Juan Miso Yan: "Nuestra juventud no puede permitir que su pobreza económica se convierta en pobreza mental"

Por LITO SANTANA
Para el joven profesional de la medicina, Juan Mizo Yan la Zona Cañera de la región Sur tiene un enorme potencial para su desarrollo. “Lo que no puede permitir esta gente es que du pobreza económica se convierta en pobreza mental”.
Este dirigente comunitario cuenta cómo rebasó los límites del Batey para convertirse en un profesional que además de médico trabaja en el Programa de Asistencia de Emergencias 911, traduciendo a tres idiomas las dificultades de quienes necesitan sus servicios.
A ccontinuación la entrevista para pronosticamedia.com.

¿Juan, de dónde vienes?
Del Batey Uno, en el Ingenio Barahona, en la provincia Bahoruco, región Sur de nuestro País.
¿En qué año llegaste a la capital?
En 1998.
¿Dónde estudiaste?
En la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
¿En qué te graduaste?
Medicina.
¿Con qué sueño viniste a la Ciudad?

Con un sueño grande, especialmente con el de terminar un edificio de estudiantes que nosotros habíamos iniciado en 1992. Luego, al llegar acá, el deseo mío fue que aparte de mi persona, haya más estudiantes de los bateyes que estudien en la capital, porque ese es uno de los grandes problemas que tenemos a nivel de la provincia Bahoruco, el que los estudiantes terminan el liceo secundario y por situaciones de alojamiento, no tienen dónde vivir y se truncan sus sueños de hacerse de una carrera profesional.
Entonces empecé ese proyecto en 1988, apenas de nueve años de edad, y en el 1992 fue que tomamos la primera iniciativa para este ideal, y cuando llegué aquí en el 1998 recuerdo que yo empecé a contactar las instituciones que nos podían ayudar.
En ese momento investigué dónde trabajaba mi amigo periodista Lito Santana. Le visité e inmediatamente en el desaparecido periódico El Siglo mandó a una periodista muy humilde, muy trabajadora, llamada Adriana Peguero, que nos visitó en el lugar de la construcción.
Hicimos un reportaje muy bonito cuya foto fue publicada en primera plana, y a partir de ahí empezamos a recibir la ayuda para el edificio de estudiantes de las zonas cañeras.

¿De dónde llegó esa ayuda?

La primera vino del desaparecido Banco Intercontinental (BANINTER). Ellos llamaron al periódico El Siglo y me invitaron a una reunión con el mismo dueño de esa institución, don Ramon Báez Figueroa (Ramoncito) y de inmediato nos brindó su ayuda. En eso el director del periódico, periodista Osvaldo Santana, jugó un papel estelar. También para terminar ese edificio nos ayudó el Instituto Nacional de Algodón, que estaba dirigido por José Féliz, un joven de Tamayo que nos dio un impulso. Recuerdo que nos puso las persianas. Más adelante, y después de ese reportaje de El Siglo recibimos una llamada internacional con el doctor Shannon, que era el jefe de Médicos del Mundo para el Caribe y América Latina, que tenía una organización en Martinica llamada la Asociación la Rouche. En esa entidad el director se interesó por el proyecto y en dos oportunidades 2004-2005, junto con la Unión Europea y el Fondo Europeo para el Desarrollo Regional en la Embajada de Francia, pudimos terminar ese edificio de tres niveles, 10 habitaciones, seis baños, una biblioteca, una cocina y un estar de estudiantes .

¿Y ese proyecto cómo sigue?
Oye, eso es un patrimonio cultural de la provincia Bahoruco y de la Zona Cañera. Eso no puede desaparecer mientras exista Juan Miso Yan, porque lo que yo hago socialmente, socialmente termina. No busco proyectos que no sean para ayudar a las personas, porque en nuestras provincias hay muchas necesidades.

¿Quiénes están ahí en el edificio?
Ahora mismo hay estudiantes hasta de las zonas cañeras de La Romana e Higuey y se han graduado algunos, porque el interés de nosotros es ayudar y cualquier estudiante que tenga una dificultad en la universidad, en cualquier que sea y me escribe o le escribe al presidente de la Asociación de Estudiantes, que también hicimos una Asociación de Estudiantes Universitarios e hicimos un bloque de Asociaciones de Estudiantes Universitarios de Bahoruco para consolidar la lucha, y pudimos lograr muchísimo apoyo con el Plan Social de la Presidencia; con el ahora Ministerio de la Juventud, es decir, que ahí vienen estudiantes de diferentes partes del país. Lo importante es que se conozcan las necesidades y podamos ayudar.

¿Cómo este esfuerzo ha impactado tu comunidad de origen?

