonces la JOC que es la Juventud Obrera Católica y tampoco la encontré.

Mientras estuve en el Liceo Juan Duarte nadie de la izquierda, nadie, se me acercó. De hecho, como no teníamos nada qué hacer, en el Liceo había otro liceo nocturno, llamado Miguel Ángel Garrido. Entonces yo regresaba en la noche a recibir clases en el Miguel Ángel Garrido, ahí me encontré un profesor apellido Llibre que daba física. Yo iba a la clase dos veces. Iba por la mañana y por la noche, no a todas las materias, pero a todas las que yo podía.

Liberé todas mis materias y con otros muchachos y muchachas me metí por ahí mismo para la UASD.

Nos inscribimos de manera provisional en junio y en julio cuando recibí el diploma ya yo estaba inscrito en la UASD. 69-3750, esa era mi matrícula. Ya en el segundo semestre del 69, estaba yo con una carpeta que decía: UASD, que uno insistía en ponerlo donde la gente lo viera, para que se supiera que estábamos en la prestigiosa universidad primada.

Luis Rafael Santana y Roberto Santana, asesor honorífico del Poder Ejecutivo en materia del sistema penitenciario. Foto de archivo.

Pero ya a comienzos de los 70, Roberto Santana empieza a oírse mencionar en la universidad, en distintas cosas y no había tenido una experiencia política, ni de participación en movimientos estudiantiles, ¿cómo te incorporas a eso y trasciendes tan rápido?

Entré a lo que se llamaba el Colegio Universitario. Entonces en la UASD había mucha ebullición, mucha inquietud social, muchos reclamos académicos, como evaluación profesoral, semestres paralelos y cosas así. También el tema político, la represión, la izquierda, mucha propaganda, muchos líderes hablando por los cursos. Eso a mí me impactó. Yo, que tenía una experiencia mínima en los temas sociales en Ocoa, yo dirigía asambleas, dirigía reuniones, sabía sobre el tema parlamentario, cómo se hacen las reuniones, cómo se saca la síntesis, como uno se dirige al público. Uno se sabía todo eso, porque el padre Luis, todas esas cosas nos las enseñó desde los 14 años, es decir, que yo tenía ya 3 años de fogueo en ese afán. Y bueno, a mí me llamó la atención ese tema de los grupos, y me fui involucrando en resolverle cosas a los estudiantes, folletos para los estudiantes, para que estudien para sus exámenes, porque muchos de los estudiantes no tenían dinero para comprar libros, o ayudar en el proceso de inscripción, y hasta que un día, por ahí, yo diría que sería en el año 70, por ahí, un grupo, uno de los muchachos de un grupo, se me acercó y me dijo: “compañero: nosotros queremos que usted pertenezca a nuestro grupo”, y digo: ¿quiénes son ustedes? “Somos el grupo Fragua”, me contestó. Pero yo averigüé que ellos estaban vinculados al Movimiento Revolucionario 14 de Junio, que ya era la Línea Roja del 14 de Junio y Yo le dije que sí. Que aceptaba formar parte de su grupo. Entonces, le dije yo participo, no hay ningún problema. Entonces vuelve y dice “nosotros somos tal grupo, somos un grupo revolucionario de izquierda”. Y le dije de nuevo acepto, pero con una condición, participo con ustedes, pero si respetan que yo soy cristiano.

“No hay ningún problema, compañero, usted puede ser cristiano, no hay ningún problema, usted puede ser cristiano”, me aseguraron de inmediato.

Le expliqué que yo creía en Jesucristo y esa era mi condición. Respetaron mi convicción y el resto es historia de ahí en adelante.

Cuando termino el Colegio Universitario entro a la Facultad de Ingeniería y Arquitectura, ya siendo parte del grupo Fragua. Acuérdate que ahí los semestres eran hasta de un año y más, dependiendo de la estabilidad política, las protestas… cerraban la universidad, la ocupaban, entonces un semestre se convertía en un año o más.

