Por Octavio Santos
La audiencia del caso Jet Set del 18 de noviembre permitió observar con mayor claridad dos líneas que comienzan a definir el debate probatorio: mientras el Ministerio Público intenta demostrar que los problemas físicos del establecimiento eran conocidos y discutidos antes del colapso, la defensa procura delimitar qué pueden afirmar realmente los peritos a partir de los teléfonos, mensajes, fotografías y publicaciones que analizaron.
Durante la jornada declararon al menos dos especialistas vinculados al análisis de evidencia digital: Eddie Ogando Lorenzo y Oraido Benjamín Rodríguez Ramírez.
Ogando continuó una declaración iniciada en una audiencia anterior. Su participación estuvo concentrada en la reproducción y explicación de información contenida en la prueba pericial 0482-2025, que incluye mensajes, audios, fotografías y otros archivos obtenidos de un dispositivo telefónico.
El Ministerio Público llevó al perito directamente a páginas específicas de su informe y comenzó a reconstruir una secuencia de comunicaciones ocurridas pocos días antes del desplome de la discoteca.
Uno de los números examinados fue el 809-838-5036, identificado durante el interrogatorio como perteneciente a Gregory o Gregorio Arias.
A partir de las comunicaciones del 28 de marzo de 2025 aparecen referencias reiteradas a filtraciones y entradas de agua en diferentes zonas del establecimiento.
En una de las notas de voz reproducidas durante la audiencia se advierte que estaba "cayendo agua de la lluvia" por varios puntos y se solicita que alguien acuda al lugar para observar la situación.
Horas después, otro mensaje dirigido a Manuel señala que trabajadores estaban reparando "lo del plafón", pero que continuaba cayendo una cantidad considerable de agua. En esa conversación se plantea incluso la posibilidad de colocar una lona como solución provisional.
Otro mensaje indica que continuaba entrando agua frente a la pista.
La secuencia adquiere especial relevancia cuando en una nota de voz se menciona la necesidad de hablar con "don Antonio" (Espaillat) para resolver definitivamente uno de los problemas que estaban siendo discutidos.
En otra comunicación se explica que José Luis había barrido la parte superior, pero que el agua continuaba entrando y seguiría cayendo durante la noche.
Tres días después, el 31 de marzo de 2025, aparece otro mensaje: "Al frente de VIP sigue cayendo agua".
El interrogatorio del Ministerio Público no se limitó al contenido de las conversaciones.
Los fiscales pidieron al perito establecer quién enviaba cada mensaje, hacia qué número era remitido, la fecha y la hora registradas, así como la ubicación de fotografías dentro del dispositivo analizado.
Posteriormente se proyectaron imágenes contenidas en varias páginas del informe pericial y se solicitaron acercamientos sobre determinadas zonas.
El propósito que se desprende de esa línea de preguntas es documentar que los problemas no aparecen únicamente como una interpretación posterior al colapso. La acusación busca construir una cronología mediante comunicaciones y fotografías fechadas que permitan determinar qué problemas estaban siendo reportados, quiénes participaban en las conversaciones y desde cuándo.
Sin embargo, el alcance de la evidencia digital adquirió una dimensión más clara con el segundo perito presentado durante la audiencia.
Oraido Benjamín Rodríguez Ramírez se identificó como agente de investigación, perito y analista forense informático.
Declaró tener unos 14 años de experiencia entre sus funciones como perito y agente y afirmó haber recibido capacitación en investigación e informática por parte del FBI.
Rodríguez explicó que realizó tres informes relacionados con el caso Jet Set.
Uno se basó en información previamente extraída de un dispositivo y recopilada en el informe 0482-2025 de Eddie Ogando. Otro correspondió a una investigación en fuentes abiertas, redes sociales y motores de búsqueda. El tercero estuvo concentrado específicamente en Instagram.
Uno de esos trabajos fue identificado durante la audiencia como el informe UIC-C1-2025-0017, fechado el 5 de noviembre de 2025 y presentado como prueba B13.
Según explicó, el Ministerio Público le solicitó localizar imágenes relacionadas con remodelaciones y trabajos vinculados al techo de Jet Set.
Para realizar ese análisis utilizó material previamente obtenido del informe de Ogando Lorenzo.
Rodríguez identificó el dispositivo de origen como un Samsung azul, con IMEI 354432550810888, relacionado con Manuel Jiménez Mateo.
El perito explicó que las fotografías poseían identificadores únicos y que utilizó esos nombres para localizarlas dentro del repositorio digital y verificar que correspondían con las registradas en el informe original.
Ese detalle posteriormente resultó importante durante el interrogatorio de la defensa.
El segundo informe de Rodríguez, identificado como UICC1-2025-0013 y fechado el 30 de mayo de 2025, amplió la investigación fuera del teléfono.
El perito dijo que realizó búsquedas en redes sociales y fuentes abiertas relacionadas con Jet Set y con el desplome del techo.
Entre los resultados mencionó publicaciones de Facebook del 23 de diciembre de 2024 en las que se hablaba de filtraciones en el techo del establecimiento.
También señaló haber localizado una publicación de TikTok en la que una joven relataba una situación ocurrida durante una visita al club.
El tercer informe estaba relacionado con búsquedas en Instagram, aunque en el segmento de la audiencia analizado no llegó a exponerse completamente su contenido.
El Ministerio Público posteriormente concentró las preguntas en otro punto: las comunicaciones entre Manuel Jiménez y Antonio Espaillat.
