Por Yancen Pujols
No hay dos peloteros latinos que huelan más al Salón de la Fama de Cooperstown que Manny Machado y José Ramírez.
En ese mismo sentido, debido a lo acontecido en el pasado Clásico Mundial de Béisbol, podemos decir que la calidad los une, pero hay una distancia enorme en el escalafón del cariño del fanático dominicano.
Machado se lleva todas las flores. El nombre de Ramírez cae pesado y es castigado con el látigo del desprecio por el simple hecho de ser mencionado.
Muchos parroquianos locales expresan su rechazo sin reparo a las ejecutorias de Ramírez, a quien no le perdonan su manejo y ausencia en la justa efectuada en marzo en Miami.
José es un señor pelotero, probablemente el más completo latino de los últimos años y uno de los mejores del negocio en sentido general.
En esta campaña debe llegar a los 300 jonrones (285 en este momento) y a las 300 bases robadas (289 posee en su cuenta), una combinación poco común y que allana el camino a la inmortalidad.
Súmele a eso que debe pasar de las 1,000 impulsadas (952 al momento de escribir estas líneas) y ya compila 400 dobles.
Son números de un caballo que tiene contrato hasta 2032.
Basta con hacer una mención de un posible logro o de una ejecutoria, como un jonrón en partidos recientes, para que lluevan comentarios con un nivel de acidez bastante elevado.
Hay quienes lo defienden. Claro está. No obstante, esa relación está como dos de cada 15 y cuidado.
Aunque no es obligado jugar en el Clásico Mundial de Béisbol ni nada, en esta oportunidad muchos no le perdonan que dijo que sí en primera instancia para en último momento salirse del equipo, probablemente el de más nivel que se ha estructurado desde 2006, el año del primer torneo, a la fecha.
Su manejo no fue el mejor, eso está claro. ¿Merece este trato? Quizás no, pero esa maquinaria se ha encendido y es difícil de apagar.
“Nacido en Cleveland”, “orgullo de Cleveland”, “no me representa”, es de lo menos que se lee en las publicaciones que tienen que ver con el nativo de Baní, quien tras firmar una extensión de contrato con los Guardianes de Cleveland a finales de enero, dijo que era “50% dominicano y 50% de Cleveland”.
Esa expresión fue una daga en los sentimientos de muchos que querían verlo con el uniforme dominicano en la pasada justa mundialista ganada por Venezuela.
Machado, de su lado, es un niño mimado de los criollos. En su caso, es todo lo contrario. Puede aspirar a un cargo electivo y saca muchos votos.
Está a ley de 31 jonrones para los 400, una meta alcanzable en este 2026 con San Diego. Necesita de tres dobles para los 400 y debe pasar de las 1,200 impulsadas por igual. Está bajo contrato hasta el 2033, por lo que se le proyectan los 3,000 imparables (tiene 2,071 en estos instantes) y los 500 cuadrangulares e igual cantidad de dobles. Esos son números pesos pesados.
Se puede dar como hecho que cada peldaño que Machado alcance será bien visto y celebrado. Es el famoso y querido “capitán y ministro de la Defensa”.
En el caso de Ramírez, solo queda esperar que el tiempo cure una herida que en estos momentos está muy abierta y pronunciar su nombre es sinónimo de arrojarle una libra de sal.










