Los grandes beneficiarios de la guerra

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Por Emiliano Reyes Espejo

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¿Quiénes son los grandes beneficiarios de la guerra en Oriente Medio?

Especialistas, a nivel global, especifican grosso modo que las corporaciones petroleras y las industrias de las armas son las grandes beneficiarias.

Se mencionan a los magnos fabricantes de armas estadounidenses Lockheed Martin, BAE Systems, Boeing, Honeywell Aerospace, LaHarris y Northrop Grumman. Al respecto, la publicación SBS en español citó entre las grandes beneficiarias a la corporación estadounidense Lockheed Martin, “el mayor contratista de defensa del mundo”. El precio de sus acciones, según destaca este medio, “subió más del 4 por ciento hasta situarse cerca de máximos históricos”.

Las crónicas de diferentes medios destacan igualmente que “el primer día de operaciones tras el inicio de la guerra con Irán, los fabricantes de armas vieron subir el precio de sus acciones un 1,5 por ciento colectivo el 3 de marzo”.

CBS en español detalla, por ejemplo, que entre las favorecidas están:

-Las empresas australianas obtienen grandes ganancias por la subida de precios de combustible y la escasez de este producto en el mercado.

-Lockheed, que fabrica el avión de combate F-35, el sistema de defensa antimisiles Terminal High Altitude Area Defence (THAAD), misiles de ataque de precisión.

“Según el Quincy Institute for Responsible Statecraft, un centro de estudios estadounidenses que promueve la paz y la diplomacia, el precio de las acciones de esta empresa (Lockheed) ha subido casi un 40 por ciento desde principios de año, a medida que aumentaban las tensiones entre Estados Unidos e Irán”.

Este instituto señala también que subió sus acciones a la empresa RTX, que fabrica el sistema de defensa antiaérea y antimisiles Patriot de largo alcance y el misil Tomahawk; mientras que Northrop Grumman, que fabrica “los bombarderos furtivos B-2, que se utilizan para atacar instalaciones de misiles balísticos iraníes, vio subir el precio de sus acciones”.

El director del Instituto Quincy, Ben Freeman, dijo a SBS News, al referirse a estos fabricantes de armas, que sus valores de mercado aumentaron en millones de dólares solo en los primeros diez días de esta guerra”. Explicó que “una guerra prolongada significa una mayor demanda de bombas y otras municiones producidas por los contratistas de defensa”.

“La guerra –agregó- es literalmente buena para sus negocios”. “Además, los contratistas del Pentágono tienen más de mil grupos de presión en sus nóminas, por lo que hay una razón por la que las voces del público estadounidense –que se opone rotundamente a esta guerra- se están ahogando en (Washington) DC”.

Pero no solamente son estas corporaciones, igualmente se favorecen con este conflicto regional que tiene perspectiva de guerra en continua escalada, los  propios países, como son Estados Unidos, Rusia, Canadá, Noruega y Australia, esta última un fabricante de armas de gran consumo por parte de Estados Unidos.

En tanto Rusia, que sufre sanciones de parte de Estados Unidos y Europa, ha impulsado sus exportaciones hacia la India, que está siendo afectada en el suministro de petróleo a causa de la guerra. “Moscú podría obtener hasta 5.000 millones de dólares adicionales en pocas semanas”, precisan medios digitales.  

La paradoja de la guerra 

Y mientras unos pocos son beneficiados, la mayoría de las naciones, especialmente las no productoras de petróleo, y las del tercer mundo con economías débiles y dependientes, como es el caso de República Dominicana, serán las más perjudicadas con la prolongación de esta guerra insensata, aunque sí protectora de grandes intereses.

El propio pueblo de Estados Unidos como tal sufre los efectos del alza de precios, mientras “Europa se enfrenta a un aumento de la inflación”.

Este es el contrasentido que surge de todo esto. Mientras para muchos la guerra es una desgracia, para otros es solo un medio para obtener grandes beneficios, riqueza, poder, dominio y control. El fenómeno ocurre con todas las guerras, pero esta vez, y muy marcadamente, acontece con la del Medio Oriente entre Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán.

