La fórmula dominicana para la estabilidad de Haití

La disposición mediante la cual el gobierno haitiano decidió aumentar los precios de los combustibles desató la última ronda de violencia en Haití, que esta vez tuvo como protagonistas a amplios sectores de la población, que se movilizaron agresivamente, sin aparentemente contar con el estímulo de las bandas criminales o de los grupos políticos.
La cuestión es que nueva espiral de violencia puso a Haití en el primer plano nacional, y motivó que los gobiernos de República Dominicana, Francia, España y México retiraran su personal diplomático, y provocó también que el presidente dominicano Luis Abinader aprovechara la asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA) del pasado miércoles para de nuevo pedir el auxilio internacional para los haitianos.
El silencio de los grandes países con vínculos tradicionales con Haití siguió primando, y durante la gira de Abinader por
Washington, donde acudió a una mini cumbre de gobernantes caribeños con la vicepresidenta Kamala Harris, el tema haitiano fue el gran ausente.
Mientras Haití ardía, los convocados, presidentes de Surinam, Chan Santokhi, y de Guyana, Irfaan Ali; la primera ministra de Barbados, Mia Mottley, y el de Trinidad y Tobago, Keith Rowley, prefirieron hablar en general de la región del Caribe, y Harris puso énfasis en el interés del presidente Joe Biden de reforzar los lazos de EE.UU. con el Caribe y ayudar a la región con todos sus desafíos, incluida la batalla contra la crisis climática, en la que las islas están "en primera línea".
El presidente Abinader no le quedó más alternativa que llevar su discurso al seno de la OEA, donde dijo que en Haití se libra una “guerra de baja intensidad” y que para República Dominicana es una cuestión de seguridad nacional. “La crisis que desborda las fronteras de Haití es una amenaza para la seguridad nacional de República Dominicana”.
Sugirió que “tan pronto como las condiciones de seguridad lo permitan”, debe trabajarse “con las autoridades haitianas para organizar un proceso electoral que dé como resultado un gobierno y autoridades electas con liderazgo, legitimidad y respaldo popular.” Y exhortó a la OEA a “continuar desempeñando acciones fundamentales en pro de unas elecciones democráticas.”
“Debemos actuar con responsabilidad y se debe actuar ahora. Una vez más, República Dominicana tiene la necesidad y el deber de reiterar que la más duradera y robusta respuesta a la crisis haitiana debería venir de los haitianos. Abogamos y deseamos que así sea, pero cada vez vemos más lejana la posibilidad de entendimiento y consenso en esa vecina nación.”, dijo Abinader ante el Consejo Permanente de la OEA.
La grave situación de Haití está precedida por el hecho dramático de su tragedia histórica. El asesinato del presidente Jovenel Moise y el desencadenamiento de la violencia con nuevas características, como la operación de las bandas al margen de la ley y el predominio del crimen como modo operandi, ha sido solo un capítulo de lastre que pervive siglo tras siglo.
Soluciones para Haití
La propuesta del presidente Abinader no es la primera ni será la última formulada como solución para Haití. Esta al menos insiste en la responsabilidad de los propios haitianos de buscar una salida, obviamente, con ayuda internacional. Pero habría que ver si el deterioro de la vida en esa nación soporta un proceso electoral sin antes dar algunos pasos en diferentes direcciones.
Algunos plantean abiertamente la necesidad de una intervención multinacional con el patrocinio de las Naciones Unidas, de modo que se restablezca el orden y la paz, y entonces instalar un gobierno con un mínimo de legitimidad.
Nueva vez se habla de un Fideicomiso internacional para gobernar a Haití, lo que igual sería una solución externa a un problema que tiene sus propias especificidades asociadas al conglomerado humano que se enfrenta a problemas subyacentes como el racismo, la inconmensurable desigualdad social, el analfabetismo, el desempleo, la deforestación y la ya inexistente institucionalidad.
