jueves, abril 25, 2024

Revelaciones: La historia oculta acerca de cómo intereses espurios impidieron que un“Gringo” donara un moderno hospital para quemados

Por Emiliano Reyes Espejo

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Una historia casi increíble, pero verídica de “pie a cabeza”. Se trata de una cruda realidad que fue ventilada hace ya tres décadas en el sector salud. No todos los días anda alguien por ahí donando hospitales. Y mucho menos en países pequeños como el nuestro. Pero ocurrió. Fue algo realmente increíble.

Y sabes una cosa, al parecer un reducido número de dominicanos, en un arranque de ambición desmedida, impidió que aquel gesto peculiar, humanitario y que conllevaba una inversión millonaria, que aquel de donativo de buena y sagrada voluntad se hiciera ciento por ciento realidad en el país.

Estaba en pleno apogeo el segundo período del gobierno del presidente Joaquín Balaguer y comenzaba la administración del doctor Rafael Gautreau en la secretaría de Estado de Salud Pública y Previsión Social. Gautreau había sido nombrado en el cargo por el presidente Balaguer en sustitución del doctor Ney Arias Lora, y se planteó entonces que la designación de éste en este ministerio había sido por su brillante gestión en el Instituto Dominicano de Seguros Sociales (IDSS).

En el ínterin, el doctor Rudyard Corona, director del hospital Luis E. Aybar, se presentó con unos extranjeros a la oficina de Relaciones Públicas de la secretaría de Salud Pública, donde yo me entrenaba como director luego de desempeñar un puesto similar en el IDSS. No tenía ni idea de qué cosa deseaba el reputado galeno, ya que se presentó sin previo aviso.

Y no llegó solo, estaba acompañado de un “gringo”, un hombre blanco, alto, grande, fuerte y ojos verdes. Vestía un sencillo pantalón color kaki, camisa larga y ancha, la cual usaba por fuera. Se trató nada más y nada menos que del filántropo y multimillonario estadounidense Pearl F. Ort; andaba acompañado de su hija, una dama sencilla, una auténtica “gringa” de buen tamaño –igual que su padre- vestida de camisón largo, enterizo, que le llegaba por debajo de la rodilla, estilo “Testigo de Jehová”.

La sencillez afloraba en estas personas, con excepción del abogado que vestía de saco y corbata, un ciudadano venezolano que se limitaba a hablar lo necesario.

– “El señor Ort anda con su hija porque desea que ella sirviera de testigo y garantizara la realización de la donación del hospital”, expresó éste en una de sus pocas intervenciones.

El filántropo norteamericano visitó primero al director del hospital Luis E. Aybar, doctor Rudyard Corona, a quien planteó el interés de donar un hospital para la atención de personas con quemaduras de gravedad, que no había en el país.

Corona se entusiasmó bastante con la idea de construir un hospital de quemados, y de inmediato pensó que el proyecto se pudiera levantar en terrenos del Luis Aybar.  

Se trasladó a la sede de la Secretaría, a donde llegó acompañado de estas personalidades. El galeno trató primero de que los subsecretarios de Salud Pública, el director de Hospitales y la propia secretaria del doctor Gautreau les sirvieran de intermediarios para llegar hasta el incumbente, pero todo fue imposible.

Acudió a la sazón a la oficina de Relaciones Públicas. Allí, prácticamente me tomó de sorpresa. Me explicó que le urgía llegar al despacho del secretario, el doctor Gautreau, para informarle el deseo del señor Ort de donar un moderno hospital regional para atender personas que sufrieran quemaduras de gravedad.

Ort y Corona me mostraron un plano de lo que sería el imponente centro. El Estado sólo tendría que facilitar el terreno, el cual el doctor Corona ya había ubicado en el hospital Aybar. La obra implicaría construir una impresionante edificación que tendría un helipuerto que permitiría trasladar a pacientes que sufrieran quemaduras graves en las islas del Caribe.

Ante la trascendencia del donativo, el doctor Corona me solicitó encarecidamente que le llevara donde el Secretario para presentarle al señor Ort, para que éste le presentara su propuesta. Deploró que tuviera que acudir a la oficina de Relaciones Públicas, en razón de que agotó gestiones con los subsecretarios de Salud Pública y el director de Hospitales, pero resultaron fallidas.

