La miseria humana

Por Alfonso Tejeda
Imposible era frenar la tempestuosa voluptuosidad que cual intensa catarata se convirtió la final del mundial de fútbol protagonizada por Argentina y Francia, disputa que presenciaron más de cuatro mil millones de personas a lo largo y ancho de este mundo que la globalización, pese a todas sus carencias y maldades, "solidariza" en ocasiones.

Si ni siquiera sonrojaron a sus organizadores las tempranas denuncias de corrupción en asignar la sede al país anfitrión -Qatar- ("un pantano moral" lo definió el catedrático Joseph Weiler, de la Universidad de Nueva York), ni los posteriores reclamos de respeto a los trabajadores importados para construir los deslumbrantes estadios en que se jugaron los partidos, tampoco resultó, por el momento, insistir en la falta de derechos políticos en ese país.

Hoy, argentinos/as, y también muchas/os latinas/os celebran a ese país y a su nuevo ídolo, Lionel Messi, y sus merecidos triunfos, que con estos han soldado una "reconstrucción" emocional y propuesta de fe ante la frustración y descalabro de Argentina. Al igual que en Brasil, que su equipo no pudo darle a Pelé la satisfacción de otro campeonato, su participación en este mundial ayudó a restaurar su identidad amenazada por el bolsonarismo.

Y es que en esa victoria de Argentina sumó todo y mucho más que el denodado esfuerzo y dedicación del equipo, la pasión de todo un pueblo y la solidaridad "continentalista" de quienes asumieron como reivindicativa la disputa frente a Francia. También operó, a decir del muy ponderado periodista de El País, Juan Arias -quién se ha dedicado a reseñar los asuntos de el Vaticano en los últimos 50 años- el probable ruego papal de Francisco, sumo pontífice argentino que cumplió 86 años el sábado, del que dice nadie "duda que pidió de regalo al cielo la victoria al biceleste".

En ese ambiente era poco probable que la petición de pronunciarse a jugadores y fanáticos, subida a las redes por un desconocido "youtuber" argentino, que concitó el rápido y firme respaldo de la inmensa colombiana Shakira, muy ligada al fútbol, y que ya antes la Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas Profesionales había solicitado revocar la pena de muerte contra Amir Nasr-Azadami, un ex futbolista iraní.

Amir Nasr-Azadami está condenado a la horca, a la que ya se sometió a otros dos jóvenes iraníes, que como Amir y miles más de iraníes en su país y otra partes del mundo condenan y protestan ante el régimen por la muerte de la joven Masha Amin, apaleada en un cuartel policial por llevar mal puesto el turbante con que toda mujer debe cubrirse en Irán, "delito a la moral", que los ayatollahs imponen desde que en el 1978 regresara al poder Jomeini, quién restituyó en esa sociedad un código "de conducta" ancestral y rígido, mediante el cual ha sido condenado el escritor Salman Rushdie desde 1989, cuando publicó "Los Versos Satánicos" , quien en agosto pasado sufrió la agresión de un fanático de 24 años, que le provocó daños en un ojo y una muñeca.

Y si era difícil lograr siquiera la atención de los jugadores -solo uno de la selección de Irán se atrevió a protestar en las redes-, ni que decir de la fanaticada, que actúa según los parámetros con que la sociología ha caracterizado a "las masas", que "entubadas" son capaces de las peores acciones, y de esas "miserias humanas" que por demás se prodigan con una frecuencia espantosa en redes sociales, caracterizadas por la inmediatez y el vacío, la más de las veces.

Sin la audiencia ni la expansión del pedido del "youtuber" apoyado por Shakira, en el país se vivió otra experiencia de esas "miserias humanas”, cuando rápidamente se multiplicó la difusión de una supuesta "investigación" en la que el ex-ministro de Educación, Roberto Fulcar, "confirmaba" e "implicaba" a importantes figuras políticas como supuestamente "beneficiarias" de recursos en dólares provenientes del narcotráfico con los que llegaron a ocupar las posiciones que ahora tienen.

¡Sorpresa! Tal vez me arriesgo, provocó que un experimentado periodista que ejerció roles importantes en calificados equipos de investigación de respetados periódicos y que ahora encabeza un pelotón radiofónico, diera "cancha" a esa versión amplificando con entrevistas a repetidores de una versión que una simple contrastación de datos descartaba, para luego pretender "justificarse" en el silencio de la familia del ex-ministro ante los padecimientos que aquejan a este y que lo han llevado a procurarse atención médica en Estados Unidos.

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