El asunto es que cuando yo estoy en Arquitectura, me escogen, ya yo estoy en el grupo Fragua y me escogen para ser miembro del Sub-Consejo Técnico, después me escogen para el Consejo del Técnico. Es decir, cada escuela tenía su organismo de co-gobierno, el gobierno compartido de profesores y estudiantes, entonces yo era representante de mi grupo Fragua en el Sub-consejo Técnico de Arquitectura. Ese es mi primer vínculo ocupacional con el Estado. en el año 71 y 72. Por eso digo ahora en 2022: cumplo 50 años en el Estado.

Porque de ahí, del subconsejo técnico, pasé a miembro de la Asamblea de la Facultad, al Claustro Universitario y por ahí al Consejo Universitario, etc, de los organismos del gobierno universitario donde se discutían presupuestos, planes de estudios y temas de profesores o de estudiantes, así como temas del país.

Siempre fueron cargos sin salario.

Entonces entró a esa facultad la “Banda Colorá”, el azote del balaguerismo. Esos fueron tiempos duros, vino el tiempo de la denominada banda. Ya no vivía donde mi tía, sino que estaba en la casa de unos sacerdotes.

Y como yo ya tenía participación en actividades estudiantiles, la banda me ubicó. Además, yo dirigía un conjunto musical de la Iglesia de Cristo Rey. Ahí estaba también Félix Caba, Luis Estella, Miky Suárez y un grupo de muchachos correctos, bajo la sombrilla del padre Julio Sillas y un buen grupo de jóvenes influidos por la doctrina social de la iglesia, Vaticano segundo, Puebla, entre ellos principalmente Marino Elsevif, Horacio, Miledys, Lidia, con una tremenda revista juvenil llamada Compromiso.

Entonces la Banda me ubicó de nuevo. Me pasé dos días escondido en la sacristía de la iglesia de Cristo Rey, por la Calle 41 y al tercer día me fui de la Capital y me refugié varios meses en Monte Plata, en la casa curial de Monte Plata.

Duré como dos meses por Monte Plata y allá fue a dar la “Banda Colorá”. De alguna forma eso llegó y tuve que salir huyendo y fui a dar al Ingenio Consuelo por San Pedro de Macorís.

Cuando la situación de persecución bajó de intensidad, regresé a la UASD, pero el semestre casi finalizaba y le digo a los profesores la situación, y me dicen: “Roberto. pero así no se puede, porque imagínate”. Fue ahí que abandoné Arquitectura, porque a diferencia de las carreras teóricas, en la carrera de Arquitectura había que estar ahí en los talleres dibujando, día a día, con mi regla T arriba, mi Cartabón, con mi regla de cálculo y me fui. Tenía muy buenas notas, pero me tuve que ir. Le escribí una carta a mis compañeros y dije: déjame irme a una carrera que sea más compatible con lo que yo, con mi sensibilidad social y compromiso, tenía que hacer.

Pudiste hacer lo inverso, dejar los compromisos sociales y seguir tu Arquitectura.

Pude hacer eso también, pero yo dije que no y me metí a la Facultad de Ciencias Políticas. Y mientras hice Ciencias Políticas caí preso más de 70 veces.

¿Cómo llegas a ocupar el liderazgo de Fragua, como fue eso para ser candidato a la FED?

Eso se le ocurrió a ellos, porque yo nunca entendí eso. Porque de verdad te lo digo, yo nunca entendí por qué fue, porque yo no era miembro del partido. Yo era dirigente del grupo estudiantil. Me escogerían porque yo hablaba o algo así.

Tú cantabas, eras popular con la guitarra…

Bueno, en la universidad yo no cantaba tanto, aunque yo después entré al Coro y a la Rondalla, pero yo era del Equipo de Fútbol también.

¿Cómo te propusieron a la presidencia de la FED?

Primero me llevaron para dirigir un comité del grupo Fragua y de un momento a otro me propusieron como candidato a la Federación de Estudiantes. Yo me extrañé, porque yo no era el más viejo, había muchachos más viejos que yo ahí.

¿Ganaste en esa primera elección?

No, no, perdí. Bueno, esa pudo ser una opción, porque yo estaba seguro de que no iba a ganar y quizás los otros no querían perder y me llevaron a mí (risas).