La paradoja de esta guerra fue resaltada por Jagannadha Pawan Tamvada, profesora de la Universidad Kingston de Londres. La académica inglesa escribió en el medio The Conversation, lo siguiente: “Si bien causa dolor a algunos, genera ganancias inesperadas para otros”. Para ésta, “en el centro del conflicto hay una paradoja de los incentivos, según ella, y quienes están mejor situados para ponerle fin son los que más se beneficiarían de su continuación”.

“Determinar quién se beneficia es esencial para entender por qué las guerras persisten mucho después de que parezca racional detenerlas”, precisa.

Los muertos, heridos, mutilados y las destrucciones que causan los misiles y bombas de alto poder destructivo, que arruinan hermosas ciudades que ha costado fortunas y tiempo erigir, no parece importar a los propiciadores y ejecutores de uno y otro bando en esta guerra.

Aquí importan las ganancias, no hay piedad para la especie humana. 

Trump fue sincero 

El propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reconocido con una sinceridad que raya en el espanto, que la actual guerra de su país e Israel contra Irán le está dejando pingües beneficios a su nación.

Trump afirmó que Estados Unidos obtiene beneficios económicos ante el aumento de los precios del petróleo, como efecto de las tensiones en el Medio Oriente, particularmente por el estrecho de Ormuz. “Al ser un gran productor, el alza de crudo hace la producción (de combustible) estadounidense más rentable”, ha sostenido el mandatario en su Truth Social.

Si Trump fue estrambótico en sus declaraciones, la veterana senadora republicana Lindsay Graham, lo fue más cuando declaró: “Vamos a ganar una tonelada de dinero”. Para esta legisladora estadounidense los muertos y las destrucciones de ciudades y naciones no cuentan, su franqueza “rompió el saco”. En una entrevista que concedió a Fox News la senadora no solo defendió la guerra, sino que explicó, además, que Estados Unidos “ganaría dinero” con un nuevo orden geopolítico en Oriente Medio”.

“Cuando este régimen caiga (el de Irán), tendremos un nuevo Medio Oriente”, expresó. Graham afirmó que la administración Trump ayudaría a proteger el Estrecho de Ormuz, una vital vía fluvial ubicada en la frontera sur de Irán y por donde fluye una quinta parte del petróleo y el gas del mundo. 

La guerra nos afectará 

Esta guerra –Estados Unidos e Israel contra Irán- aunque se desarrolla en “el lejano Medio Oriente”, impactará la economía y otros cimientos de la sociedad dominicana. Nadie nos salvará del coletazo. Y así lo reconoció el presidente Luis Abinader en una alocución que dirigió al país. El mandatario informó sobre las medidas que adoptará el gobierno para atenuar los efectos de la crisis generada por esta guerra. Pero ¿son suficientes? Sectores de la oposición política han criticado la pieza presidencial y han hecho sus propias recomendaciones sobre cómo afrontar la acuciante situación, la cual se agrava porque como no somos productores de petróleo, nos vendrán alzas de productos de primera necesidad. Además, se pone en juego nuestra envidiable industria turística y los proyectos de inversión extranjera en curso. 

¿Qué hacer? 

Hay que actuar con inteligencia, con sentido de frialdad y análisis, sin dar pasos a las perturbaciones. En el marco de la realidad antes narrada, en la que se destaca claramente que la guerra se prolongará porque beneficia grandemente a sus auspiciadores, y a sus industrias petroleras y empresas de fabricación de armas, los dominicanos debemos pensar sobre lo que nos espera.

Debemos ver, por tanto, en qué nos podremos beneficiar de la crisis, detectar una brecha en la cual el país pueda aprovecharse y entonces enfocarse, no solo conformarse con administrar la misma.

Una alternativa sería que el gobierno active un plan de inversiones masivas en el sector agropecuario, a los fines de aumentar de manera significativa la producción, no solo para saciar el consumo local sino también, aprovechar para exportar a países cuyas producciones de alimentos también se vean limitadas por esta cruenta guerra. Ahí tendremos un nicho de negocios. Otro podría ser buscar la manera de atraer acá el flujo turístico que no irá a Dubái y al Golfo Pérsico en los próximos años. 

*El autor es periodista.

Emiliano Reyes
Emiliano Reyes
Periodista y Gestor de relaciones públicas
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