Rodríguez declaró que uno de sus informes tenía como objetivo identificar y analizar una conversación de WhatsApp entre ambos.
La conversación examinada comenzaba el 27 de julio de 2024 y se extendía hasta el 7 de abril de 2025.
El perito explicó que para identificarla buscó dentro de la extracción el número correspondiente a Manuel Jiménez, propietario del dispositivo, y posteriormente localizó el número asociado a Antonio Espaillat.
Rodríguez afirmó que revisó audios, videos, fotografías y mensajes.
Según su declaración, encontró al menos 30 fechas en las que se discutían problemas relacionados con la planta física del Jet Set.
Mencionó filtraciones, problemas con el aire acondicionado, plafones y alfombras empapadas de agua.
Cuando el Ministerio Público le preguntó quiénes participaban en la conversación, el perito señaló a Manuel Jiménez como propietario del teléfono y a Antonio Espaillat como el otro usuario identificado en el diálogo.
Ese bloque permite observar con mayor precisión qué busca probar la acusación.
El Ministerio Público intenta conectar tres elementos: la existencia previa de problemas físicos, la reiteración de esos problemas en distintos momentos y la participación de personas vinculadas a la administración del establecimiento en conversaciones donde esas situaciones eran tratadas.
Pero la defensa comenzó inmediatamente a cuestionar un punto diferente: hasta dónde puede llegar el perito con esas conclusiones.
Una de las primeras preguntas intentó establecer que Rodríguez había realizado personalmente la extracción del teléfono de Manuel Jiménez.
La respuesta fue negativa.
"No", contestó el perito.
La pregunta provocó una discusión entre las partes. El Ministerio Público sostuvo que la formulación era capciosa porque Rodríguez nunca había declarado haber realizado la extracción.
Cuando la pregunta fue reformulada, el perito precisó:
"No, yo hice un análisis de extracción".
La diferencia no es únicamente semántica.
Rodríguez estaba estableciendo que no obtuvo directamente la información del teléfono. Analizó material que había sido extraído previamente por Eddie Ogando y que posteriormente llegó a su departamento.
La defensa también preguntó quién había remitido ese material.
Rodríguez respondió que, conforme a la comunicación recibida, procedía del magistrado Wilson Camacho.
Luego le preguntaron si existía autorización judicial.
El perito respondió afirmativamente.
Después el interrogatorio cambió hacia el contenido de sus hallazgos.
La defensa le preguntó si había encontrado problemas de filtraciones.
Rodríguez dijo que eso era lo que había observado en imágenes, audios y videos.
Le preguntaron por los plafones.
Respondió que sí.
Le preguntaron por el aire acondicionado.
También respondió afirmativamente.
Entonces llegó una de las preguntas que mejor resume la estrategia defensiva:
"¿Solamente eso, no es verdad?"
El tribunal obligó a reformularla.
La defensa preguntó entonces si había revisado algún otro elemento.
La respuesta del perito fue: "¿Cómo qué?"
El intercambio quedó interrumpido por intervenciones del tribunal y de las partes.
Lo que se observa detrás de esas preguntas es una diferencia importante sobre el valor que debe asignarse a la evidencia.
El Ministerio Público procura utilizar los mensajes, fotografías y publicaciones como evidencia de que existían problemas físicos y que estos eran conocidos y discutidos antes del colapso.
La defensa, en cambio, intenta separar la existencia de esas comunicaciones de las conclusiones que puedan derivarse de ellas.
Su interrogatorio busca establecer quién obtuvo originalmente los datos, quién simplemente los analizó después y qué puede afirmar técnicamente cada perito.
También intenta delimitar si lo encontrado demuestra únicamente la existencia de filtraciones, plafones dañados o problemas de climatización, o si permite establecer algo adicional sobre el comportamiento estructural del edificio.
Ese punto resulta relevante porque los peritos cuestionados en esta audiencia son especialistas en evidencia informática y análisis de información.
Eddie Ogando puede explicar cómo aparecen los mensajes, fotografías y archivos dentro de una extracción digital.
Oraido Rodríguez puede organizar esa información, identificar conversaciones, buscar imágenes y complementar el análisis mediante redes sociales y fuentes abiertas.
Pero en los fragmentos examinados ninguno ofrece una conclusión de ingeniería sobre la causa del colapso.
Tampoco establecen, por sí mismos, que una filtración determinada provocó el fallo de la estructura.
La importancia de sus declaraciones está en otro lugar: ayudan a reconstruir qué información existía antes del 8 de abril de 2025, qué problemas se mencionaban, cuándo comenzaron a aparecer y quiénes estaban involucrados en determinadas conversaciones.
A partir de ahí, el Ministerio Público intenta utilizar esa cronología para sustentar su teoría sobre el conocimiento previo de las condiciones del establecimiento.
La defensa intenta evitar que esa evidencia digital sea interpretada más allá de lo que técnicamente puede demostrar.
Por eso la discusión de esta audiencia no fue solamente sobre si en Jet Set entraba agua.
El debate fue también sobre qué significa jurídicamente que existieran esos mensajes, quién conocía exactamente cada situación y hasta dónde pueden utilizarse las conversaciones y fotografías como prueba de responsabilidad.
Esa diferencia probablemente seguirá siendo uno de los ejes del juicio: una cosa es demostrar que existían filtraciones, reparaciones y problemas recurrentes; otra será establecer qué conocía cada imputado sobre la condición real de la estructura y qué obligaciones y responsabilidades concretas surgían de ese conocimiento.




