martes, julio 23, 2024

Otro atentado al periodista

Por Melton Pineda

Todo empezó una noche mientras estaba en una casa de la 27 de febrero casi esquina Barahona, al lado de la Clínica Chang Aquino, donde visitaba todas las noches la residencia de una joven arquitecta.

Nos sentábamos en la galería de la casa de madera sin advertir el peligro que corría, luego de enfrentar la familia de un exjefe de la Policía, donde en la casa de su madre, había denunciado que ocurrió un hecho lamentable y que fue publicado en varias entregas en el desaparecido periódico matutino El Sol.

Siempre acostumbraba a salir a las 10:00 P. M. de ese lugar.

Usaba un carro SX-180 deportivo, color rojo vino, con los asientos a cuadros, combinados con el color del automóvil.

Ese carro se lo había comprado a un capitán de la escolta de Don Antonio Guzmán que conocía ligeramente y que había decidido mudarse a Venezuela, donde la misma persona que le había regalado ese automóvil.

Yo vivía en un tercer piso en la casa de una familia de Azua, próximo al Plan Piloto de la PN en Honduras, frente a la cancha de Volibol.

Luego de la acostumbrada despedida de las personas me marché y al encender el carro, sentí que un motor, Salta Monte que resonaba mucho, prendió a pocos metros, inmediatamente me dio seguimiento, a todo esto, aunque sospeché algo, no le di mucha importancia.

Seguí por la avenida 27 de Febrero, seguía esa persona en el motor a no muy corta distancia, miraba por el retrovisor y notaba que me seguía. Al doblar en la 27 de Febrero, esquina Leopoldo Navarro, la persona también dobló, pasamos el semáforo en la calle Francia, donde doblamos en la misma esquina del Palacio de la PN, que era de doble vía entonces, el motorista dobló también.

Ante esa actitud, ya comencé a tomarlo en serio, precisamente, andaba desarmado, cosa rara, porque se me había quedado la pistola debajo del colchón, en la pensión.

Seguí por la calle Francia, tomé la México y crucé la avenida Máximo Gómez. El motor me seguía, doblé hacia la avenida Alma Mater, el desconocido del motor agotó el mismo proceder; doblé por la calle Pedro Henríquez Ureña y el motor dobló también, ya en esta situación, me puse nervioso, porque sabía que estaba desarmado.

 Aceleré la marcha con la intención de refugiarme en el Plan Piloto de la Policía Nacional en el sector de Honduras donde residía, porque no creía que me matarían en ese lugar.

 Muy vigilante seguí y doblé en la Pedro Henríquez Ureña con Abraham Lincoln y la persona hizo lo mismo; doblé por la Rómulo Betancourt y el desconocido me seguía, pasé el semáforo en rojo, doblé por la venida Winston Churchill y llegué a una rotonda que había en esa vía en la esquina Sarasota le di la vuelta a la rotonda y efectivamente, el motor dio la vuelta igual que yo. Ya muy próximo, pensé que me iba a disparar en ese lugar por la aproximación que  hizo en su motor.

No sucedió nada, pensé refugiarme en el Hotel El Embajador, no lo hice, acelero el carro por la avenida Sarasota y en el semáforo de la esquina lo pasé en rojo, también el motor, ya nervioso, aceleré el carro deportivo a toda velocidad y el motorista se aproximó tanto, parece en la creencia que me iba a escapar, doblé por la avenida Anacaona en el Parque Mirador Sur y ahí aproveché y pegué un frenazo y el motor me chocó por la parte trasera y voló por los laterales de la avenida Anacaona, donde doblé  y  voló sobre unos bancos. No supe lo que le pasó al motorista. 

Pensé: gané la batalla.

Doblé en rojo el semáforo de la avenida Anacaona esquina Italia, continué hasta la avenida Independencia, entramos detrás de los multifamiliares por la cancha de Honduras y llegué a salvo al edificio multifamiliar donde residía.

Dejé el carro con la puerta abierta, llegué a la escalera de los multifamiliares, donde vivíamos. Pensé que debajo de las escaleras me esperaban unas personas que vivían en el edificio,

Al ver la prisa que llevaba me dijeron, “periodista, periodista, qué le pasa, va asustado… no hice caso, ya en el tercer piso, tomé la llave del apartamento y entré.

Tomé el teléfono de la pensión, y llamé al secretario de la Presidencia, licenciado Hatuey Decamps Jiménez, no lo localicé. 

Entonces llamé al secretario Administrativo de la Presidencia, licenciado Rafael Flores Estrella, ambos, grandes amigos, dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano (PRD). La relación con  esos funcionarios era muy estrecha, porque cubríamos la fuente del Palacio Nacional, para el periódico El Sol.

Le narré al licenciado Flores Estrella con detalles lo sucedido. Me preguntó dónde estaba.  le dije que escapé con vida, que estoy en la pensión. 

Cierra el teléfono y me dice: yo te llamo, déjame llamar al jefe de la policía, Hermida González, dame la dirección, le expliqué más o menos donde vivía, y que había un carro color rojo con la puerta abierta, al lado de la cancha, debajo del edificio en Honduras.

Cierra, cierra, no salga, no salga que eso es por lo que tú has denunciado en el periódico El Sol y en Radio Popular. Te quieren joder. Dame el teléfono de la casa, se lo di.

A los cinco minutos, me volvió a llamar Flores Estrella, y me informó que habló con el jefe de la PN, Hermida, y que este le dijo que ESE ES MI AMIGO, yo le mando protección ahora mismo no hay problemas.

A los cinco minutos, llegaron dos patrulleros, luego llegaron dos carros más, con personas vestidas de civil, que supuse que eran policías o del DNI.

Abrí la ventana desde el tercer piso, al sentir los automóviles detrás y con mi carro rodeado, desde allí le dije si bajaba. Me dijeron: no, no, quédese ahí, no hay problemas, nosotros nos encargamos de esto, quédese ahí, tranquilo duérmase, no hay problemas.

Me llamó Flores Estrella de nuevo para saber si habían llegado las unidades de la policía. Le dije que sí, me dijo duérmase tranquilo que no va a pasar nada, te quieren joder, pero no te preocupes, lo quiero ver allá en el Palacio, el jefe va para allá, se refería al Jefe de la policía Hermida González.  “Yo entero al Presidente mañana temprano desde que entre a su Despacho".

Al otro día acudí al Palacio Nacional, visité al licenciado Flores Estrella y a Hatuey Decamps y le ofrecí los detalles del caso de la noche anterior, ambos nos informaron que el Presidente Jorge Blanco instruyó al Jefe de la policía que nos ofreciera toda la protección necesaria

Desde entonces, la policía dispuso una seguridad especial de dos agentes de la de esa institución especialistas en Guerrillas Urbanas, para que me cuidaran.

Después de unos tres meses, volví  a visitar la PN y me informaron que la trama al parecer estaba disuelta, pero que tomara las medidas preventivas, que se trataba algo relacionado con esas publicaciones, pero que no me apartara de la seguridad policial.

 

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