Profesor Radhamés Mejía: “Las universidades dominicanas han contribuido enormemente al proceso de democratización del país”

“Es indiscutible que la educación ha jugado un papel importante a todos los niveles. Primero, porque a través de la educación la juventud ha encontrado un horizonte y opciones de vida para insertarse en el mundo del trabajo, es decir, la gran demanda por la educación superior que pasó de tres mil y pico en la década del 1960 a casi 600 mil estudiantes, en la actualidad, ha dejado buenos resultados. Creo que la democracia dominicana sí se ha fortalecido a pesar de todas las debilidades que tiene, si se ha fortalecido algo, es porque la población ha ido creciendo en sus niveles educativos. Una democracia no se sostiene si no hay una población adecuadamente educada”.

Estas palabras son de Radhamés Jiménez, profesor, ejecutivo y rector de universidades, quien concedió una entrevista exclusiva a pronosticamedia.com

A continuación, la conversación.

Muy buenas tardes, profesor. 

Mencionar el nombre suyo, Radhamés Mejía, significa academia, educación, universidad. ¿Desde qué edad está bregando con nuestro sistema educativo?

En primer lugar, muchas gracias por la deferencia de hacer esta entrevista, esta conversación. Estoy bregando con el quehacer universitario desde enero de 1968 de manera profesional. Yo estudié en Brasil entre 1963-1968 y estando en mi último año, faltando casi un mes para graduarme en la Universidad Católica de Río de Janeiro, llegó a Brasil una comisión de la que era la recién creada Universidad Católica Madre y Maestra (UCMM) y pasó por Río de Janeiro, rumbo a Chile. Yo estaba en esa ciudad en mi condición de becado por el Gobierno de Juan Bosh que mandó a muchísimos jóvenes a estudiar fuera del país, yo fui uno de ellos. Entonces recibimos el dinero en la embajada, 100 dólares, y ese día yo fui a buscarlo y por coincidencia la misión de la Madre y Maestra fue a la embajada también. Ahí nos encontramos y me dicen: “oye, andamos buscando un sociólogo, vamos para Chile a buscar uno”. Entonces yo me animo y le respondo: “yo estudio Sociología”. La persona me responde: “¿tú quieres irte a Santiago de los Caballeros a trabajar con nosotros? De inmediato le contesté: “Claro que sí, yo me gradúo ahora en diciembre, si me dan un trabajo, me voy para allá”. 

¿Qué edad tenía usted entonces?

23 años, nací en el 1945, me fui a Brasil a los 18 y me gradué. En realidad, me gradué de 22 en Sociología. Entonces en diciembre, un mes después de eso, recibo el telegrama diciendo, que si quiero estoy contratado y en enero del 1968 estaba en Santiago. 

¡Eso fue muy rápido!

“Y mira que yo nunca había ido a Santiago, porque soy de Baní, “soy siembra hielo” (risas)

¿Cómo fue esa experiencia en Brasil?

El idioma era distinto, pero muy parecido. Fuimos un grupo muy grande enviado a ese programa que gestó el fallecido presidente constitucional de la República, Juan Bosch, pero que después del golpe de Estado en septiembre del 1963, continuó. Éramos 54 dominicanos que habíamos ido dentro de ese programa. Yo llegué como 6 meses antes de que comiencen las clases y tomé cursos de portugués. Cuando ingresé no tuve problemas. Además, la mayoría de los profesores hablaban español, inclusive, el primer año los profesores decían pueden coger los exámenes en español, si quieren, pero ya al año uno dominaba perfectamente el portugués. 

¿Cómo cayó usted en ese programa de becas?

