Los 700 jonrones de Pujols y el poder latino en EU

Un atinado comentarista definió al “jonrón” como el más celebrado o temido batazo –según el momento del juego y la simpatía de cada uno-, ese que es difícil de lograr (un ex beisbolista dominicano que solo “disparó uno en su larga carrera), pero no imposible, tal como demostró Albert Pujols, quien desde el viernes habita en el exclusivo y elitista grupo que conforma junto a otros tres ex big leaguers: Barry Bonds, Hank Aaron y Babe Ruth.

Los aldabonazos de Pujols se han completado en más de 20 temporadas en Grandes Ligas y a los 42 años del jugador, cuando ya los beisbolistas están en retiro de una actividad atractiva por los grandes salarios y beneficios que alcanzan unos pocos entre quienes llegan a “la gran carpa”, estimándose que son menos del 5 por ciento de todos quienes tienen la oportunidad de lograr la firma de un contrato.

Por el porcentaje de los que se quedan y por la edad de los que ya están retirados (hay pocos jugadores con 40 o más años, que es cuando en otros oficios y profesiones empieza la madurez en su desempeño), lo que hace del juego de béisbol profesional una tarea muy agotadora, que descarta a competentes prospectos de una manera rápida.

Albert Pujols, dominicano de nacimiento, atraído desde adolescente por una pasión que contagia a muchos, asumió ese oficio con resiliencia (eso que ahora está de moda), la ética del trabajo duro, autosatisfacción y optimismo, cuatro elementos que un estudio reciente de dos universidades californianas dice que han colocado a los latinos residentes en Estados Unidos como tercero con el crecimiento más rápido en su PIB entre diez grupos en la última década.

Los 700 jonrones del quisqueyano y el inusitado PIB de 2.8 billones de dólares alcanzado por los latinos en Estados Unidos son dos de los pilares que revelan su potencial, el que complementa otros datos de una reciente encuesta del New York Times/Siena Collage, la que destaca el pugilato de los partidos Demócrata y Republicano por atraerse el voto mayoritario de los 32 millones de latinos con derecho al sufragio.

La manera en que voten los latinos será un asunto fundamental en las elecciones de noviembre y para el futuro de la política estadounidense”, dice la encuesta que amplía: “la participación de los electores latinos es decisiva en la lucha por el control del Congreso y conforman una parte considerable de los votantes –hasta el 20 por ciento- en dos de los estados que más probabilidades tienen de decidir el control del Senado: Arizona y Nevada”.

Demócratas y Republicanos comparten por igual la matrícula del Senado a 50, y (corresponde por ley a la vicepresidenta, ahora la demócrata Kamala Harris, decidir en un posible empate), situación que ha generado al gobierno de Biden profundas limitaciones para desarrollar parte de su agenda administrativa para enfrentar las calamidades que atrofian el potencial económico, político, cultural y social del país.

“La morena Salazar”, con una mirada aguda, siempre aconseja a los dominicanos residentes en Estados Unidos, particularmente en Nueva York, integrarse a la política local y pone de ejemplo que la cantidad de quisqueyanos residentes en El Bronx (ahora asiento mayoritario de estos), si los dominicanos se integraran podrían constituirse en un grupo con potencial para elegir por sí solo al alcalde de la ciudad, de acuerdo con los números de las últimas elecciones para ese cargo.

Como dijo recientemente en una entrevista Alejandro Iñarritu, mexicano y director de cine, sobre el emigrar: “implica aceptar de alguna forma el final de algo, y de renacer de nuevo y reinventarte”, porque “los que nos hemos ido, aun volviendo a tu país, ya no puedes volver. Ya no hay vuelta atrás”.

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