Ha mejorado significativamente, porque desde el punto de vista de la educación, pienso que la esperanza de que un estudiante de los bateyes o de El Palmar, tenga un edificio gratis para vivir, ya es una esperanza para avanzar. Nosotros pusimos la primera piedra, los resultados han sido buenos, porque cuando un estudiante de la zona escucha que en la Capital hay facilidades de este local y terminó la secundaria, también quiere llegar. Después de esta iniciativa ya ha habido más de 30 estudiantes en la zona cañera graduados de profesores, médicos, abogados, ingenieros en sistemas, ingenieros civiles, agrónomos, eso ha sido un palo… y el 99 por ciento de estos, está trabajando.

¿Cómo mantienes el vínculo con tu gente del Batey?

Eso no se puede perder, cuando se pierde la esencia, se pierde la existencia. Un árbol que pierde su raíz no puede crecer. Recuerdo que cuando termina el edificio, empezó una lucha política para que la sindicatura de El Palmar y la Zona Cañera fuese manejada de otra manera y pudimos lograr, 10 años después, esa iniciativa. Me propusieron ser candidato a síndico faltando sólo 45 días para las elecciones y perdí por 35 votos. Yo sin dinero y no tenía ni una bicicleta. Luego, en el 2016, nosotros, como equipo, ganamos por 7 votos, pero una lucha cuerpo a cuerpo, y la iniciativa de esa lucha la tuvo Juan Miso Yan. Después que nosotros ganamos la lucha electoral en el 2016, ya los bateyes están asfaltados, tienen aceras y contenes, cosas que era una utopía. Nadie podía pensar que en los bateyes de la zona cañera habría asfalto. Cuando se nos presentó el proyecto no había recursos para hacerlo y el síndico y el Consejo de Regidores logramos diseñar un plan que la Liga Municipal Dominicana (LMD) nos felicitó, porque preguntaron de qué manera y con qué recursos pudimos hacerlo. Y lo hicimos y lo terminamos. El síndico siguiente ya ha podido hacer un boulevard en muchos bateyes. Es decir, que la iniciativa de nosotros hacer un edificio de estudiantes y proyectar a la juventud a mejorar y a entender que deben involucrarse en el desarrollo de las comunidades, ha ayudado bastante.

Hablas con tanto entusiasmo que pareciera que tú vives allá…

Es que no puedo perder esa esencia, yo creo que la Zona Cañera y El Palmar necesitan personas que piensen que sí se puede. Siempre se puede y yo creo que nosotros vamos en esa misma dirección.
Terminaron el edificio, viven estudiantes no solamente de la zona cañera, se han graduado muchos estudiantes, ¿qué sigue?

Lo que sigue ahora es ver cómo nosotros podemos dar otro paso en la Zona Cañera, para convertirla junto, con El Palmar, en tres distritos municipales y un municipio que podría ser el Palmar y el Batey Tres. Ese es el plan que tenemos ahora, pero tiene que ser como el rodar de una bicicleta, porque no son tan fáciles los cambios. Entonces mi proyecto va en camino a ver como nosotros podemos cambiar la imagen de los bateyes. Vamos a poner un ejemplo. Nosotros estamos construyendo un boulevard en Batey Cinco y lamentablemente el boulevard fue destruido hace dos años por el Consorcio Azucarero Central. Luego, mediante un acuerdo y después de haber roto el boulevard, quedaron en resarcir ese daño. Donaron un millón quinientos mil pesos a la comunidad de Batey Cinco para ver cómo pueden crear una mejor visibilidad de la comunidad. Pero aparece un capitán del Ejército Nacional que proclama que ahí no se hará nada, y ya ese es un problema, porque nadie podrá detener esa obra para la comunidad de Batey Cinco. Eso podría degenerar en una desgracia. Estamos buscando la manera de que la senadora Melanio Salvador, como la gobernadora Juana Mateo, puedan intervenir para evitar un baño de sangre, porque la comunidad no está dispuesta a permitir que se cree una visibilidad más amigable, más verde.
Entonces, mi sueño es que la Zona Cañera también pueda tener la oportunidad, que los hijos de nosotros puedan tener un mañana mejor, de que la miseria mental, que por décadas hemos tenido en la Zona Cañera, pueda desaparecer y que los muchachos de los bateyes tengan derecho a decir que son ingenieros, maestros, abogados y que mañana sus hijos puedan decir vale la pena vivir en esta comunidad. De manera personal ya yo soy médico, estoy trabajando en el Sistema Nacional de Emergencia 911, ya hay un progreso por esa parte. Tenemos también un ingeniero trabajando en el Ministerio de Obras Públicas, un médico de Batey 6 es el director de área de la provincia Bahoruco, que salió del edificio de los estudiantes, otro médico de Batey 6 trabaja en Obras Públicas en el área de asistencia, llamado Wandy Féliz. Es decir, que yo siento que nos ha ido bien

