PISA es más que mediciones

A partir de la asistencia de Miguel J. Escala al Foro PISA 2025, de consultas a lo publicado y con las opiniones de GPT.

MJE: PISA 2025 sigue generando convocatorias, artículos, entrevistas y comentarios.  Estuve en un encuentro, denominado “Foro PISA 2025: del diagnóstico al diálogo informado y a las decisiones”, que se realizó el pasado 1ro. de octubre, en uno de los salones del Edificio A de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), en Santo Domingo. Una gran oportunidad. 

Foro Socioeducativo, Acción Empresarial por la Educación (EDUCA)
Foro Socioeducativo, Acción Empresarial por la Educación (EDUCA)

La actividad fue organizada por el MINERD (asistieron cuatro viceministros), el Centro de Investigación en Educación y Desarrollo Humano (CIEDHUMANO-PUCMM dirigido por Radhamés Mejía), la Iniciativa Dominicana por una Educación de Calidad (IDEC), el Foro Socioeducativo, Acción Empresarial por la Educación (EDUCA), la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), el Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña (ISFODOSU) y la Academia de Ciencias de la República Dominicana.  Se realizó a casa llena y se tuvo que abrir una sala adicional con pantalla gigante para acoger a los que no encontraron asiento.

Por fin, nos encontrábamos muchos interesados en PISA 2025 y aunque era necesario seguir viendo los resultados, comenzamos a analizarlos y juzgarlos. Algunos se atrevieron a sugerir el actuar.  Lo de “ver, juzgar y actuar” aprendido de muchacho nos servía personalmente como referente para avanzar en el trabajo.  Y sin dejar el “evaluar” que se incorporó posteriormente. 

Me acordé de una presentación que realicé por invitación de INAFOCAM, Evaluación para la mejora: de los informes al cambio institucional.  El punto de partida era que la evaluación no es lo mismo que la medición. Y precisábamos en esa conferencia:

  1. La evaluación no es solo calificar, sino aprender sobre el aprendizaje.
  2. Transformar la evaluación en un proceso de aprendizaje institucional, no solo de medición.
  3. La información solo tiene sentido si genera cambio.

Una vez comprendida la verdadera naturaleza de la evaluación, ahora aplicable a los resultados PISA, me referí a John Biggs y Peter Senge quienes proponen un cambio profundo: la evaluación como una oportunidad de aprendizaje institucional, de retroalimentación sistémica y de mejora continua.  Ambos autores, coinciden en que las instituciones deben aprender de sí mismas si desean transformarse.

Concluimos esa conferencia precisando:

  1. Evaluar es detenerse, mirar lo que hemos hecho, comprender lo que ha ocurrido y decidir juntos cómo hacerlo mejor.
  2. Una verdadera evaluación para la mejora no pregunta solo “cuánto se logró”, sino “qué hemos aprendido y cómo seguimos aprendiendo juntos”.  

EL CHANCE A LA ESCUELA (2023):

Como parte de nuestro marco de referencia, me permito incluir algunos párrafos del documento de RED, cuya construcción fue y sigue siendo parte fundamental de mi comunidad de aprendizaje. 

“Nuestro compromiso es invitar a todos a reflexionar críticamente sobre la educación, especialmente en el contexto dominicano, con el fin de proponer y promover acciones concretas. Hoy queremos enfatizar que cuando hablamos de “todos”, priorizamos la participación comprometida de los propios centros educativos. Esto incluye a los docentes que reflexionan sobre su práctica en el aula, así como a los directores y coordinadores pedagógicos que apoyan y escuchan a estos docentes, y a las familias. También consideramos importante tener en cuenta los aportes reflexivos de los alumnos, sus padres, e incluso los sectores comunitarios involucrados en la vida escolar. Y de un sistema que escucha a la escuela.

De este proceso de repensar colectivo y reflexivo, emergen una diversidad de sueños y una incubadora de proyectos necesarios para alcanzarlos. Si alguna vez nos conformamos con proyectos concebidos en despachos de consultores o técnicos, hoy reconocemos la importancia de que los proyectos surjan sobre todo de la propia comunidad educativa, como resultado de su reflexión sobre lo logrado, lo avanzado y lo que queda por alcanzar. 