Soy de la generación del 1960. Cuando Trujillo muere o lo matan, yo apenas tenía 16 años, pues nací en el 1945. Es decir, fui el fruto de esa época. Me involucré muy muchachito en los movimientos de la Asociación de Estudiantes Secundarios en Baní y fui su presidente. Yo nunca salí de Baní. Fui de Baní directamente a Río, sin escala en Santo Domingo. Cuando vino el programa de becas de Juan Bosh, yo militaba mucho en los grupos católicos. El cura párroco seleccionó a un grupo que trabajábamos ahí, con la intermediación de Fabito Herrera el viejo, porque hay un Fabito Herrera, joven, que también era banilejo. El era hermano de don Rafael, que fue vicecanciller, fue viceministro, a través de ellos conseguimos la beca de Juan Bosch y nos fuimos de Baní. Viajamos ocho muchachos. Por ahí pasaron jóvenes como Freddy Beras Goico, creo que salió medio deportado por la crisis política del país. Estuvo también Dagoberto Tejeda, que era banilejo igual que yo, Leovigildo Báez, Rolando Pérez Uribe, Deni Simó, que fue rector de UNAPEC, igual que yo. Tulio Arvelo, hijo de Tulito Arvelo, el que era antitrujillista, que vino en la expedición de Maimón, Constanza y Estero Hondo, o sea, fue un grupo grande. De eso nos graduamos catorce.

¿Como se sintió cuando llegó a Santiago?

Ahí fue que comenzó mi vida académica. Aunque te cuento que estudiando en Río de Janeiro, uno de mis profesores de antropología dirigía un centro de investigación en Brasil y el me contrató como ayudante de esa academia. Es decir, inicié mi andanza como interesado en la investigación desde allá. Cuando vine aquí, vine con todo el entusiasmo y con toda la ilusión de dedicarme por completo a la vida universitaria. Nunca pensé, ni he pensado trabajar fuera de la universidad.mTuve una vocación y tuve una oportunidad que la Universidad Madre y Maestra me dio, para que pudiera desarrollar plenamente mi vida universitaria.

¿De dónde le viene esa vocación hacia el magisterio?

Yo soy de una familia de clase media baja, el único que estudió en la universidad de mi familia fui yo. Mis tres hermanos me llevan muchos años de vida. Al que yo le sigo tenía nueve años cuando yo nací. Entonces, desde muy joven tuve esa inclinación. Me gustaba mucho leer. Yo leía muchísimo a pesar de que mi familia no era de intelectuales.

¿Qué hacían tus padres?

Mi papá era agricultor de origen. Después incursionó en el comercio y como buen banilejo tenía un colmado. Yo nací y crecí en un colmado. Mis hermanos vinieron a trabajar a colmados en el Mercado Modelo de la calle Mella. En esa época había pequeñas casillas. Todavía no existía el turismo que hay ahora. Mis vacaciones las tomaba para venir a ayudarles. Pero tuve la inclinación por la lectura en Brasil, lo que realmente significó un paso muy importante para mí. Por allá si estuve en un ambiente inmerso en lo que eran las discusiones intelectuales de la época. Tenía inclinaciones por la Sociología, que yo lo atribuyo también por la época que tuvimos viviendo de inquietudes políticas e intelectuales. Entonces, la Universidad Católica Madre y Maestra cuando yo llegué en el 1968, tenía un ambiente de riqueza intelectual que era increíble, porque estaba en pleno desarrollo, se estaba iniciando y había logrado reunir muchos profesores y estaba poniendo en ejecución varias carreras que no existían en el país. Mediante acuerdos interuniversitarios trajo profesores de otros países. Ahí yo me encontré con profesores de primera línea italianos, alemanes, franceses, norteamericanos y coincidió también que, como yo, ya en el 1968, comenzó a regresar al país, una pléyade de jóvenes que también se habían ido a estudiar con el programa de becas de Juan Bosch. Muchos de esos jóvenes fueron contratados por la Madre y Maestra. De modo, que ahí nos reunimos un grupo muy interesante, para mi increíble. Estuvimos Miguel Henry Mejía, Dinápoles Soto Bello, todos que venían recién egresados con una efervescencia intelectual y con un deseo de hacer una buena universidad. 

¿Siente que fue marcado con ese espíritu del profesor Juan Bosch, con ese ánimo de enviar a esos jóvenes a estudiar fuera del país?

Sí, yo creo, indiscutiblemente, que la oportunidad de salir del país, en un joven pueblerino, me impactó positivamente. Yo de Baní venía a la capital cuando tenía algo qué hacer. Por ejemplo, yo tenía problemas de la vista desde los 13 años y venía a cambiarme los lentes, pero yo no, no conocía la Capital y a Santiago jamás. Yo nunca en mi vida había ido a Santiago, el ir desde Baní a Río de Janeiro, que ya tenía un desarrollo académico bastante grande en una universidad de muy buena calidad, que era la Pontifica Universidad, considerada una de las mejores de Brasil, evidentemente que eso transformó mi perspectiva y me dio una visión diferente del mundo.