¿Quién ganó entonces?

Ganó Santamaría, un muchacho muy bueno, que era del PLD, Juan Francisco Santamaría. Él era del PRD en ese momento, aunque después pasó al PLD con la división del PRD en 1973. Era el Frente Universitario Socialista Democrático (FUSD) antes, y después del Frente Estudiantil de Liberación (FEL), y después de la Vanguardia Estudiantil Dominicana (VED).

Pero al año siguiente volviste a competir ¿Cuántas veces ganaste en la FED?

Tres veces. Bueno, la última vez yo gané estando preso. Y la consigna era “De la cárcel a la FED, Roberto Santana es” (Risas)

Yo no recuerdo bien la fecha, es probable que sea en el 76-77. Yo estaba condenado a dos años y ya se había modificado el estatuto de la FED y la gestión de la FED se extendió por un período de 2 años.

¿Pensaste que ibas a ser Rector de la UASD en algún momento?

Nooo. Yo lo que pensaba era si iba a estar vivo a los 30 años. Nadie pensaba en eso. ¡Imagínate!

Pero hubo un momento, dentro de tu liderazgo estudiantil, que tú eras una de las principales figuras del movimiento político del país, ¿cómo te sentías?

Yo nunca me di cuenta de eso. Nunca tuve una idea de que eso era así. Después con el tiempo, porque yo estaba en ese torbellino, y no tenía una claridad de la dimensión de ese torbellino, estudiando en este caso Ciencias Políticas, salgo de la cárcel, sigo estudiando, vuelvo a caer preso. Y luego tengo que fundar la Federación Nacional de Estudiantes Secundarios (FENES). Por cierto, tú sabes quién me ayudó, que nos permitió lograr la creación de la FENES, el Doctor Julio César Castaños Espaillat, el papá de Servio Tulio y de esos muchachos, que era secretario de Estado de Educación, y entre él y yo hicimos el estatuto de la FENES, fui y se lo propuse. Recuerdo que le dije: vamos a organizar a los estudiantes de secundaria en una federación, porque lo de la Universidad están organizados. Y me dijo: “Vamos a hacerlo, Roberto”. Eso le costó el puesto, lo destituyeron por eso.

Cuando hicimos los estatutos y los imprimimos, antes de regarlos en todos los liceos, que en ese tiempo teníamos identificados unos 128, quizás eran más, pero por lo menos nosotros a nivel de movimiento estudiantil, teníamos esos identificados y las elecciones se hicieron.

Cuando se hicieron las elecciones, ya él estaba destituido. Yo recuerdo que se hizo una especie de cogobierno estudiantil.

Él nos ayudó a organizar esas elecciones a nivel nacional y el grupo nuestro que era a nivel secundario, la Unión Nacional de Estudiantes Revolucionarios (UNER) barrió en casi todos los liceos. Le ganamos al PRD y a todos los partidos, juntos.

Fuiste un fenómeno en el cual la gente llegó a verte como un líder de trascendencia nacional. Llegaste en la lucha académica y social a ser rector de la UASD, con todo lo que esto implicaba, te has recluido en el tema penitenciario como especialidad. ¿A qué se debe ese giro?

Quizás por lo que viví y sufrí estando preso en mi juventud.

Pero la gente te veía como un potencial líder político.

Lo primero es que a mí el sistema de partidos nunca me ha convencido.

Lo que se denomina partidos tradicionales hasta el día de hoy me han dado la razón, pero desde aquella época y aún más, hoy creo que los partidos políticos tradicionales hay que sentarlos en una escuelita para que hagan la tarea.

Su práctica no creo que se corresponda con lo que la sociedad ha esperado y con lo que la sociedad merece.

¿Cuándo dices partidos tradicionales a cuáles te refieres?

A los partidos imperantes que manejan el sistema político nacional.

Pero tú nunca fuiste un hombre de grandes partidos, tu siempre fuiste un hombre vinculado a los partidos de izquierda.