La transformación de la educación no se logra mediante decretos, ordenanzas o documentos elaborados, sino cuando sus principales actores actúan. Los distritos no deben imponer proyectos que no emanen del sentir y las necesidades reales de las escuelas”.

MJE:  Para situarnos en los pasos del triple esfuerzo de Ver, Juzgar, Actuar y Evaluar que nos ocupa, le pregunté a GPT que nos dijera el momento en que estamos con respecto a PISA 2025 a partir de lo publicado en la prensa.

 GPT: Revisando lo que se ha publicado en el país desde que se dieron a conocer los resultados de PISA 2025, encuentro una evolución interesante. No todos los artículos tienen el mismo propósito y, por supuesto, no es posible clasificar cada uno de manera absoluta. Pero sí podemos identificar una tendencia.

En un primer momento predominó el VER.

La mayor parte de las primeras publicaciones se concentró en presentar los resultados: los puntajes obtenidos por República Dominicana en Matemática, Lectura y Ciencias; las diferencias respecto de 2018 y 2022; las comparaciones con otros países; la proporción de estudiantes que alcanza los distintos niveles de competencia; y factores asociados como la asistencia, el nivel socioeconómico y las condiciones de aprendizaje.

Pero poco a poco comenzó el JUZGAR.

Ya no se trataba solamente de decir cuánto obtuvimos, sino de preguntarnos qué significaban esos resultados y qué podía estar explicándolos. Aparecieron análisis sobre la distancia entre escolaridad y aprendizaje, las condiciones socioeconómicas, el tiempo efectivo de clases, el currículo, los docentes, las familias, la tecnología y, más recientemente, sobre la experiencia que viven los estudiantes.

El encuentro del 1.º de octubre resulta significativo en este tránsito. Allí no solamente se presentaron o comentaron resultados. Se discutieron interpretaciones y comenzaron a plantearse decisiones. El propio título del encuentro —“del diagnóstico al diálogo informado y a las decisiones”— expresa ese desplazamiento.

Y entonces comienza a aparecer el ACTUAR.

Ya se han planteado decisiones relacionadas con el currículo, el apoyo a estudiantes con rezago, el tiempo efectivo de clases y otras medidas derivadas de la lectura de los resultados. Pero encuentro una diferencia importante entre actuar sobre el sistema educativo y actuar desde las escuelas y con las escuelas.

En este último aspecto hay todavía mucho camino por recorrer. Me parece particularmente significativo que Radhamés Mejía haya planteado, entre sus prioridades, investigar las diferencias entre las escuelas para aprender de las buenas experiencias, además de utilizar la evaluación para tomar decisiones y comprobar posteriormente si las medidas funcionan.

Esto se aproxima mucho a la secuencia que propones:

VER → JUZGAR → ACTUAR → Volver a evaluar.

La pregunta ya no sería solamente cuánto obtuvimos en PISA, ni siquiera solamente por qué obtuvimos esos resultados. La pregunta pasa a ser: ¿Qué podemos hacer con lo que hemos aprendido?

Y, más específicamente: ¿Qué están haciendo de manera diferente aquellos centros educativos que consiguen mejores resultados y qué podemos aprender de ellos?

Si PISA 2025 incluyó 257 centros educativos dominicanos, el promedio nacional es importante, pero no necesariamente cuenta toda la historia. Puede haber diferencias entre centros que merecen ser estudiadas.

El desafío consiste ahora en convertir la información en aprendizaje institucional: que las escuelas puedan mirar sus resultados, comprenderlos, compararse con otras experiencias, identificar aquello que pueden mejorar y decidir sus propias acciones.

En ese sentido, el verdadero valor de PISA no estaría solamente en mostrarnos dónde estamos, sino en ayudarnos a descubrir cómo podemos avanzar.

MJE: Para avanzar o seguir avanzando.

