lunes, abril 22, 2024

Ni los chistes de Lauterio

Por Alfonso Tejeda

Tal vez pretendiendo una indulgencia, esa que desnuda su resuelta valentía al reclamarla, el ecuánime Lauterio Vargas, en un acto desgarrante, confiesa que son "muy malos, sin gracia", sus chistes. Esos con los que pretendía aliviar la tensa sensación que cada tarde flotaba en la redacción del clausurado El Siglo, cuando reclamantes editores confrontaban a reporteros inquietos a los que el rápido atardecer convocaba a la entrega de las notas periodísticas que siempre estimaban "la portada".

Sin pretensión de "ayudar" a Lauterio, pero corroborando su conclusión, de verdad que eran muy malos esos chistes suyos -casi siempre protagonizados por "Lauterito", su entonces recién nacido primer hijo-; tan desabridos eran que ni el jacarandoso Fausto Polanco los celebraba, tal como admitió el autor en "Las Huellas de El Siglo", un libro testimonial en que narra su paso por el antiguo matutino de la calle San Antón, y las vivencias de un grupo entonces conectado a una relación y familiaridad cotidiana.

Yo, que como otros/as tantos y tantas tuve que padecer esos chistes lauterianos, convencido desde entonces que ese "lauro " ( o lastre?) era perenne, recuerdo que, como dice Rubén Blades en Pedro Navaja," la vida te da sorpresas" , esa que me provocó con su declaración José Dantes, el joven abogado responsable del departamento jurídico del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), quién anunció que esa organización y más de una decena de agrupamientos políticos se abstendrían de participar en las elecciones del próximo año, en protesta por la resolución 13-2023 de la Junta Central Electoral (JCE) sobre las reservas de candidaturas.

Y comparo esa declaración con los chistes de Lauterio para exonerar al dirigente peledeista de su inconsecuente inconsciencia mostrada frente a la historia electoral de los últimos 50 años en el país, cuando la oposición política, entonces encabezada por el otrora Partido Revolucionario Dominicano (PRD) fue obligada a ausentarse de las elecciones de 1970 y las del 1974, procesos manejados a su antojo y voluntad por el presidente Joaquín Balaguer, quién desplegó todas las artimañas legales y las fuerzas represivas para impedir la competencia de sus contrarios.

Supongo que, por su edad, el responsable jurídico peledeista desconoce esa realidad, y que puede justificar, porque llegó a ese partido cuando ya este había arriado las banderas de formación que izó cuando aún no había llegado al poder, poder que perdió hace tres años, pero Dantes parece no se ha enterado y cree que todavía pueden imponer su voluntad, tal como lo hacía Balaguer.

Aunque el tema podría rebasar la simpleza de comparar esa pretendida pretensión con los chistes de Lauterio Vargas, también sería un chistoso exceso recordar aquello de que "la historia ocurre dos veces", conclusión a la que un renombrado referente puntualizó: "una vez como tragedia y la otra como farsa". Ahora la historia nos enseñó que los límites son cuestión de tiempo y de oportunidad, pues hasta los chistes de Lauterio pudieron ser superados.

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