domingo, abril 21, 2024

¡¡La vergüenza de aguantar, la dignidad de resistir!!

Por Alfonso Tejeda

La fina línea que a veces sinonimiza aguantar y resistir se robustece y relieva hasta contornos separadores, si se confronta en el discurrir histórico, protagonizado por el pueblo, heredero de aquellos primeros pobladores a los que la iglesia católica -la institución- hoy reconoce su condición humana. 

Aquellos indígenas, que no soportaron las atrocidades de sus verdugos -que provocaron su casi inmediata desaparición- tuvieron que aguantar la lastimosa vergüenza que a fuerza de garrotazos y otros abusos les impusieron "sus conquistadores", vergüenza extendida hasta nuestros días en el llamado "complejo de Guacanagarix", esa falencia que nos pretende ser genuflexos. 

Resistir fue, y es, la rebelión de los esclavos, que nos legaron en el cimarronaje, la actitud y disposición a romper amarras, por muy fuertes que las aten quienes pretendan someternos a aguantar su soberbia y abusos. (También heredamos lo que un acucioso indagador social dice fue sustento y es expresión del cimarronaje: ese prodigio culinario que Torres-Saillant define como "la prodiga combinación de elementos dispares", y que el pueblo llano llama Sancocho.) 

Y una “pródiga combinación de elementos dispares", la más radiante y efectiva muestra del resistir dominicano, que puso fin a un prolongado "aguantar" en enero del 2017 es la Marcha Verde, que cuál torrente del Popocatepetl (el volcán mexicano) arrastró a quienes durante cinco periodos de gobiernos se creyeron incólumes. 

Marcha Verde rescató ese cimarronaje incrustado en el ADN del pueblo dominicano, en el que la dignidad se cuece y crece, y que en ese momento se hizo guía que coadyuvó en el y al Cambio, el que hoy sigue cosechando los más contundentes logros, tal como acaba de suceder con el elogio del presidente Joe Biden a la lucha contra la impunidad y la corrupción en el país. 

Méritos merecidos caben al presidente Luis Abinader por concretizar su promesa de enfrentar la impunidad y la corrupción en el Estado, tarea que han desarrollado con robusto énfasis y más cuidadoso independiente proceder las magistradas/os Mirian German y Yenny Berenice, y Wilson Camacho junto a colaboradores a la altura del trío líder. 

Las hojas de vida de ellas y ellos, transparentes y sin requiebros en su ejercicio profesional, garantizan a aquellos que pretenden desacreditar el necesario y ya indetenible proceso de respeto y buen manejo de los bienes públicos, proceso al que quienes carecen de la fuerza para aguantar y la dignidad para resistir buscan engañar incautos, acción que les permitió durante cinco administraciones gubernamentales protagonizar las acciones por las que hoy son reos. 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

spot_img

Las más leídas

spot_img

Articulos relacionados