lunes, abril 22, 2024

¿Quién chocó a Yoel…?

Por Emiliano Reyes Espejo

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Yoel vio que potentes luces que cegaban sus ojos se acercaban rápidamente hacia él. Sintió un fuerte golpe y rodó por el pavimento. Cuando despertó vio seres extraños que se movían a su alrededor con gestos y expresiones indescifrables. Se sumó de nuevo en un profundo y extraño pensamiento, sin atinar a comprender qué ocurrió.

Cuando a Yoel le contaron que había sido atropellado por un vehículo en plena vía, en la Calle 17, apenas lo creyó. Solo había tomado un par de tragos con su amigo Jorge y recordaba, con vaga claridad, que no había perdido el tino por efecto del alcohol.

En sus cavilaciones en una sala del hospital, donde fue llevado, éste no llegó a memorizar si algún vehículo se desplazaba por aquella vía en el momento en que se dispuso a cruzarla. Además, aquellas luces fulgurantes que irradiaron con luminosidad su rostro, no le parecieron de un vehículo. Un mar de dudas comenzó a invadirlo.

Los médicos del hospital no entendieron tampoco cómo, si con toda la aparatosidad que se dijo fue este choque, Yoel no sufriera ni una sola quebradura de hueso. Los golpes eran pequeñas contusiones curables, tal vez, antes de los diez días. 

El trauma psicológico que sufrió Yoel, sin embargo, fue estremecedor. 

¿Qué fuerza extraña pudo causar este efecto devastador?

 Los galenos, algunos de ellos con especialidades en diferentes disciplinas médicas, no salían del asombro. Yoel parecía alucinado. Si no hubiera sido por las personas que lo llevaron al centro de salud entre llantos y sobresaltadas, mientras juraban que había sido atropellado, los médicos hubieran dudado la ocurrencia del accidente.

Todos atestiguaron que Yoel fue chocado en plena vía, pero ¿por quién? ¿Cómo? ¿A dónde fue a parar el vehículo que se alega lo atropelló? Aunque todos afirmaban lo del accidente, nadie supo precisar en qué momento aconteció este hecho ni describir el vehículo o artefacto que lo causó.

Todos –casi a coro- relataron que acudieron a socorrer a Yoel cuando éste cayó al pavimento.

  • “Se veía moribundo”, dijeron. Algunos, incluso, sostuvieron que no había siquiera que llevarlo al médico, su condición -a juicio de éstos- era la de una persona condenada a morir, un moribundo que fallecería en el trayecto al hospital.

– “Hay que hacer algo, no se puede dejar morir”, gritó una joven señora, la cual, sin pensarlo mucho, levantó al hombre del pavimento y se lo echó sobre sus hombros. La mujer corrió despavorida por las calles y cientos de personas se agregaron detrás de ella, algunas llorosas y otras que clamaban para que no se le deje morir.

Solo un mendigo, todo harapiento y envejecido, dijo que sabía quién atropelló a Yoel. El haraposo relató a policías y curiosos que luces de todos los colores, formadas en abanicos, fueron las causantes del choque a Yoel. Todos quedaron estupefactos por lo inverosímil de su narrativa.

Nadie creyó al anciano. No le valió, por más que insistió, que afirmara que era el único que estuvo allí, el único testigo que presenció el accidente.

Cuando a Yoel le dijeron lo que contaba el mendigo, recordó perfectamente lo ocurrido. A su mente llegaron luces fulgentes en colores de arcoíris. Memorizó aquel instante en que estas luces multicolores, extrañas, se abalanzaron sobre su débil contextura física y a seguidas sufrió un fuerte impacto que lo estremeció profundamente.

Los médicos, psicólogos y psiquiatras trataron de manera insistente que Yoel hiciera inauditos esfuerzos mentales para recordar el resto de los episodios perdidos en su memoria. De nada sirvieron esos arrojos facultativos. 

Han pasado decenas y decenas de años y nadie, salvo el mendigo, ha podido detallar lo que según él impactó a Yoel.

Un periodista estuvo indagando sobre quién chocó a Yoel, -con toda la curiosidad propia de estos comunicadores- y me hizo un razonamiento que me parece lógico. 

Expuso que después de examinar a profundidad sobre esta interrogante, llegó a la conclusión de que Yoel no es Yoel, sino que es el mismo pueblo dominicano. Llegó a esa conclusión después de un símil con lo ocurrido tanto a éste como a la masa de hambrientos dominicanos.

Refirió que, según su analogía, a Yoel lo choca un espectro de luces de colores fulgentes y nadie nunca ha sabido quién lo hizo.

Lo mismo ocurre al pueblo, los políticos viven atropellándolos con promesas de todos los colores, las cuales se difuminan con el transcurrir del tiempo. Nadie sabe nada. Y sigue vivo como Yoel, aunque ha sobrevivido a los embates de promesas multicolores de políticos, empresarios, economistas y todos los demás. 

Los médicos-empleados de los políticos y empresarios diagnostican siempre que todo está bien, y es tal el aturdimiento, que el mismo pueblo no logra determinar quién lo chocó.

El anciano menesteroso es el pueblo que ve todo, observa todo y carga con ese cúmulo de experiencia de saber quién lo chocó, quién lo tiene en ese estado de indefensión, pero cuando lo dice, ocurre que nadie le cree.

*El autor es periodista.

Emiliano Reyes
Emiliano Reyes
Nace en Tamayo, se traslada a Santo Domingo y estudia comunicación social en la UASD. Ha laborado en instituciones públicas y privadas. Realizó cursos de capacitación en Washington, Venezuela, Cuba y en el país. Ha sido reportero en Radio Televisión Dominicana (CERTV) Radio Mil, Radio Popular, La Noticia, El Siglo y Listín Diario. También, laboró en las Secretarías de Agricultura, Salud Pública y Cultura; IDSS, INESPRE, INDOTEC-Banco Central, Banco Agrícola e INDOTEL. Ha sido director y encargado de Prensa, Relaciones Públicas en IDSS, INDOTEC (IIBI), Cultura e INDOTEL, donde labora actualmente. Ha sido Coordinador Administrativo en BCRD, reconocido Empleado del Año y Empleado con más horas extras trabajadas (INDOTEC-BCRD). Ha publicado en La Noticia, El Nacional y El Día.

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