Los chicharrones de Salcedo, o la inquietante magia de un sabor inolvidable

Visitar este municipio y no probar un bocado de la tibia masa de un pedazo de chicharrón, es como dejar el paladar huérfano de un inconfundible sabor, cuya magia se queda grabada en una desconocida zona de nuestro subconsciente, la cual, tiempo después de haber saciado nuestro paladar, en nuestra boca, agrada sentir el leve crujir de un sabor que se resiste a dejar de existir. 

En la actualidad, en este municipio, hay no menos que 10 lugares en donde se expende este tipo de comida, la cual se hace acompañar de plátano frito (tostones), batata, guineíto o yuca hervida.

Pese a que durante mucho tiempo la capital del chicharrón era, según conocedores del tema, el poblado capitalino de Villa Mella, sin embargo, y a pesar del tiempo y la distancia, desde que dos luchadoras mujeres, Nena la del "Viejo Mita", en el barrio El Hoyo, zona baja de Salcedo; y Lucía Correa, ambas mujeres formadoras de insignes familias, estas han logrado posesionarse en el gusto de los salcedenses y visitantes.

La popularidad de los chicharrones de Salcedo ha sido tan grande, que en aquellos lugares en donde se venden, sus propietarios han tenido y que improvisar restaurantes informales en donde ya familias completas acuden, al ritmo una vieja bachata, cenan, desayunan o almuerzan.

Desde muy tempranas horas de la mañana, antes de que raye el alba, ya los chicharroneros, se alistan para sacrificar los cerdos escogidos mediante análisis de libras o kilos, para que ya próximo a la 6:00 a.m. el animal esté descuartizado, mientras sus vísceras son usadas para las morcillas, y el resto de sus vísceras, tanto las negras como las blancas, igual preparadas y servidas como "frituras menores ".

Sin embargo, el sabor que adquiere la carne ya lista para convertirse en chicharrón, es relativo, ya que, luego de lavarla, muchos solo les echan sal, agrio de naranja y un poco de agua, en un amplio caldero o paila destinado para tal fin.

Mientras que otros, preparan dicha carne, en base a ají verde, cilantro ancho, “recaíto” verde o del fino, orégano, un poco de pimienta, zumo de naranja agria y sal al gusto, con agua suficiente como para que hierba y vote parte de su grasa, para luego ser depositada a freír con suficiente manteca que también extraen del mismo animal. 

La manera de prepararlo le da al chicharrón un sabor muy particular, ya que además de botar más del 60 por ciento de su grasa, resalta su exquisito sabor, el cual hace del chicharrón salcedense inolvidable. Llega a los cinco sentidos. Es precisamente lo hace inolvidable. Obliga a volver a la tierra de las mariposas.

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