jueves, abril 25, 2024

López Obrador, un fenómeno ignorado 

Por Eloy Alberto Tejera 

Andrés Manuel López Obrador es un presidente mexicano atípico, pero no al estilo de uno dominicano que usaba chacabanas y era chabacano.  Este tiene otros aires caribeños. Oriundo del hermoso estado de Tabasco, de donde era su gran amigo, el poeta Carlos Pellicer. Llegó a la presidencia en el mes de diciembre del año 2018 contra todos los pronósticos y cuando todos creían que estaba casi liquidado. Que era momia política. El mismo, desembarazándose de los esparadrapos que le asfixiaban,  anunció que si perdía en el 2018 se retiraba de la vida política para siempre. Ah olvidaba, miren algo, siendo mexicano, en vez del fútbol, por el béisbol es que se desvive. Y en esa tesitura en el 2018 agarró el bate, y con árbitros y todo en contra,  lo que ha tenido desde entonces es temporada de ensueño. 

Es así como quiso el destino que AMLO llegara, y desde entonces México vive un terremoto político. No es que ha polarizado la política mexicana como muchos han querido decir maliciosamente. Es que ha puesto bien claras las cosas y las posiciones que tiene cada cual: el mexicano oprimido está con él, le apoya con fervor, el que quiere la continuidad del clasismo, del abuso de poder y de los privilegios, está en su contra, y lo odia con todos los intestinos y las ganas hacia afuera. Y eso es feo. 

AMLO, así le dicen también cariñosamente, sobrevivió a un ataque al corazón, a las componendas políticas más terribles, entre ellas, un pretendido desafuero para que no fuera candidato, dos elecciones presidenciales robadas, campañas publicitarias en las que participaron intelectuales como Enrique Krauze, que más saber teorizar lo que han hecho es vivir de la teta del Estado mexicano. 

Su honestidad lo ha catapultado, y no la demagogia. Se rebajó el sueldo. Mientras viaja por tierra y por los aires como un ciudadano cualquiera e inaugura un espacio denominado “Las mañaneras” donde permite que todos los periodistas les pregunten lo que quieran, los opositores se empecinan en observar nimiedades: que si el presidente viste mal, que si sus zapatos lucen deteriorados y hasta juraban que quería quedarse en el cargo.  

Sin embargo, la prensa internacional, incluyendo la dominicana, lo ha ignorado, dice poco o nada. Le dedica pocos espacios, a pesar de que tiene una tasa de aceptación altísima, comparada a la del presidente salvadoreño Nayib Bukele, pero con la peculiaridad de que AMLO no se vale de parafernalias ni paga asesores que le pulan la imagen.   

No obstante, la gesta es muy grande para ignorarla. Se fue del PRI y fundó el PRD, y también se fue del PRD y fundó Morena. En menos de diez años hizo lo impensable: primero fue presidente por una agrupación nueva y, luego derrotó al PRI que llevaba 94 años gobernando el Estado de México.  

Es un personaje político de gran catadura, superior, distinto y renovador, para conseguir con éxito ignorarlo, aunque quieran empequeñecerlo. La prensa puede mirar para otro lado, pero la luz de AMLO es muy grande e ilumina todo el firmamento. Se ha impuesto contra viento, mares, mareas y golpes bajos. 

Como él pocos presidentes pueden manejarse con total independencia. Cuando se quiso asfixiar a Venezuela, se puso en contra. Cuando la comunidad internacional reaccionó tibia a los golpes de Estado contra el presidente boliviano Evo Morales y el peruano, recientemente, Pedro Castillo, él los condenó sin medias tintas. 

Andrés Manuel es de los pocos políticos que puede pasearse por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) sin escoltas. A cualquier otro político que intente eso se lo comen vivo. Tiene que salir huyendo como gallina culeca. 

En su vocabulario están siempre las palabras compasión y humanidad, y es fiero cuando escucha la palabra neoliberalismo. Es de pocos presidentes latinoamericanos que no se anda con lindezas o subterfugios cuando hay que decirle sus tres cosas a la ONU, incluyendo hasta dos a los Estados Unidos. Y fue el único que defendió a un Nicolás Maduro acorralado. Pone siempre el “metiolé” sobre las llagas que la desigualdad causa. Habla de racismo y clasismo en Latinoamérica, México y El Caribe. Con quitarle el estado de México al Partido Revolucionario Independiente (PRI), al triunfar la maestra Delfina Gómez, ha dado un palo por los cuatrocientos once dejando al estadio político y a la fanaticada opositora en ascuas. La oposición, dolida, aún está buscando la bola, mareada por el tamaño de ese estacazo que hace recordar al más grande de todos los toleteros: Babe Ruth.  

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