Ahí vamos, a la izquierda. Las inquietudes sociales y políticas mías después me llevaron hacia los partidos progresistas, a los partidos revolucionarios, sobre todo a los partidos de izquierdas y una mirada desde ahí, desde ahí hacia los partidos tradicionales es una mirada terrorífica. ¿En qué medida los intereses nacionales están lejos de las prácticas de esos partidos?

Yo estaba persuadido de que esa militancia social y esa militancia política revolucionaria la asumí de corazón. La asumí con toda mi convicción. De hecho, a mí me botaron de mi casa por mi compromiso político y social. De hecho, esa función nunca fue revocada.

¿En El Naranjal?

No, mi familia después se mudó a San José de Ocoa. Me botaron de mi casa, con motivo de mi ingreso a los grupos estudiantiles de la UASD. Me votó mi papá con una carta dura, “no se atreva a volver aquí…” decía.

¿Era reformista tu papá?

Era reformista mi padre. Una semana o dos después, mi mamá me mandó una carta. “Caramba, mira tu papá hizo eso, pero tú sabes que esta es tu casa, mi hijo, por favor, está bien, tú vas a participar, pero si lo vas a hacer ve atrás”.

Esa expulsión nunca se revocó. Con el tiempo, después que yo estuve “19 mil veces preso”, y mi mamá mil veces desmayada cada vez que oía ese nombre mío por la radio. Luego los estuve visitando.

¿Pero eso pasó?

Sí, todo pasó, pero yo nunca eché para atrás con mis convicciones y mi militancia.

Pero luego te desvinculaste de la izquierda ¿qué pasó ahí?

Al parecer yo no tuve la paciencia o no tuve la fe, o tuve la claridad de que el tema con la izquierda no iba a desarrollarse de manera adecuada. En un momento yo sentí que la izquierda no avanzaba, pero tenía una tremenda encrucijada, porque conociendo los partidos tradicionales, yo sabía que por ahí no era.

El tiempo pasó y la gente de la izquierda, que se fue de la izquierda y se metió en los partidos tradicionales y se puso ahí debajo de los partidos tradicionales, todo el mundo sabe cómo terminaron. Entonces, yo decidí hacer mi aporte sin una militancia política partidista.

Todo el tiempo me negué a militar en los partidos tradicionales. Fui muy amigo de José Francisco Peña Gómez, como todo el mundo sabe, lo mismo del profesor Juan Bosch, de Hipólito Mejía, también: La cantidad de veces que se me propuso ser candidato por esos partidos, a la Vicepresidencia de la República, a senador, a síndico por aquí por la Capital, en fin. Después de la Rectoría de la Universidad, Balaguer quería que yo me reeligiera.

Le dije que no, que eso no se podía por estatutos. Me dijo que eso se arreglaba y digo no, eso no se arregla. También se me propuso ser presidente de la Junta Central Electoral, me lo propusieron ellos y Peña Gómez, y tú entiendes….

Fuiste candidato a senador por Peravia…

Tengo mis reservas profundas al día de hoy, sobre la autenticidad de los propósitos patrióticos de los partidos tradicionales. Y son públicas, no es que yo estoy haciendo una cosa, pero que no me atrevo a decirla, no. Entonces en el tema de San José de Ocoa, no tiene que ver con militancia partidista, porque simplemente San José de Ocoa se plantea ser provincia por un pleito viejo entre ellos y Baní y entonces andaban buscando una persona que tuviera alguna presencia pública.
Me escogieron a mí. Yo sabía que no iba a ganar, porque Baní es la abrumadora mayoría de la provincia y Baní no iba a votar para que se le quitara Ocoa… pero sabía también que había una batalla para poner a Ocoa en el tapete, de cara a esa lucha. Eso me lo planteó el padre Luis, me lo plantearon las organizaciones sociales y yo lo acepté y hablamos con todos los partidos y todos los partidos dijeron que sí.

Danilo dijo que sí, cuando eso era de los dirigentes principales del PLD. Hablamos con él, Peña Gómez personalmente, amigo mío, dijo que sí y se fue a hablar con Balaguer, y Balaguer dijo que sí.

A la hora de la verdad Danilo dijo que en unas encuestas Wilton Guerrero tenía el 74 % y que debido a eso no podía retirar la candidatura para apoyarme a mí. Se entendió.

