Punto de inflexión en la transición

Por Nelson Marte

Cuando se disuelva la polvareda que dirigentes del pasado y sus bocinas han levantado, cual cortina de humo con la que pretenden ocultar sus malas andanzas y salir exonerados de ellas, continuará su debido curso el proceso de fortalecimiento institucional iniciado el 16 de agosto de 2020 con la llegada al poder del presidente Luis Abinader.

Asistimos al umbral del derrumbe del castillo de naipes que cae empujado por los borbotones de delitos de todo tipo en que incurrió el pasado durante las dos décadas perdidas en corrupción e impunidad, descalabro institucional y vulnerabilidad económica que dejaron a su paso 5 períodos casi consecutivos de gobierno.  

Por fin, los dominicanos asistimos a un punto de inflexión, un impulso hacia el  no retorno en nuestra dilatada transición democrática, caracterizada por la depredación del erario, la violación sistemática de la Constitución y las leyes, y el establecimiento de un régimen caracterizado por la desigualdad social, las injusticias y los monopolios de depredadores que arrebatando lo ajeno o comprando sentencias disfrazaron sus robos de legalidad.

Los políticos del pasado que nos dejaron el desorden por orden, un chiquero por país, un revolcadero en el que muchos burros, y burras, van llevándose por delante en sus yipetas y automóviles de alta gama a cuanto cristiano encuentren a su paso, sin el mínimo sentido de ordenanza, racionalidad, cortesía y respeto por los demás.

Y nos dejaron también indigestos de la era digital en la que energúmenos de toda laya buscan exorcizar los torcidos resentimientos que los atormentan desde las honduras de sus siques enfermas, y otros sin trayectoria ni pasta para ello aspirando liderazgos o trayectorias que no se les conoce ni reconoce y todos ellos usando el libérrimo potencial de las redes para difamar y ultrajar sin control ni contén alguno.

Es hora de pararnos de frente a políticos remendadores del viejo e injusto sistema, soñadores incapaces de emprender estrategia y acciones efectivas para empezar a construir un nuevo país, y estafadores de nuevo cuño que recorrieron esa larga transición sin que -salvo muy honrosas excepciones- pusieran ladrillos al edificio de la institucionalidad democrática, que es sobre la que se puede erigir el bienestar social.  

En esa larga y frustratoria transición a la democracia, los peores de los peores fueron los que llegaron con la encomienda de continuar la obra de Duarte, el puro, y han terminado como pasto de los tribunales, lo que apenas empezamos a ver.

Sin dejarnos confundir por cánticos o amenazas de quienes, a riesgo propio, se descarriaron de los caminos reales de la Patria, los dominicanos y dominicanas tenemos que seguir adelante, haciendo valer los principios de la rectitud y la integridad trazados por la Constitución y las leyes.

Hoy la Patria nos convoca a que, sin mirar para atrás, continuemos cumpliendo y haciendo cumplir las normas, llevando la institucionalidad democrática hacia un punto de no retorno, aunque en el camino queden muchos y muchas mujeres de Lot, petrificados en el pasado.  

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