Lito Santana
No quiere uno imaginarse como se iniciaron las famosas bandas delincuenciales en El Salvador. Aunque lo denominaban “El Pulgarcito de América”, por lo pequeño de su territorio, su capital San Salvador se convirtió en la cuna donde se amamantaron las bandas de forajidos más grande del Planeta. Tal fue su desarrollo que por décadas controlaron la mayor parte del territorio de San Salvador y luego se entendieron como la verdolaga, por gran parte de nuestro continente, incluyendo Estados Unidos.
Tuvo que venir el gobierno de Najid Bukele para dominarlas y encarcelar más de 70 mil de sus miembros.
Traigo esto a colación porque ya por ahí se están haciendo comparaciones entre las bandas juveniles que afloran en nuestros barrios del Gran Santo Domingo, con las Maras Salvatruchas salvadoreñas, a propósito de los actos delictivos cometidos recientemente.
El detonante fue la muerte de dos jóvenes en Boca Chica, donde también hubo más de 20 heridos, cuyo ataque es atribuido a la Banda los 1600”. Su líder, denominado Mitchael El Peluche, cayó abatido a tiros por la Policía Nacional.
De ahí para acá las redes se han inundado de jóvenes desacatados exhibiendo armas de fuego, incluyendo fusiles de asalto y desafiando a las autoridades, lo que ha redoblado la acción policial con su secuela de muertes.
Más de 20 presuntos delincuentes muertos en poco menos de diez días, son las cifras que se registran en estos hechos.
Ya se hacen famosos nombres de estas estructuras criminales, que llaman la atención por su número y capacidad de ataque.
Además de los llamados 2600 están Los Fantasmas, una estructura de crimen organizado con operaciones en zonas como Boca Chica y el este del país, vinculada a homicidios y tráfico de armas.
También, La Máxima, esta banda de atracadores y asaltantes a mano armada operaba en sectores del Distrito Nacional.
Otra agrupación que, aunque opera en Estados Unidos, Europa y Sudamérica, es de origen dominicano, con el nombre de Los Trinitarios.
En sectores empobrecidos del Gran Santo Domingo y otros puntos operan pandillas juveniles como Los Talibán, Los Dorados y Los Bloques.
Llama la atención la forma como se han estructurado estos muchachos, su capacidad de movilización y la cantidad y variedad de las armas con las que operan. Sus cuerpos tatuados parecen ser parte de sus características.
Ya no se trata de muchachos malcriados o con tendencias a hacer lo malo, son organizaciones que aterran y que de no prestársele la debida atención pasarían a ser incontrolables que cercenan la paz y convivencia de nuestra nación.