El tiempo marchaba en contra del donativo, el señor Ort partiría al otro día y el país podría perder la oportunidad de lograr el regalo de este hospital.

Ante la apremiante situación, no me quedó otra salida que llamar al doctor Gautreau para informarle que Rudyard Corona y unos extranjeros tenían urgencia de conversar con él. Le llamé a través de un número de teléfono privado ubicado en su despacho. 

Gautreau me había advertido que solo lo usara esa línea telefónica para “cosas importantes”, ya que, según me explicó, ese teléfono estaba dedicada para recibir exclusivamente llamadas provenientes del Presidente de la República, doctor Joaquín Balaguer, su hermana Doña Emma Balaguer de Vallejo y del asesor médico del Poder Ejecutivo, doctor Charles Dunlop, entre otras personalidades.

Cuando le llamé, el doctor Gautreau respondió de forma muy ceremoniosa, pero luego me dijo que esperaba que fuera algo importante para que yo estuviera usando esa línea telefónica. Le expliqué de qué se trataba y de una vez me ordenó que llevara al doctor Corona y sus acompañantes hasta su despacho.

Así lo hice. Caminamos por el pasillo hasta el despacho y cuando llegamos nos esperaba en la puerta. Saludó con efusivo gesto y con un elegante porte característico de su personalidad e invitando a entrar a su oficina. En tanto, me gané una “cortada de ojo” de su secretaria, ésta me espetó que ella le había dicho a esa comisión con el doctor Corona a la cabeza, que el secretario Gautreau no estaba en su despacho. El propio incumbente le reclamó después a ella por qué no le había informado sobre esa visita.

Tras una sustanciosa conversación con el señor Ort y su hija sobre la posibilidad de construir el hospital regional para quemados, a erigirse en terrenos del hospital Luis E. Aybar, el doctor Gautreau llamó al presidente Balaguer, a quien explicó el interés del filántropo norteamericano de donar un hospital al país, sin que costara un centavo al Estado dominicano que solo aportaría el terreno.

Balaguer, un político de gran veteranía, invitó a su titular de Salud Pública que le llevara estas personalidades a su despacho en el Palacio Nacional.

Ort y su hija, Corona y el abogado venezolano se trasladaron con el doctor Gautreau a la sede del gobierno, donde fueron recibidos por el presidente Balaguer. Horas después, el mandatario emitió un decreto ordenando la construcción de este centro de salud en terrenos del hospital Aybar.

Surgen diatribas y vicisitudes

Una vez fue anunciado el proyecto, despertaron de sus letargos una serie de intereses que pululan en el área de la salud, los cuales se activaron y dieron lugar a una serie de diatribas, creando vicisitudes en el entorno de la realización de la trascendente iniciativa.

En una ocasión me encontré con el doctor Corona -después que salí de la Secretaría- y me contó muchas de las cosas que ocurrieron y seguían ocurriendo durante el levantamiento de la obra.

-Yo hasta preso estuve”, expresó. – “Me levantaron una serie de calumnias, que me llevaron a la retención, pero todo salió bien, gracias a Dios”-.

Según relató, en los intríngulis del proyecto hubo de todo, pero que en el fondo solo se quería tomar el control de la iniciativa, sin que estuvieran claros los fines.

En fin, solo perdió el país. De un proyecto de hospital regional para quemados, el sector salud tuvo que conformarse con la “Unidad de Quemados Pearl F. Ort” que opera, gracias a Dios, 30 años después, gracias a intereses espurios que boicotearon el alcance del proyecto,.

Los beneficios

Según explicó el actual director de esta Unidad, doctor Eddy Bruno, en la misma y a lo largo de tres décadas “se han atendido más de 28 mil pacientes, con uno de los mejores porcentajes de sobrevivencia”. Para este especialista, “el éxito se debe a la entrega del personal, tanto médico, de enfermería y administrativo que realizan su trabajo con amor y entrega a cada paciente que es llevado a la Unidad”. Como eran los deseos del filántropo Ort y su hija.

Bruno indicó que la Unidad lleva funcionando nueve años en el hospital Ney Arias Lora, pero está a la espera de su retorno a la Ciudad Sanitaria Luis Eduardo Aybar, a los fines de dar un mejor servicio con los estándares más altos de Latinoamérica.

