domingo, abril 21, 2024

Feos para la foto, ¡y peor para el video!

Por Nelson Marte
Roberto Rosario y Abel Martínez, preguntan al Presidente que si el dinero le rinde, por qué el gobierno está tomando préstamos, faltan empleos, y hay alto costo de la energía eléctrica y los combustibles.
Ambos son viejos políticos y veteranos manejadores de recursos públicos, por lo que no hablan plumas de burro por ignorantes de lo que es el Estado y las cuentas nacionales.
Tampoco se expresarán así porque padecen de amnesia de conveniencia, no dándose por enterados de que por décadas hemos tenido cuentas públicas deficitarias, y en el mundo y aquí soplaron vientos huracanados de recesión o parálisis económica, e inflación, en los últimos dos años y medio.
Como políticos del pasado que son, Rosario y Martínez siguen la narrativa política de sustituir la realidad por su conveniencia política y personal, que tanto criticó Juan Bosch.
Los especialistas sostienen que los países se ven obligados a endeudarse cuando lo que les ingresa por impuestos, donaciones, pago de servicios u otras entradas, es menor de lo que gastan, produciéndose lo que denominan un desbalance o déficit fiscal.
Hace rato que los gobiernos dominicanos se desenvuelven con lo que técnicamente se denomina presupuestos deficitarios, programados sin recursos suficientes para sufragar sus gastos, que se ven obligados a sustentar con endeudamiento.
En tiempos recientes, el principal referente de esos déficits fiscales lo encontramos en noviembre 2012, cuando el expresidente Leonel Fernández reconoció públicamente que había dejado un balance negativo de 156 mil millones de pesos
Su sucesor presidencial, también del PLD, dijo que había encontrado quebrado al Estado y que las cuentas públicas eran “un maletín lleno de facturas”, por pagar.
Ese cuadro de desequilibrio fiscal, esa bancarrota de las cuentas públicas, heredada de los gobiernos de Leonel, es lo que ha obligado al crecimiento del endeudamiento y a que la República Dominicana no haya podido disponer de mayores recursos para invertir en el desarrollo social y de infraestructura.
Quizás, es más, y sin quizás alguno, después de la larga estela de corrupción e impunidad, y el descalabro institucional, el peor de todos los males dejados por el PLD-Fuerza del Pueblo, a su paso por el poder, es la herencia tuberculosa para la economía y el desarrollo que es el desequilibro fiscal.
Desequilibrio que, como ha cuestionado en su artículo “Vacas flacas”, la empresaria Marisol Vicens Bello, no hicieron cuando se pudo, pero que estoy seguro corregirá el presidente Abinader cuando las circunstancias lo permitan.
A esos déficits estructurales encontrados por Abinader, se han agregado los adversos factores coyunturales provocados por los enormes gastos en el exitoso combate al COVID, el paro económico que provocó la pandemia.
Así también los subsidios a los más pobres, a las empresas y a los combustibles que mueven el transporte, la industria y la generación de energía eléctrica.
Pese a esos gastos e inversiones sociales que se elevan a cientos de millones de miles de pesos, el gobierno del presidente Abinader se ha mantenido mejorando y realizando importantes obras de infraestructura, y al mismo tiempo velando por mantener la estabilidad macroeconómica, social y política, de vital importancia para recuperar al país y continuar avanzando como ejemplo de gobernabilidad a nivel mundial.
Los señalamientos de esas dos destacadas figuras del pasado PLD-Fuerza del Pueblo los deja bien feos para la foto, pero peor para el video.

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