Después de eso Peña Gómez me llamó a Cambita. Él no estaba muy bien de salud. Me dijo; “mira Roberto, aquí hubo un pleito esta mañana entre Vicente Castillo, un señor llamado Cuquito por el tema de la senaduría de Baní. Yo no puedo mantener eso, Roberto: Yo quiero que tú hables con el Padre Luis y le explique la situación”.
Le dije que no hay problemas. La candidatura mía a senador nada más quedó con el apoyo de Balaguer y de algún partido chiquito.
Entonces fuimos donde Balaguer a retirar la candidatura. Estábamos el Padre Luis y un grupo de personas. Balaguer hizo la siguiente explicación: De ninguna manera deben retirar la candidatura, porque si pierden ganan y si ganan también. El objetivo fue mantener la candidatura y perdimos las elecciones. Sin embargo, cuatro meses después Ocoa fue hecha provincia, Esa es la historia, pero sin yo pertenecer a ninguno de esos partidos, porque no acepté nunca ser miembro de eso.

Pero la gente piensa que tú puedes todavía encabezar un movimiento político. ¿Tú has pensado en eso?

No

¿Cómo qué no?

Así es, como dije no, como dice mi nieta. “Claro que no papá”.

¿Tienes miedo?

El miedo yo lo dejé resuelto en la década de los años 70 y quedó en las cárceles. Eso terminó. Cualquier miedo posible se quedó entre esas rejas.

¿No crees que no ha llegado el momento de que este país pueda nuclearse alrededor de una figura como lo eres tú?

Bueno, si soy una figura como tú dices, con un perfil parecido a mí, debe haber muchos. El asunto es que, como opera la política partidista en el país, yo no la digiero, yo no digiero eso, no me trago eso.

Pero tú estás montado sobre el partidismo tradicional, conozco de países de movimientos con liderazgo que ha pasado lo que tú has vivido y con mucha persistencia a veces cambiando de actores, han logrado llevar su país a mejor puerto.

La decisión de apartarme de la militancia partidista la tomé desde hace casi 40 años, por Dios, Lito, yo pensé muy bien.

Cada cual aporta desde donde mejor entiende.

Yo entré a la vida académica, como tú sabes, entré por la Facultad de Ciencias Jurídicas. Fui Director de Planificación, Decano de la Facultad y Rector de la Universidad.

Cerré ese ciclo, porque hay que cerrar ciclos. Hay gente que nunca acaba, que entra a las cosas y no hay manera de que se mueva y siguen obstaculizando a los otros. No dejan subir a los otros. Yo terminé en la UASD y salí para que sigan las otras generaciones.

¿Un hombre como tú ya cerró su ciclo político?

Bueno, como dice la gente, uno no puede escupir para arriba, pero es que hay cosas que no sé cómo yo lidiaría con eso.

Por ejemplo, todos los partidos lidian con el narcotráfico. Todos los partidos tradicionales, todos, sin excepción. Todos los partidos tradicionales. Yo no me veo sentado con gente que comercia con drogas, que está matando a la juventud dominicana. No me vislumbro sentándome con ellos para que 20 o 200 puntos de drogas le hagan campaña política a Roberto Santana. Mi alma no me alcanza para eso Lito. Y si para yo ser candidato, por ejemplo, y estar en un partido, tengo que hacer eso, pues yo prefiero no serlo.

En junio del año 2013 dije en un programa de televisión que en el país había provincias donde el jefe de partido era a la vez jefe del narcotráfico. Me quisieron freír en alquitrán. Eso fue en junio de 2013. Busca la prensa, mira lo que ha pasado al día de hoy. Entonces no se puede. Si la sociedad decidió coger ese camino, yo Roberto Santana. no va a tomar ese camino. Y déjame decirte, tengo mi valoración sobre el delito y sobre la delincuencia social y sobre los orígenes de la delincuencia social y digo más… Hay una frase que reza: “los que pecan en la oscuridad no son culpables, los culpables son los que hacen la oscuridad”. Yo conozco el origen profundo de una persona que tiene un punto de drogas como una manera de sobrevivir.