La historia sugiere que las intervenciones no resuelven los problemas en Haití. En 1915, después de un largo período de inestabilidad, Estados Unidos invadió esa nación hasta 1934, para asegurar sus intereses vitales. Tras su salida, la inestabilidad o la dictadura fueron la constante en esa nación, hasta que en 1991 el pueblo haitiano eligió a un presidente por la vía democrática, Jean Bertrand Arístides, que fue derrocado por Estados Unidos con la participación dominicana en 2004. De nuevo el caos se adueñó de esa nación, y con el patrocinio de Norteamérica las Naciones Unidas establecieron una Misión de Estabilización en Haití, MINUSTAH, que logró algunos niveles de convivencia por algún tiempo, hasta que se evidenció su ineficacia.
Los países ricos y Haití
La agudización de la ingobernabilidad de Haití se renueva en medio de una coyuntura internacional marcada por graves tensiones entre las potencias que en los últimos tres siglos han gobernado el mundo.
La guerra entre Rusia y Ucrania ha conducido a una renovación de la vieja tensión entre “Occidente” y Rusia, y sus potenciales aliados de Asia, que se resisten al predominio de potencias como Inglaterra y su excolonia, la Unión Europea y Japón, frente a la heredera de la desaparecida Unión Soviética. El mundo asiste a una nueva confrontación por espacios vitales. Rusia que recela de una aproximación de la Organización del Atlántico Norte (OTAN) a través de Ucrania, y China que se afirma como potencia global, que busca su espacio económico y la integridad de su territorio.
Un mundo en tensión hace que Haití sea pajita de coco en el patio americano, que solo inquieta a República Dominicana.
La solución dominicana
Pero Haití tiene una “aliado” en la escena internacional para recuperar su necesaria condición de nación, para el establecimiento de instituciones y la convivencia, pero recela de la ayuda dominicana, al extremo de que puede decirse que por momento la ve con desprecio.
Total, el gobierno dominicano lo que clama es que quienes colonizaron (Francia) y ocuparon Haití (Estados Unidos) y su socio Canadá, le briden la mano.
Un enfoque poco convencional sobre la historia y la realidad haitiana sugiere un vistazo hacia el Este de la isla, la República Dominicana, hasta donde sus antecesores trataron de extender fallidamente su soberanía proclamada en 1804.
República Dominicana, igual que Haití, sufrió una intervención militar norteamericana en 1916, vivió un proceso de inestabilidad y dictadura, incluso, tuvo un presidente elegido por el voto popular en 1963 (Juan Bosch), derrocado con los auspicios de Estados Unidos, hasta que después de la insurrección cívico-militar de 1965, inició un período de relativa estabilidad con un gobierno semi dictatorial liderado por Joaquín Balaguer, que desplazado en 1978, evolucionó con un largo período de convivencia, con altas y bajas, que se ha extendido hasta estos días.
La nota más resaltante en todo ese tiempo ha sido un trabajoso proceso de concertación, sea para la crisis postelectoral de 1978, como para la salida al tranque electoral de 1994, cuando Balaguer cometió un fraude contra José Francisco Peña Gómez y el Partido Revolucionario Dominicano (PRD). La salida estuvo mediada por el diálogo y un Pacto por la Democracia.
Haití es Haití y República Dominicana es República Dominicana. Haití carga con la herencia y secuelas de los ancestros, más sus graves tensiones raciales, pero comparte una historia en la isla. También está vinculada una poderosa nación (Estados Unidos) que cíclicamente impone su voluntad.
Pero la solución dominicana a sus grandes problemas de convivencia pacífica desde el siglo pasado, ha pasado por el diálogo y la concertación nacional.
¿No pueden los haitianos intentarlo? Mirar de manera diferente hacia República Dominicana, sin prejuicios ni resabios, y aprender de sus moderados logros para convivir en relativa paz y avanzar en el progreso económico, social e institucional.
Claro, República Dominicana no puede ser la garante de ese diálogo. Sí un referente por la enseñanza de la historia. Quizás los amigos de Haití podrían también considerar la fórmula dominicana para la paz haitiana.
Al final, los haitianos tienen que ser los actores y protagonistas de su filme.

Osvaldo Santana

Osvaldo Santana

Osvaldo Santana es periodista.

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