sábado, marzo 2, 2024

La violencia intrafamiliar

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Por Federico Pinales

         Insisto en este tema, porque noto que a medida que aumentan los feminicidios, se disparan todas las alarmas, lo cual es humanamente justificable, pero se ocultan los maculinicidios, los niñicidios y los viejicidios. 

En mis entregas anteriores he dejado claramente establecido mi repudio total a los feminicidios y cualquier forma de violencia hacia las mujeres, incluyendo la violencia silenciosa que se da en la intimidad, cuando por cualquier razón humana uno de los dos no puede complacer los instintos carnales del otro.

Obligar por la fuerza física, o mediante el chantaje y la manipulación, a una pareja a tener relaciones íntimas en contra de su voluntad, constituye un acto de violencia tan repugnante y repudiable como una agresión física.

De ese tipo de violencia, más frecuentes que todas las demás, y que la practican ambos por igual, se habla poco, pero en muchos casos, se desencadenan otras violencias como las verbales, psicológicas, emocionales, económicas y sentimentales, que finalmente terminan en infidelidades, descrédito público, separaciones, divorcios y en el peor de los casos, en la muerte de uno de los dos, en el encierro para el sobreviviente, la orfandad para los hijos y la carga social para el contribuyente que nada tuvo que ver con la huelga de piernas involuntarias que degeneró en esa terrible desgracia familiar.

Es por esas y otras razones humanas, espirituales y económicas que el tema de la violencia doméstica hay que tratarlo en forma integral, con todas sus variables, para poder elaborar políticas públicas que beneficien a todo el núcleo familiar, incluyendo a niños y ancianos, debido a que estos últimos son víctimas colaterales de los conflictos entre las parejas.

Es recomendable incluso políticas o programas de orientación matrimonial, como medida preventiva, debido a que muchos conflictos entre personas que se aman y lo tienen todo resuelto, se deben al desconocimiento y a la falta de comunicación para tratar temas sencillos que por ignorancia se les vuelven complejos, como puede suceder con el caso de la huelga de piernas.

Cuando un ser humano está estresado, siente una molestia corporal, tiene un problema que le preocupa, ya sea económico, sentimental o familiar. Todo lo que antes le producía placer ahora le molesta, y eso lo ignora mucha gente, hasta con niveles universitarios.

Por todo lo antes dicho, el problema de la violencia intrafamiliar no es asunto solamente de policías, fiscales, abogados, cárceles, hospitales y cementerios. Deben intervenir educadores, orientadores, sociólogos, terapistas, sexólogos, médicos generales y hasta siquiatras, con el patrocinio y dirección del Estado, a través de sus diferentes instituciones. Esto es si se quiere realmente bajar los niveles de feminicidios, masculinicidios, niñicidios y viejicidios.

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