Yo lo comprendo, y sé de madres de familia que tiene un punto de drogas y ellas no consumen drogas y es el esquema de una sociedad desestructurada como ésta y de una economía rígida como esta.

Esta sociedad tira una parte de las familias y de las personas a tener un punto de drogas, que son miles y miles, para sobrevivir y con ese dinero mantienen a sus hijos.

A mí nadie me va a engañar. No voy a hacer tabla rasa. Pero eso es así.

Y ahí están las trabajadoras sexuales y el delito común, el delito famélico, son delitos de subsistencia.

Estoy claro de todo eso, pero de ahí a yo entrar a la política para articularme con grupos del crimen organizado y con sectores que coexisten con ellos, para decir que yo voy cambiar el país y deberle el éxito político a esos grupos, no señor.

No me refiero solamente al tema del narcotráfico, no quiero meterme en eso, y no es un tema de miedo o no miedo, porque tu hablaste del tema penitenciario. Yo conozco el tema de los grupos criminales de arriba abajo, porque los he tenido en mis manos a todos ellos. Me conocen a mí, yo los conozco a ellos y así como ellos por orden de la justicia han llegado a prisión, así también yo le he dicho: “Usted entró por sus pies, usted es un narcotraficante, y yo, como encargado del sistema, yo le garantizo que usted va a salir por sus pies, porque ese es mi deber, proteger la vida suya.

A mí un solo delincuente por narcotráfico o de otros crímenes, uno solo, no perdió la vida en las manos de Roberto Santana, mientras estuve al frente del Modelo Penitenciario.
Eso mismo sucedió cuando estuve al frente de la Federación de Estudiantes. No tuve que lamentar la muerte de uno solo de los muchachos y fui presidente de la FED tres veces.
Pero cuando había que hacer una marcha, yo no mandaba a nadie, yo iba, y cuando había que negociar con la Policía, negociaba con la Policía. Muchas veces me decían: “Ven acá Roberto, y yo les respondía, venga acá usted general, y vamos a hablar”.

Pero meterme en esta baraúnda de la política, basada en una cantidad de falsedades y de hipocresías sin límites, mi alma no da para eso.

No sé cómo tendría que recomponerme y reinventarme. No sé cómo para pararme con micrófonos para decirle al país: miren, yo tengo una opción de tal tipo y reunirme con 20 mil personas.

La última vez que me propusieron a mí una candidatura fue no sé en qué elecciones, y me dijeron algo como, oye, ya tenemos tantos empresarios para apoyarte y ahí mismo le dije: no ombe, así no es…

¿Pero tú no crees que puedes marcar la diferencia en nombre de este país?

Me lo dejaré de tarea. Pero quiero decirte que han venido emergiendo camadas de grupos inquietos, sensibles, una parte de ellos que leen. Además, fíjate, esos muchachos de la Plaza de la Bandera que hicieron su aporte cuando se pensaba que todo estaba perdido.

Oye Lito, tuve cáncer dos veces. Hubo gente que fue a la Funeraria a ver mi cadáver. Después de eso, otro cáncer hace, qué sé yo, once años, ha sido una vida de batallas.

Pero no le tengo miedo a nada de eso. A nada, ni le tengo tampoco miedo a las adversidades políticas.

Cuando yo asumí conscientemente el tema de Ocoa, que sabía que políticamente no iba a ganar, pero los que se encargaron de armar esa matriz comunicacional para perjudicar mi imagen pública, que fueron los amigos del PRD, para bajarme a mí, porque me di cuenta que sí, que habían unas encuestas en las que yo salía muy alto de potencialidades, de relevo, tuve conciencia de eso, y yo nunca le tuve temor a nada, porque “como se dice, la mentira tiene patas cortas”.

Y cuando uno tiene paciencia uno sabe también que “el agua se aclara sola al paso de la corriente”, porque nadie puede decir que en ese proceso yo quería un bien particular.