Las primicias

Pero ocurre que los deseos de vuelta de la Unidad al Luis Aybar expresado por el doctor Bruno en el año 2022, se harán realidad antes de que finalice este año 2023.  La nueva Unidad de Quemados de la Ciudad Sanitaria estará funcionando, Dios mediante, en el 2024. Y con su helipuerto y su banco de piel. El Banco de Reservas acaba de donar, asimismo, dos equipos fundamentales para garantizar la compatibilidad de las pieles donadas.

La primicia la acaba de ofrecer el médico neurocirujano y humanista, doctor José Joaquín Puello, en una entrevista que concedió junto al director de la Unidad de Quemados Pearl F. Ort, doctor Eddy Bruno, al programa “Esta noche Mariasela”.

Puello informó que el presidente Luis Abinader ordenó terminar la construcción de la nueva Unidad de Quemados en la Ciudad Sanitaria. Y lo dijo frente al doctor Bruno en medio de una emoción desbordante, a la que se sumaron Mariasela Álvarez, la productora, y la senadora-entrevistadora Faride Raful.

“Hay algo más, el helipuerto, está aprobado”, subrayó el doctor Puello. -“El segundo piso del hospital Clínico-Quirúrgico (de la Ciudad Sanitaria Luis E. Aybar) es para la Unidad de Quemados, totalmente”, agregó.

Y al respecto, precisó: -“Bruno, que es un especialista, les puede decir a ustedes, amigos televidentes, lo que eso significa. Esa es una Unidad que puede manejarse ella sola dentro del hospital, tiene entrada para ellos solos, parqueos para ellos solos, quirófanos para ellos solos”.

Expuso que dicha Unidad “tiene una sala para recibimiento de pacientes en la que el chorro de agua sale de las paredes para bañar al quemado con agua estéril”. Después que ellos curan ahí al paciente, vestidos con las indumentarias estériles, ese paciente sube por un ascensor, -solamente sube él-; él sube a los quirófanos que son tres y tenemos 18 cubículos privados a donde el paciente va a ir para ser atendido.

Además, dicha Unidad va a tener 28 estaciones de hemodiálisis para los quemados nada más. –“Ahora, ¿cuál es la buena noticia? “En el día de hoy (lunes 4 de septiembre) hace apenas unas horas, el presidente Luis Abinader dictaminó que se ponga en funcionamiento la segunda planta del Hospital Clínico-Quirúrgico (de la Ciudad Sanitaria) para los quemados”.

Esa área está terminada en un 60%, o sea, que le falta el 40%. Pero eso no es óbice para que sea terminada rápidamente.

 –“Hay un plazo fatal que el presidente (Abinader) ha puesto, que es antes de que el año termine”, enfatizó el doctor Puello, quien apuntó que ya el mandatario ordenó la asignación de los recursos necesarios para la terminación de dicha obra. “El Presidente ordenó los fondos”, insistió el galeno y propulsor del emblemático proyecto de asistencia de salud Ciudad Sanitaria Luis E. Aybar.

Este sueño iniciado por el filántropo norteamericano Ort parece que por fin será una feliz realidad, 30 años después. Éste y su hija se sentirán más que complacidos “a donde quiera que estén”.

*El autor es periodista

Emiliano Reyes
Emiliano Reyes
Nace en Tamayo, se traslada a Santo Domingo y estudia comunicación social en la UASD. Ha laborado en instituciones públicas y privadas. Realizó cursos de capacitación en Washington, Venezuela, Cuba y en el país. Ha sido reportero en Radio Televisión Dominicana (CERTV) Radio Mil, Radio Popular, La Noticia, El Siglo y Listín Diario. También, laboró en las Secretarías de Agricultura, Salud Pública y Cultura; IDSS, INESPRE, INDOTEC-Banco Central, Banco Agrícola e INDOTEL. Ha sido director y encargado de Prensa, Relaciones Públicas en IDSS, INDOTEC (IIBI), Cultura e INDOTEL, donde labora actualmente. Ha sido Coordinador Administrativo en BCRD, reconocido Empleado del Año y Empleado con más horas extras trabajadas (INDOTEC-BCRD). Ha publicado en La Noticia, El Nacional y El Día.

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