Lo aprendimos en la pandemia

El año 2020 fue desastroso y mortífero para la especie humana, la irrupción de la pandemia puso el planeta patas arriba generando la mayor crisis sanitaria de la historia mundial, lo que afectó como nunca antes en la historia antigua y contemporánea todas las esferas de la vida: Salud, economía, comercio, distribución, cultura, intercambio, etc.

El mundo estuvo atrapado y con puertas cerradas desde el exterior y controlada la movilidad interior en cada nación, en cada terruño territorial.

Las cifras de muertes son alarmantes, a nivel mundial los fallecidos fueron superior a 6,3 millones de habitantes hasta el 12 de junio del 2022, repartidos los fallecidos por Continente de la manera siguiente: En América 2,758,090; en Europa 1,997,305; en Asia 1,305,453; en África 254, 467, y en Oceanía 13,373 fallecidos hasta inicio del 2022.

Es decir, con la pandemia, además de las vidas perdidas, se restringió el desplazamiento y la libertad de acción al interior de cada nación.

Una enseñanza aleccionadora y que no debe ser desdeñada ni tirada al olvido por ningún Estado es la fragilidad de las economías dependientes del exterior, es decir, el turismo como motor de la producción nacional durante el contexto global de la pandemia fracasó y mostró su inutilidad en medio de esa avalancha sanitaria y, aunque esta "chimenea" se ha logrado recuperar en naciones como la nuestra, eso no inhabilita la enseñanza aprendida.

Cuando la pandemia llegó a su pico más alto, tanto las importaciones como las exportaciones nacionales quedaron paralizadas.

Lo lamentable del caso es que no se ha actuado en correspondencia con la lección y hemos ignorado la enseñanza. Por ello la respuesta conformista del oficialismo se limita a recuperar el turismo y promover los huertos caseros, cuando se ameritan decisiones trascendentales de cara a preparar la nación para resistir y poder sobrevivir ante contingencias sanitarias iguales.

Ante el rebrote global y nacional del coronavirus se impone la audacia preventiva del gobierno en materia económica y sanitaria.

El gobierno debe levantar la antorcha de la Reforma Agraria a partir de un plan y una visión estratégica integradora.

Dicha Reforma debe contemplar los aspectos siguientes:

  1. Rescindir el acuerdo con el Consorcio Azucarero Central, y trazar líneas para poner todas esas "tierras del CEA" a producir.
  2. Revisar todos los asentamientos del Instituto Agrario Dominicano (IAD), en la lógica de recuperar las tierras en manos de tutumpotes y terratenientes y revertir el acaparamiento de 20, 30 y hasta 40 parcelas en una sola persona a través de testaferros.
  3. Ordenar al Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDHRI) asumir el control real y distribución equitativa de todas las aguas para el regadío.
  4. Junto con la inauguración de la presa de Monte Grande, asentar en cooperativas a los productores agropecuarios en los llamados terrenos del CEA y el Salado de Neiba, previo a la creación de un Consejo transitorio donde estén presentes el gobierno, las iglesias y las fuerzas políticas y sociales de cada región en dónde se pondrán en marcha los planes, y cuya función sea velar por una distribución justa de las tierras, creando cooperativas con recursos en insumos, maquinarias, finanzas, asesoría y fiscalización.

Es decir, vamos a incentivar con hechos la producción nacional a gran escala, poniendo las tierras en manos de los productores agropecuarios de cara a generar respuestas ante cualquier contingencia sanitaria o de cualquier otra índole..

Santo Salvador Cuevas

Santo Salvador Cuevas

Quien escribe es militante social de larga data, egresado con honores de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) licenciado en Filosofía y Letras, con residencia en el municipio de Tamayo, al Sur del país.

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