Y los proyectos de ustedes en sentido general

También nos ha ido bien, porque tenemos contacto con el gobierno de Martinica, que nos apoya en diferentes proyectos. Hicimos intercambio cultural durante cinco años y hemos llevado de manera gratis a Martinica a más de 100 estudiantes en intercambio cultural, es decir, que tanto la Embajada de Francia, como la asociación la Rouche, como el Ayuntamiento de Martinica, el Consejo General de Martinica, que son los dos gobiernos que habían, que ahora los han unificado, nos han apoyado, para permitir que los estudiantes de los bateyes puedan ver que el mundo no es todo como los bateyes. El doctor Shannon me dijo en el 1996 te voy a llevar a Martinica para que veas cómo vive la gente de manera digna, y a partir de ahí, como he dicho anteriormente, nosotros hemos hecho intercambio cultural con más de 100 estudiantes.

¿Qué viste en Martinica?
La gente vive con dignidad, porque en Martinica un trabajador normal tiene como sueldo mínimo 1,500 euros y nosotros vimos en el primer viaje que hicimos en el 2006 con el primer grupo de estudiantes, que un jardinero tenía una Camioneta Hilux y vimos, con nuestro propios ojos, que los coqueros vendían coco en vehículos de cuatro ruedas. Lo que me dijo el doctor era una realidad, y el agua de la calle de Martinica tú puedes abrir cualquier llave y tomarla, es un agua limpia, potable.
Me dijiste que trabajas en el 911, que tú haces ahí

Soy médico regulador, también traduzco, cuando hay una persona que no habla el español, que solamente habla inglés, creole o francés, yo intervengo para ayudar al sistema a traducir la necesidad que la persona tiene. Muchos de ellos se sienten satisfechos cuando encuentran un médico que los entiende, que hay una persona que puede entender, conversar con ellos sobre su urgencia. A veces llaman y por pensar que no hay alguien que le pueda entender su idioma cierran el teléfono y yo tengo que volverle a llamar y hablarle en creole o inglés o francés y ahí es que se pueden expresar francamente. Es una experiencia bastante interesante para el sistema 911 y yo creo que se está haciendo una labor encomiable.

¿Algún mensaje para tu gente?

Lo puedo decir en dos direcciones, primeramente, a los padres, que piensen en la educación de sus hijos, que les den prioridad a esto, que no permitan que la pobreza económica le llegue a la pobreza mental. Tienen que lograr superar eso y yo voy siempre a poner un ejemplo de mí. Yo caminé de Batey Uno a Batey 3 y a El Palmar a pie todos los días para ir a la escuela y nunca me cansé.Me enseñaron que eso era un deber. Segundo, cuando yo paso al liceo secundario en Tamayo, iba de Batey Uno a Tamayo por el muro del Regolón Grande, a pie y no esperaba bola, día por día. Te hablo de más o menos 10 kilómetros. Yo era el único estudiante, y no tenía compañeros, y nunca perdí un día de clase. Cuando la Fundación Médicos del Mundo mandó a hacer una evaluación de manera privada, para ver cuál era el mejor estudiante del liceo de Tamayo para darle una beca de 40 dólares mensuales, yo fui el primer estudiante elegido. Fue a partir de ahí que conocí a Médicos del Mundo y al doctor Alfredo Mondela que era representante en esa época. Entonces yo fui el mejor estudiante de liceo, según lo que ellos analizaron, y me dieron 40 dólares mensuales para yo continuar con mis estudios. Cuando viene el representante de Médicos del Mundo para República Dominicana lo llevan a mi casa… se admiró de mi persona, y dijo: "ese es mi hijo". A partir de ahí he trabajado con ellos y he viajado a Francia y Martinica para yo crecer más. Ahora puedo darle el mensaje a la juventud que se prepare, que no piensen en la droga, en el reguetón, que se preparen académicamente y que hay oportunidades para todos. Que tenemos estabilidad económica y social, tenemos universidad a la par para que podamos avanzar, es decir, que no permitamos que el lugar ni nadie, nos impida avanzar y crecer profesionalmente.

Muchas gracias.

Lito Santana

Lito Santana

Nació en Tamayo. Locutor y periodista. Ha trabajado en distintos medios de comunicación. Aboga por la participación de todos los sectores en la solución de las dificultades por la que atrevieza el País.

One thought on “Juan Miso Yan: "Nuestra juventud no puede permitir que su pobreza económica se convierta en pobreza mental"

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    diciembre 21, 2022 at 11:15 pm
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    Juan se que eres un gran hombre con un corazón limpio, c que tu no vas detener, you can continue brother 🤝🤝🤝🤝🫂

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