¿Has vuelto por allá? 

Varias veces. Cuando, me casé la primera promesa que le hice a mi esposa era que íbamos a ir a todos los lugares donde yo comía, donde nos reuníamos, donde estudiaba…

¿Después de estar en Santiago migró a otras universidades?

Soy un hombre de PCMM, yo entré en la Madre y Maestra en enero 1968 como te dije. En eso participé en un programa que la universidad tenía con la Agencia Norteamericana y me fui entonces a Estados Unidos a hacer un diplomado en la Universidad de Kansas. En esa tuve dos años y allá hice un postgrado también en Sociología de la Educación. Tan pronto regresé asumí la responsabilidad de dirigir el Departamento de Ciencias Sociales, hasta que lo asumió otro docente. De inmediato me designaron primer director del Departamento de Investigación que creó la Universidad en el 1973. Para el 1975 me designaron Vicerrector Académico, cargo que desempeñé desde el 1975 hasta el 2010, es decir, 35 años. Fueron 35 años ininterrumpidos, cambiando el rol de Vicerrector Académico a Vicerrector Ejecutivo, porque en el 1980, la Universidad decide abrir un campus en Santo Domingo y me seleccionó a mí para que asumiera la responsabilidad de abrirlo y dirigirlo. Recuerdo que vine en enero y estuve encargándome prácticamente de todos los preparativos para abrir la Universidad. En la ciudad Capital la Universidad abrió en junio. Es decir, de enero a junio estuve comprando, desde los pupitres, pizarras y tizas, hasta inscribir los alumnos y abrir sus puertas a la docencia. Me mantuve ahí hasta el 2010 cuando cumplí 65 años. Como la ahora PUCMM establece que todos sus servidores deben ir subiendo su escalafón y yo formé parte de esas definiciones, también prevé un retiro y a los 65 años es obligatorio el retiro, y yo a los 65 años me retiré de la Universidad, aunque seguí trabajando en un centro de investigación en educación que ahora se llama Centro de Investigación en Educación y Desarrollo Humano (CIED-HUMANO). Entonces ya estando jubilado, en el 2012 me llaman de la Universidad Apec (UNAPEC) y me ofrecen la rectoría. Acepté la propuesta y pasé a ser rector de UNAPEC del 2012 hasta el 2016. Es decir, que como Vicerrector Académico y Ejecutivo de la Madre y Maestra tuve 35 años y cuatro como Rector de UNAPEC. Puedo afirmar que yo todo mi tiempo laboral ha sido dentro de la vida universitaria. 

¿Alguna vez dio clases con tiza en una pizarra?

Cuando yo vine de Brasil era profesor raso y fui escalando en la carrera académica profesoral que la universidad tiene. Por ejemplo, profesor adjunto, profesor asociado… fui escalando con evaluaciones de estudiantes y profesores. Di clases desde el primer semestre, prácticamente hasta el final y hoy ostento el título de Profesor emérito otorgado por la Asociación Dominicana de Rectores Universitarios (ADRU) y naturalmente por la PUCMM. Pero di clases de Sociología o de Sociología de la Educación, toda la vida. 

Tras vivir todo el tiempo en las aulas ¿cómo ha visto que ha ido evolucionando el sistema educativo dominicano?

Creo que el sistema se ha democratizado mucho. Hoy las oportunidades que tiene un joven para ingresar a una institución de educación superior se han ampliado enormemente. Al inicio de la década del 1960, cuando solamente estaba la Universidad Autónoma de Santo Domingo, el país apenas tenía tres mil y pico de estudiantes. Para finales de esa década eran más o menos veinte mil estudiantes, pero hoy tenemos más de seiscientos mil. Por eso creo que en términos de democratización ha habido un crecimiento enorme, lo cual es muy bueno para el país. Ese crecimiento también ha tenido un costo en término de calidad. Creo que el crecimiento tan acelerado no ha permitido que las instituciones se transformen al mismo ritmo que ese crecimiento de la matrícula. Me parece que en este momento hay un gran reto de acompañar ese crecimiento con un esfuerzo para mejorar la calidad de la educación. Yo creo que la calidad de la educación a todos los niveles, primario, secundario y universitario todavía tiene un gran camino por recorrer y a mi entender el desarrollo del país está íntimamente ligado a la capacidad que tenga de desarrollar un sistema educativo robusto.