Mi vida siempre ha sido transparente. Recuerdo que estando yo preso se me presenta el señor Juancho López Murphy una persona correcta, él era oficial de la Policía y él por orden del Gobierno fue a la cárcel en el 1976 durante los 12 años de Balaguer, a entregarme “una propuesta material”, y me dice: “Mira Roberto, toma esto y deja eso de las protestas, te van a matar en la cárcel, deja eso y vete del país”. Efectivamente, con eso yo podía irme y vivir, pero le dije que le agradecía el gesto al Gobierno, pero nunca me iría del país.

Me quedé preso y cumplí mi condena de dos años de prisión.

También me mandaron a decir meses después con el señor Font Bernard que el presidente Balaguer me daba la libertad si le mandaba una carta pidiéndole perdón. Yo dije: se volvió loco. Es decir, yo en la cárcel de La Victoria, condenado a dos años, estoy en una solitaria desnudo, durmiendo en el suelo, en un lugar que le llaman el Pasillo de la Muerte, y quieren que le pida perdón. ¡Qué barbaridad!

No hay odio, pero la política partidista está muy lejos, demasiado lejos de lo que una persona decente tiene para su comunidad y para su país. Demasiado mentiras, demasiado engaños, y déjame decirte que hay personas que tomaron la decisión de hacer vida partidista y ya después de 20, 30, 40 años, no tienen forma de salirse.

Uno tiene que valorar y apreciar que esa gente trata de hacer su vida política de la forma más decente posible. Hay que reconocer eso también, pero, no es que esas personas no sepan y no conozcan la situación.

Por ejemplo, yo te voy a poner el caso de muchos políticos que son amigos míos y que yo admiro su vida, porque, aunque ellos saben y saben que yo sé que ellos saben lo que se vive, siguen ahí.

Por ejemplo, una Milagros Ortiz Bosch, ¿le hace bien a la política dominicana?, claro que sí. Está en el PRM. Un Tony Isa Conde, que es independiente, pero se ha quedado más o menos cerca como del PLD, por ahí, ¿son personas que con su vida en la política y sus puestos públicos le hacen bien al país?, claro que sí. Y así hay más, te puse esos dos ejemplos.

Pero a mí personalmente me es muy difícil saber cosas y callarlas, saber cosas y aguantarlas.

En estos días fui a un medio ahí y tuve que decir una cantidad de cosas que me he pasado la vida diciéndolas, pero en una sociedad hipócrita como la nuestra la gente las ignora. Y digo, oh, pero es verdad que en La Victoria hay corrupción, pero resulta que todo el mundo lo sabe y resulta que ahí, unos cuantos meses antes vieron unas cuantas cámaras, que descubrieron que la tienen los presos para vigilar al personal.

Resulta que ahí al frente de unos periodistas, un tipo con una pistola mató a otro delante de la cámara y la pistola no apareció.

Entonces yo vengo, reitero esa denuncia que he hecho durante 20, 30, 40 años, porque conozco La Victoria más que cualquiera, porque yo estuve ahí, he estado de ambos lados, y se alarman diciendo: “Pero oye lo que ha dicho Roberto”.

Pero eso lo sabe todo el mundo, es difícil.
Y así el tema de los medios de comunicación también, han hecho la situación más difícil. Aquí se habla de sicariato, pero aquí hay sicariato mediático también. Hay muertes por encargo.

Así como lo digo, muerte por encargo, que le dan 5,000 pesos a un tipo, a un muchacho de un barrio para que mate una gente, pero aquí hay personas que le dan unos pesos, unos miles, unos millones de pesos a un periodista corrupto, para que mate la moral de una persona.

Hay todo tipo de sicariato aquí.

Empezar a lidiar con todo eso, no me faltan fuerzas para tirarme el mundo encima, nunca me han faltado, y creo que no me faltarán mientras yo esté vivo, no importa la edad que tenga, pero ese puente del partidismo político tradicional y su carga de falsedades, para mí es un trago amargo, muy duro, que no quiero cruzar ni tragar.

Gracias, Roberto.

Lito Santana

Lito Santana

Nació en Tamayo. Locutor y periodista. Ha trabajado en distintos medios de comunicación. Aboga por la participación de todos los sectores en la solución de las dificultades por la que atrevieza el País.

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