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domingo, febrero 1, 2026
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Recaudaciones de la OMSA evidencian un servicio estancado y volátil pese a que el pasaje cuesta solo RD$35.00

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Por Octavio Santos

Santo Domingo. — La evolución de las recaudaciones de la Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses (OMSA) entre 2018 y 2025 revela un patrón de fuerte inestabilidad y estancamiento que, lejos de mostrar un sistema en expansión, pone en evidencia un servicio que no logra atraer ni retener usuarios de manera consistente, a pesar de que el costo del pasaje se mantiene en apenas RD$35.

Los datos oficiales de la propia OMSA muestran que los ingresos anuales han estado marcados por picos aislados y caídas pronunciadas, sin consolidar una trayectoria de crecimiento que indique una mejora estructural del servicio o un aumento sostenido de la demanda.

En 2018, la OMSA recaudó alrededor de RD$354 millones. En 2019, los ingresos se dispararon hasta RD$665 millones, el nivel más alto del período. Sin embargo, ese pico resultó ser excepcional y no el inicio de una tendencia. En 2020, las recaudaciones se desplomaron a RD$163 millones, una caída de más del 75 %, que reflejó tanto el impacto de la pandemia como la fragilidad del sistema frente a choques externos.

Aunque en 2021 hubo una recuperación parcial hasta RD$299 millones y en 2022 se alcanzaron RD$401 millones, el sistema volvió a retroceder en 2023, cuando las recaudaciones cayeron a RD$254 millones. En 2024 se registró otro repunte hasta RD$644 millones, pero nuevamente fue seguido por una fuerte caída en 2025, que hasta noviembre acumula apenas RD$198 millones.

Este comportamiento errático sugiere que la OMSA no ha logrado convertirse en una opción atractiva y confiable para una masa estable de usuarios. Aun con una tarifa altamente subsidiada —RD$35 por viaje, una de las más bajas del área metropolitana y muy por debajo del costo real del servicio— la institución no consigue sostener un volumen constante de pasajeros que se refleje en sus ingresos.

No es el precio, es el producto

En términos prácticos, las cifras indican que el problema no es el precio, sino el producto. Un servicio con buena frecuencia, cobertura adecuada, puntualidad y niveles aceptables de comodidad debería tender a captar más usuarios en el tiempo, sobre todo cuando su precio es significativamente inferior al de otras alternativas de transporte. Sin embargo, los datos muestran lo contrario: usuarios intermitentes, demanda inestable y una incapacidad crónica de consolidar crecimiento.

La volatilidad de las recaudaciones es así un reflejo financiero de un problema operativo: un sistema que no logra generar confianza en los usuarios, que no ofrece un servicio percibido como suficientemente bueno para ser preferido de forma consistente y que depende de eventos puntuales —nuevas rutas, campañas específicas o coyunturas externas— para mostrar aumentos temporales.

En ese sentido, más que un indicador de éxito, los picos de recaudación parecen ser episodios aislados en un panorama de mediocridad estructural. La secuencia de subidas y bajadas no describe un proceso de mejora, sino un sistema que avanza y retrocede sin dirección clara.

Las recaudaciones de la OMSA, lejos de demostrar fortalecimiento institucional, terminan funcionando como una radiografía de sus limitaciones: un servicio barato, sí, pero incapaz de consolidarse; subsidiado, pero poco atractivo; masivo en intención, pero inestable en la práctica.

Y mientras el pasaje siga siendo bajo y el servicio no mejore de forma perceptible, la OMSA seguirá atrapada en el mismo ciclo: recauda poco, mejora poco, pierde usuarios, y vuelve a recaudar poco.

 

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