¿Por iniciativa del Gobierno de Bosch llegó a las aulas universitarias, pero la Nación vivió momentos aciagos desde entonces, incluso una revuelta armada en busca del sistema democrático, qué aporte ha hecho la educación para alcanzar los tiempos de paz que hoy vivimos?

Es indiscutible que la educación ha jugado un papel importante a todos los niveles. Primero, porque a través de la educación la juventud ha encontrado un horizonte y opciones de vida para insertarse en el mundo del trabajo, es decir, la gran demanda por la educación superior que pasó de tres mil y pico a casi seiscientos mil estudiantes. Esa es una demostración fehaciente de que la juventud ha visto en las aulas universitarias una de las opciones más sanas que tiene para avanzar y progresar socialmente. Aun así, en las aulas hay que ofertarle al joven más oportunidades de calidad. Entiendo que también las universidades han contribuido enormemente al proceso de democratización del país. Creo que la democracia dominicana sí se ha fortalecido a pesar de todas las debilidades que tiene, porque la población ha ido creciendo en sus niveles educativos. Una democracia no se sostiene si no hay una población adecuadamente educada. 

¿Cómo ha impactado en la educación la conquista del 4% del Producto Interno Bruto?

Yo creo que era necesario. Es decir, yo participé muy directamente en todos esos esfuerzos para que se cumpliera con el compromiso que ya se había asumido en la ley en el 66-97, que es la Ley Orgánica del Sistema Educativo Nacional, de que se dieran más recursos a la educación. Sin embargo, entiendo que se pudo haber hecho una mejor inversión de ese cuatro por ciento. El uso que se le ha dado era necesario en algunos aspectos, aunque se critica, por ejemplo, que se hayan construido tantas escuelas. Antes del cuatro por ciento, en una escuela a veces funcionaban dos y tres tandas y eso no es adecuado para lograr la calidad, pero me parece que debió avanzarse concomitantemente en las inversiones de infraestructura física, que son necesarias, y las inversiones en formación de maestros y en dotar a esos centros de mejores condiciones para la docencia. Parece que hay renglones para el logro de la calidad de la educación, que no han sido priorizados en los últimos años y entiendo que se deben priorizar en los próximos años.

¿En este momento qué hace para mejorar la educación en nuestras aulas?

Estoy muy involucrado en todos los esfuerzos que se vienen haciendo desde la aprobación del 4% en el 2012, en lo que se conoce como Iniciativa Dominicana para una Educación de Calidad (IDEC) que ha estado dándole seguimiento a las estrategias del Ministerio de Educación de República Dominicana (MINERD). En ese espacio hacemos evaluaciones e informes cada seis meses, sobre la marcha de la educación. 

Además, soy parte de un colectivo, un grupo de personas e instituciones, que desde esa época nos hemos reunido alrededor del IDEC y desde ahí hemos impulsado el avance de la educación en diferentes aspectos. He tenido también mucha participación en los esfuerzos para la reactivación del pacto por la educación que ya se ha logrado retomar. También dirijo la Comisión de Educación de la Academia de Ciencias y desde ahí estamos impulsando algunas iniciativas para promover la educación y doy asesoría a varias universidades, la Universidad Federico Henríquez y Carvajal (UFHEC) es una de ellas. 

¡La energía por la educación no se agota!

Estoy retirado de los trabajos fijos, pero no de la vida académica. Estoy convencido de que me retiraré el día en que muera o que ya esté totalmente inútil. En el país hay muchas necesidades y uno como persona tiene que darle un sentido a la vida. Ese sentido se le da colaborando y haciendo cosas que redunden en beneficio del bien común, no solo en beneficioso personal 

¿A qué punto usted aspira que pueda llegar nuestro sistema educativo?

