Hay que potenciar la agroindustria

Las características de nuestra media isla la hacen ideal para la agricultura. Los grandes valles y llanuras, junto a una significativa cantidad de fuentes de agua han dado siempre la razón a quienes consideran que tenemos las condiciones para producir suficientes alimentos para cubrir las necesidades del país y, al mismo tiempo, ser una especie de granero del Caribe.
La fertilidad de la tierra y las condiciones ambientales que le acompañan han permitido a nuestros hombres del campo tener como resultado de su esfuerzo una gran diversidad de productos. Aún con las más precarias condiciones técnicas u obligados al ejercicio de la agricultura estacional, determinada por el calendario de las lluvias, en nuestros campos no falta la semilla que florece y se desarrolla frondosa para convertirse en frutos que van a nuestras mesas.
Las magníficas condiciones para la actividad agrícola se reflejan en las estadísticas de las crecientes exportaciones de sus frutos a todas las regiones del mundo, aún con las limitaciones técnicas y el alto costo de producción que prevalece.
Factores como el transporte y las importaciones de fertilizantes, la falta de sistemas de riego y los altos intereses del financiamiento, junto a la ausencia de esquemas de almacenamiento óptimos, son algunas de las variables que ralentizan su pleno despliegue, pero con una estrategia de nación, estoy seguro que esos obstáculos quedarán atrás.

Superados esos problemas, el potencial de expansión de los negocios hacia el exterior solo tiene de límites el cielo, puesto que son muchos los nichos de mercados en los que pudiéramos ingresar nuestros productos, siempre que hagamos las alianzas comerciales necesarias y encontremos soluciones creativas a los desafíos logísticos que implica abrir nuevas rutas de transporte y comercialización.

Otro tema abordar para sacar el jugo a la agricultura es unir nuestros esquemas productivos en el campo a procesos industriales que nos permitan eludir las pérdidas ocasionadas por la temporalidad de los mercados, al tiempo de generar respuestas a necesidades del país que consumen cuantiosas divisas, como es la compra de alimentos para consumo humano, para el ganado y las importaciones de fertilizantes.
Por ejemplo, deberíamos estar implementando la industrialización del aguacate. Podríamos producir aceite y productos cosméticos. Con las semillas y la cáscara podríamos producir abonos y alimentos para el ganado. Los españoles y los colombianos han avanzado bastante en estos temas, por lo que la tecnología no sería dificultad alguna.
Igual camino podríamos seguir con los bananos, mangos y muchas otras frutas tropicales, que cada año tenemos una significativa producción y que, en los casos en que son exportables en los meses del verano europeo no tienen mercado. Se podría producir pulpa para compotas y jugos, al tiempo que se aporte sostenibilidad a los productores.
La yuca y los plátanos también pudieran ser objeto de procesos agroindustriales, igual que muchos otros productos del campo. Aquellos que no sirvan para convertirse en conservas, como alimentos para las personas, podrían servir para transformarlos en alimentos para el ganado, ahorrándole al país cuantiosos recursos y generando riquezas y fuentes de trabajo.

Fidel Santana

Fidel Santana

Fidel Santana: Sociólogo y político con maestria en Metodología de investigación. Desde el año 2007 imparte docencia en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde también ha ocupado en diversas funciones de dirección en áreas administrativas. Entre los años 1999 y 2007 fue uno de los principales líderes y voceros de los movimientos sociales dominicanos. Es autor de los libros “Amín Abel: un gigante dormido” y “Resistencia y Colectivismo en los Convites Campesinos de San Cristóbal”. Fue Diputado Nacional en período 2016 al 2020, en cuyo órgano legislativo presidió la Comisión de Derechos Humanos, entre 2016 y 2020.

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