jueves, abril 25, 2024

¿Guido y Ramón en vocación autodestructiva?

Por Nelson Marte

La “conducta autodestructiva sin intención suicida”, refieren los expertos, trata de actuaciones que llevan al fracaso a individuos que se proponen logros profesionales y de otra categoría, pero que en los hechos actúan de manera contradictoria con lo que anuncian como objetivos.

En el quehacer político nacional hay una constante histórica de vocación autodestructiva, de las cuales comento algunas experiencias cercanas.  

Tras la muerte de José Francisco Peña Gómez quedó un profundo vacío de liderazgo fundamental en el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), aunque persistían otros liderazgos secundarios.

A uno de esos líderes secundarios tuve la oportunidad de reflexionarle sobre la forma de erigirse a corto y mediano plazos en el continuador, de otra forma, pero continuador, del fallecido líder.

En ese momento unos 6 dirigentes, incluyéndolo a él, aspiraban a la candidatura presidencial para las elecciones de 2012. Le dije: “-Mira, estimo que te ha llegado una oportunidad. Si te eriges en el garante del proceso convencional el partido te lo va a agradecer y puedes estar seguro de que luego serás recompensado”.

“-Nelson, me respondió, estoy harto de atajar para que otros enlacen. Tengo que mantener mi candidatura, y estoy convencido de que la puedo ganar”.

Se produjo la competencia y el proceso terminó en división del partido y en la paulatina extinción de lo fundamental del liderazgo que ese querido amigo había desarrollado.

En este momento, cuando los datos de la realidad, incluyendo las encuestas, indican que la mayoría del PRM y de los electores no afiliados a partidos políticos respaldan mayoritariamente la continuidad de las políticas de buena gobernanza del presidente Luis Abinader, los compañeros Guido Gómez Mazara y Ramón Alburquerque anuncian que se proponen aspirar a la candidatura presidencial por el partido oficial.

Si el Presidente decidiera optar por la repostulación esa aspiración estaría respaldada en el plebiscitario respaldo electoral con que cuenta, debido a la impresionante gestión de recuperación institucional que viene realizando, el saneamiento de la administración gubernamental, la extraordinaria capacidad de liderazgo y gerencia mostrados y reconocidos nacional e internacionalmente para sacar al país adelante y conducirnos a recuperar la economía y el turismo, frente a las adversidades causadas por la pandemia de Covid-19 y la guerra en Ucrania.

Quedan, claro, las rémoras y atrasos estructurales acumulados a lo largo de la historia de un país subdesarrollado, pero es Luis quien desde el ajusticiamiento de Trujillo ha empezado a sentar las bases para que de manera concertada y en paz social y política empecemos a superar esos atrasos y avanzar hacia el desarrollo.

El rigor a que obliga la responsabilidad social de la comunicación me manda a advertir que la solución de esos rezagos estructurales sólo se materializa a largo plazo, y a reiterar en ese sentido que fueron un gran retraso las dos décadas hundidas en corrupción, impunidad y descalabro institucional de los gobiernos de Leonel Fernández y Danilo Medina, una oportunidad perdida que Luis apenas empieza a recuperar.

El punto ahora es que sin oportunidad alguna para competir con Abinader, Alburquerque y Gómez Mazara caen en inútiles ejercicios políticos que devienen autodestructivos.

Pudiera ser que corran en procura de negociar espacios frente a Luis, o de sonar para el futuro,  pero deberían ponderar que, si alguno de esos fueran los propósitos, pudiera resultarles más cara la sal que el chivo.

Un veterano revolucionario como el pensador Fafa Taveras, los advierte que sólo podrían intentar avanzar haciéndole oposición pública a su partido y gobierno, resultando obvio que tal situación los llevaría a coincidir con los enemigos, y eso no se lo perdonarían nunca sus compañeros.

Collin Powell, a propósito de Guido y Ramón, debería servirles de ejemplo. Habiendo sido comandante en jefe de las Fuerzas Amadas y jefe del Departamento de Estado de Estados Unidos, y de erigirse en la figura más popular de los afroamericanos norteamericanos, antes de Barak Obama, se le sugirió que aprovechara su popularidad para candidatearse a la presidencia de EE. UU.

Tras observar que los números de las encuestas no le aseguraban que podía competir con honorabilidad y dignidad por la candidatura y luego por la presidencia de su país, optó por echarse dignamente a un lado.      

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