Queda mucho por hacer, pero hay que seguir trabajando con metas claras y ejercicios participativos.  Como dijo María Teresa Cabrera en el Foro: “rendirse no es una opción”. Veamos algunas líneas de trabajo:

  1. Ir a los centros, no solamente a los promedios.

Si queremos actuar, tenemos que mirar qué está pasando en los centros educativos concretos. Los promedios nacionales nos dicen dónde estamos; los centros pueden ayudarnos a descubrir cómo avanzar. Por eso mantenemos nuestra insistencia en identificar aquellos centros que están obteniendo mejores resultados.

  1. Estudiar a quienes lo están haciendo mejor.

No para crear “escuelas modelo” ni para copiar mecánicamente sus prácticas, sino para aprender qué condiciones, decisiones y prácticas podrían estar haciendo la diferencia.

Son posibles variables que necesitamos identificar en el juzgar para luego ampliarlas en el actuar. ¿Cuáles? De seguro habrá que mirar el rol del director, el acompañamiento docente, el clima escolar, el tiempo efectivo de aprendizaje, la relación con los estudiantes y las familias, entre otras.

  1. Hacer que la información regrese a las escuelas.

La información producida por el sistema debe regresar a quienes hacen posible el aprendizaje, sobre todo aquella en cuya construcción han participado quienes están en las escuelas. Debe regresar con nuevas preguntas y no con una nueva exigencia, formularios o programas; como información para conversar, comprender y decidir.

Nos preocupa —y así lo expresé en el foro— que desde la Sede Central se diseñen para ser ejecutados por las escuelas unos diez programas orientados a alcanzar la calidad educativa. Nos preguntábamos cómo hacen los directores y los coordinadores pedagógicos para responder a los requerimientos de los diversos programas, cada uno con un técnico distrital a cargo que se supone que “apoya”, pero que muchas veces termina vigilando que el programa se realice y que se envíe el formulario correspondiente a la Regional o a la Sede Central, donde se acumula con cientos de formularios similares.

Es difícil ver, juzgar y actuar en esas circunstancias. Mucho más, volver a evaluar.

  1. Cuestionar los instrumentos con los que medimos.

Las pruebas, por más científicamente construidas que estén y por mejores que sean sus respaldos internacionales, no necesariamente toman en cuenta las propuestas curriculares de los países. Reflejan, más bien, determinadas concepciones sobre lo que significa formar a niños y jóvenes, concebidas en contextos que muchas veces no conocemos, ni hemos podido juzgar, ni sobre los cuales podemos actuar.

Este tema merece un quehacer regional —un actuar— que excede lo estrictamente psicométrico y psicopedagógico. Las pruebas PISA y otras similares no pueden convertirse en el “cuco” de nuestros sistemas educativos ni determinar por sí solas los ideales formativos de nuestras escuelas. Debemos participar en su interpretación, situarlas en nuestro contexto y decidir qué podemos aprender de ellas y qué no.

PISA ya nos ayudó a ver. Estamos aprendiendo a juzgar. Ahora necesitamos actuar, pero haciendo de la escuela el lugar privilegiado de esa acción.

Incorporamos para avanzar las cinco prioridades expresadas por Radhamés Mejía en el Foro y aportamos nuestro propio juzgar.  Ya expresamos las nuestras, ahora siguen las de Radhamés. 

  1. Detectar y atender las dificultades temprano, antes de que se acumulen.
  2. Cuidar la experiencia diaria: asistencia, pertenencia y clases en las que se piense y se comprenda.
  3. Orientar la tecnología hacia el aprendizaje.
  4. Investigar las diferencias entre escuelas para aprender de las buenas experiencias.
  5. Usar la evaluación para decidir y comprobar después si las decisiones funcionan.

Nos toca varias veces recorrer el camino con los centros educativos: medir para ver → juzgar para identificar factores → actuar para transformar → volver a medir para aprender.  Busquemos cómo lo hacemos.

Miguel J. Escala
Miguel J. Escala
Miguel J. Escala Es educador desde 1969. Estudió Psicología y Educación Superior.

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