La salud del pueblo

No hay desarrollo ni bienestar para una comunidad, si se afecta la salud de los ciudadanos, y no me diga nadie que ama a su comunidad si no vela, vigila y se preocupa por el bienestar y la salud del pueblo.

El ayuntamiento, así como todas las instituciones públicas (en sus programaciones y planes) deben priorizar como principal tarea el vigilar que no se afecte y perjudique la salud de la gente, que es igual a decir vida saludable para todos.

La sociedad arrastra los problemas cardinales que deben resolverse, ya por necesidad y, además, porque son compromisos de campaña de quienes dirigen la cosa pública:

  1. El sonido infernal que no cesa a ninguna hora, en bares, motores que corren por las calles sin moflers, disco lay a alto sonido corriendo por todos los rincones de la ciudad, etc.

Se calcula que 3 de cada 4 personas en las ciudades del mundo sufren las consecuencias de esos sonidos incontrolables e infinitos, lo que afecta el oído, el estado emocional de la gente y genera dificultades colaterales a toda la salud. Con la desgracia, en muchos casos, que la autoridad con facultad legal para actuar, muchas veces se convierte en cómplice y promotor de esa música fatal hasta altas horas de la madrugada, siendo más frecuentes durante las fiestas patronales que se celebran en cada municipio y paraje de todo el territorio nacional, y eso se da porque no se piensa en la salud del pueblo, sino en politiquería, en acumular simpatía y aplausos.

  1. A estas alturas de juego, después de sufrir las consecuencias del Covid-19 que estremeció el planeta, que puso a República Dominicana patas arribas, con su cadena de muertes, pánico, confinamiento, cuarentena, y con brotes que resurgen cada cierto tiempo amenazando la vida de los ciudadanos, el tolerar con toda la indiferencia del mundo que las carnes que consumen los habitantes del municipio o las grandes ciudades se sigan vendiendo al intemperie, no solo es descuido y gran irresponsabilidad de la autoridad compete, es más que eso, es un acto criminal (tal vez involuntario) pero es inaceptable, y eso da hasta miedo vivir en un mundo de funcionarios incompetentes y de una sociedad civil alienada y conformista.

Las carnes para el consumo humano deben transportarse en vehículos refrigerados, supervisados por un experto en sanidad, transporte vigilado en el trayecto del matadero al mercado. Ese producto debe venderse bajo techo, refrigerado y saneado, con el carnicero uniformado, con su mandril y gorro al día.

El ayuntamiento, salud pública y el Ministerio de Medio Ambiente, debe ser celosos vigilantes de que en eso no se falle.

El clamor debe ser nacional, pero invocamos a los tamayeros que residen en el municipio de Tamayo, y en cualquier latitud del mundo, a quienes invitamos a integrarse a la gran batalla por el desarrollo para nuestra comunidad.

La próxima semana volvemos con más.

Santo Salvador Cuevas

Santo Salvador Cuevas

Quien escribe es militante social de larga data, egresado con honores de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) licenciado en Filosofía y Letras, con residencia en el municipio de Tamayo, al Sur del país.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.