Mi aspiración es ver que seamos capaces de desarrollar un sistema como país, en el que la educación sea el centro, más que el aula. Que la comunidad que está en cada una de las escuelas se sienta empoderada y que los ciudadanos sientan que son los responsables de dotar a los jóvenes y a los niños que van a la escuela de las competencias, actitudinales, cognoscitivas y habilidades para desempeñarse en la vida. Mientras tengamos un sistema educativo centralizado, que se cree que, desde la Máximo Gómez, donde está el edificio del Ministerio de Educación, se van a resolver todos los problemas y que no logremos desarrollar las capacidades a nivel de los centros educativos, no vamos a tener un sistema de calidad. La educación es la unidad productiva, vamos a decir, del quehacer educativo. Y avanza en los centros escolares. No funciona en el Ministerio, no ocurre en las regionales, es el centro educativo. Y son el aula y el profesor los principales protagonistas. Entonces tenemos que devolverles al maestro y a la escuela su protagonismo, empoderarlos y apoyarlos para que desarrollen sus capacidades.

¿Le gustaría que el presidente de la República tome en cuenta eso que está planteando?

Claro que sí. Yo lo he planteado en muchos escenarios. Inclusive, a través de IDEC hemos dicho todo esto en los últimos años, que el centro del sistema debe ser la escuela. Todo lo demás, todo, debe estar volcado a apoyar la escuela, para que desarrolle su capacidad.

De repente hubo un cambio en el Ministerio de Educación. Hay un nuevo ministro ¿lo conoces? 

Yo lo conozco. Tengo muchas esperanzas de que él haga una buena gestión. Entiendo que el doctor Ángel Hernández, que es el nuevo ministro, que fue mi alumno, yo le di clases, pues estudió en la Madre y Maestra, y creo que tiene la experiencia, los conocimientos y la voluntad para hacer un buen trabajo. No es fácil la tarea que tiene, porque el Ministerio de Educación es un “monstruo de siete cabezas”, difícil de gestionar. Yo le deseo al doctor Ángel Hernández lo mejor y creo que hay muchas esperanzas en lo que él puede hacer.

Finalmente, algún mensaje para esa juventud que está en esos centros educativos y que en definitiva por ellos es que Usted ha luchado.

En primer lugar, un mensaje a en esos centros, a los maestros y a los directores y luego a los jóvenes. A los directores decirles que gerenciar una escuela es una enorme responsabilidad mucho mayor que dirigir una fábrica, que dirigir cualquier tipo de empresa, porque como director se pone bajo su responsabilidad el que se organice a todo su colectivo de profesores, para moldear el compromiso de niños y jóvenes para un futuro mejor. Cuando se dice de manera retórica que el futuro depende de la juventud, ese futuro tiene que ser moldeado y se moldea en la familia y en la escuela y el director de escuela es como un director de orquesta que de él depende que el concierto que se logre sacar sea un concierto de armonía y que logre sus objetivos.mAl profesorado, también un mensaje de que la tarea de enseñar, el compromiso de enseñar, yo creo que es una de las tareas más bellas que un ser humano pueda realizar, porque estamos trabajando, no sobre objetos inertes, sino sobre objetos animados que son los niños, que tienen la capacidad de sentir y de reaccionar. Si uno logra impactar el espíritu, el corazón, la mente de los niños que se ponen bajo la responsabilidad de uno como maestro, creo que esas serían las tareas más importantes y bellas que un ser humano pueda aprender. Y a los jóvenes, decirles que la educación es la vía que les permitirá conectarse con la humanidad. Es a través de la educación, de lo que uno lee, de lo que uno estudia, que se hace miembro de esa comunidad que se llama el universo. Es decir, conectarse con la comunidad del pasado, conectarse con los filósofos griegos, con los científicos de la antigüedad y los científicos de ahora. Eso se logra a través de la educación. De modo, que yo creo que no hay nada que nos humanice más como seres humanos, que dedicarnos de lleno a estudiar y tratar de entender que las demás generaciones que nos han precedido, han reflexionado y han contribuido a estos avances que exhibe la humanidad. Por eso deben tratar aportar su granito de arena a ese esfuerzo.

Lito Santana

Lito Santana

Nació en Tamayo. Locutor y periodista. Ha trabajado en distintos medios de comunicación. Aboga por la participación de todos los sectores en la solución de las dificultades por la que atrevieza el País.

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